CAPITULO 4

1564 Words
Ya pasaban de las nueve de la mañana y yo seguía tirada en mi cama, lamentándome por haber bebido demás la noche anterior y sobre todo por mi actitud con Enzo. ¿Qué pensara de mi? Que ando coqueteando con todos los hombres sin conocerlos, golpee mi frente con la palma de mi mano y resignada a no poder cambiar el pasado Sali de mi comoda cama. Sintiéndome toda una chef, saque todo lo necesario para preparar mi desayuno, me encanta la sensación de independencia, poder realizar las cosas por mi misma, en casa, siempre tuve quien hiciera todo por mi, lo que en ocasiones me hacia sentir un tanto inútil. El recuerdo de mi padre vino a mi mente y con ello el motivo de mi viaje, estaba tan distraída coqueteando con Enzo y disfrutando del lugar que olvide el verdadero motivo de mi viaje, me preocupe al no saber como se encontraba mi padre, mis ojos se llenaron de lagrimas al imaginas que algo como lo que le sucedió al jefe de la mafia rusa le sucediera a mi papá, deje mi plato sobre la barra y fui a buscar mi teléfono, tenia que asegurarme de que estaba bien. — Hola Margo querida. – Respondió al segundo timbre. — Hola papá, ¿Cómo estas? Te extraño mucho. – Dije al borde del llanto. — Cariño, también te extraño, promete que vas a disfrutar este viaje, te amo. Con eso se despidió de mi, sin decir mas, lo extrañaba, no menti en eso, pero el motivo de mi llamada era para saber que estaba bien, quería escucharlo de su propia voz, escucharlo me tranquilizo, pero sabia que algo no andaba bien, se despidió con tanta prisa, no me felicito por mi cumpleaños, jamás ha olvidado un cumpleaños, no estoy molesta entiendo la situación por la que esta pasando y lo único que quiero es saber que todo estará bien. Unos segundos después de terminar la llamada con mi padre, Enzo ya estaba tocando a mi puerta. — Bonjour. – Salude con acento francés al abrir la puerta. — Señorita Margo, necesito que me entregue su celular, son ordenes de don Jacob. Mire el celular que aun sostenia en mis manos antes de entregárselo, lo tomo y enseguida loa lanzo con fuera al piso, convirtiéndolo en una rompecabezas. — Estaré afuera si me necesita. – Dijo sin darme tiempo de reacciones. Mire mi teléfono hecho pedazos, el que unos segundos antes sostenía en mis manos, levante los pedazos furiosa, con un humor de los mil demonios fui hasta el contenedor de basura y deposite los restos de mi celular para después irme directo a la tina. Después de mi relajante baño, mi animo estaba mucho mejor, por lo menos ahora no sentía ganas de asesinar a alguien, decidida a salir y a recibir una explicación de lo que había sucedido antes, abri la puerta de mi apartamento, ahí estaba Enzo, parado a un costado de mi puerta tal cual estatua, senti pena al verlo, al imaginar lo tedioso de su trabajo, tener que cuidar de mi día y noche, ignorando su propia vida, trague el nudo en mi garganta antes de poder decir algo. — Quiero conocer la ciudad. – Camine lento al ascensor para asegurarme de que siguiera mis pasos. — ¿A dónde desea ir? – Pregunto dentro del auto, mirándome a través del retrovisor. — Me encantaría conocer algún parque. Siguiendo mi indicación, arranco el auto y comenzó a conducir por la hermosa ciudad, consiente de que no tenia escapatoria me decidí a abordar el tema de mi celular. — Sabes, en realidad esto debería preguntárselo a mi padre, pero ya que fuiste tu quien rompió mi celular, quiera una explicación. – Dije sin perderlo de vista. — Solo sigo ordenes Señorita. – Respondió de manera automática, tal cual robot, como si tuviera esa respuesta programada para cualquier pregunta. — Lo se, es lo mismo que dijiste antes de estrellar mi teléfono contra el piso, ¿de que se trata? ¿ya no quiere saber mas de mi? — Señorita, no lo malentienda, el señor Jacob solo intenta protegerla, es por su seguridad que usted esta aquí y su teléfono la ponía en riesgo, aunque no lo parezca, una foto, una llamada, una compra, cualquier cosa podría delatar su paradero. Asenti con una sonrisa forzada, comenzaba a comprender lo grave de la situación, en realidad papá no olvido mi cumpleaños, no llamo para evitar que se rastreara la llamada, respondió cuando lo llame esta mañana por el cariño que me tiene, pero trato de no ponerme en riesgo hablando lo menos posible, lejos de casa, en un lugar desconocido, rodeada de personas desconocidas, el pánico comenzaba a apoderarse de mi. Creo que la preocupación se reflejo en mi rostro, escuche levente la voz de Enzo llamándome repetidas veces. — Señorita Margo, Señorita Margo. — Lo lamento, ¿Qué decías? — Si lo desea puedo contactar a don Jacob para que hable con el, si eso la tranquiliza un poco. — Gracias Enzo, esperare a que el se comunique, no quiero causarte problemas. Mire por la ventanilla el hermoso paisaje, no me di cuenta en que momento llegamos, no senti cuando el auto se detuvo, baje asombrada por el maravilloso lugar. — Es el jardín Tuileres, estamos mur cerca de Louvre, si lo desea podemor ir ahora mismo. — Talvez en otro momento, me gusta este lugar. – Dije tranquilamentre dejándome caer sobre el pasto recién podado y verde, respire el aire fresco que corría por mi rostro, había personas a mi alrededor, en las bancas o en el pasto igual que yo, niños jugando con sus padres, algunos dormidos tranquilamente, recargados sobre algún árbol, te envolví la tranquilidad y belleza del lugar. Tome mi bolso y saque un libro que estaba leyendo, “Pideme lo que quieras” una historia bastante interesante, romántica y divertida, llena de sexo, me acomode y abri el libro en la pagina que había dejado la ultima vez, lei unos cuantos renglones antes de cerrar el libro nuevamente. — Todos nos miran. – Dije levantando la mirada, con los ojos entrecerrados viendo directamente a Enzo, que estaba parado a un costado mio, con sus gafas de sol luciendo impresionante. — Es mi trabajo cuidar de usted señorita. — ¿ sabias que puedes cuidarme sentado? — Estar de pie me permite reaccionar mas rápido. — Bien entiendo, ya que estas en horario laboral y eso significa las 24 horas, te ordeno sentarte. Volteo a verme con media sonrisa en los labios para después sentarse junto a mi, con las rodillas dobladas, sonreí victoriosa. Después de algunas horas y muchas paginas de mi libro, vi a Enzo levantarse y posarse frente a mi ofreciéndome su mano. — Me temo que es tarde y tengo que llevarla de regreso a su departamento. – Dijo apenado, mientras me ayudaba a levantar. Tenia las piernas entumecidas por tantas horas sentada en el pasto. De camino a casa, se tomo el papel de guía turístico al pie de la letra, bajo la velocidad del auto y tomo el camino largo, mostrándome muchos lugares que seguramente visitaría un día de estos. Mi estomago gruño tan fuerte, tenia un hambre horrible, solo quería llegar y devorar todo en mi nevera, no pude evitar pensar en Enzo, cuida de mi día y noche, aun tiene que llegar y preparar su comida, si realmente lo pienso, jamás lo he visto comer, comienzo a plantearme la idea de que papá puso a un robot a cuidarme. Apenas llegamos fui directo a la nevera, saque todos los ingredientes, calenté la parrilla y prepare dos paninis con pechuga y vegetales, unos minutos después cuando todo estaba listo y segura de que si no comia ahora mismo me iba a desmayar fui a la puerta. — Enzo, ¿puedes pasar por favor?. – Dije asomando la cabeza. — Enseguida ¿en que le puedo ayudar? — Bueno es tarde y pensé que podrías acompañarme a comer. Antes de dejarme decir algo mas negó con la cabeza como siempre lo hacia y regreso a su posición. — Señorita, me encuentro trabajando. – Aclaro por enésima vez. - Siempre estas trabajando, solo te estoy invitando a comer, además estoy segura que cuidaras mejor de mi estando cerca. — Le agradezco, pero tendré que rechazar su invitación. Sin cerrar la puerta regrese a la mesa donde había dejado la comida, la coloque en una charola junto con dos jugos y Sali del apartamento. Sentada en el piso con la charola frente a mi, tome uno de los paninis, di un trago a mi jugo y comencé a comer ante la mirada incrédula de Enzo. — No me mires así, no quisiste entrar así que, tuve que improvisar ¿puedes acompañarme si lo deseas? No cocino tal mal, si eso es lo que te preocupa. – Dije con humor. Con la mirada relaja, se acomodo frente a mi, tomo la comida de la charola y le dio una gran mordida. — Lamento que mis dotes culinarios no pasen de paninis, en casa siempre había alguien que hiciera las cosas por mi. — Es perfecto, un picnic bajo techo. – Dijo relajado. No dejaba de pensar si todo lo que estaba haciendo se define como acoso laboral, con Remy no tenia este tipo de relación.
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