CAPITULO 3

2498 Words
Mientras tomaba una taza de café, aun en pijama y con el cabello revuelto, escuché el timbre de mi puerta sonar, fui directo ahí, no podía ser nadie más que Enzo, en este momento era la única persona en parís que conocía mi dirección. — Buenos días. – Salude al abrir la puerta. De inmediato vi su cara sonrojarse al verme vestida solo con mi diminuta pijama, se aclaro la garganta y prosiguió. — Señorita, buenos días, tengo ordenes de su padre de llevarla a comprar todo lo necesario para su estadía, me encargue personalmente de dejar algunas provisiones, pero me temo que solo fue lo básico. — Estaré lista en unos minutos. – Cerre la puerta y corri directo a mi habitación a cambiarme. Me frustre un poco al ver la ropa en mi maleta, es la ciudad de la moda y yo solo tengo ropa básica, me puse un vestido color lila de tirantes y unas sandalias cómodas, no quiero morir de cansancio durante mis compras, con mi bolso en mano Sali del departamento para toparme con Enzo parado junto a mi puerta. — Oh, aquí estas, bien, estoy lista. — ¿ A dónde quiere ir primero? – Pregunto una vez dentro del auto. — Creo que los mas coherente seria ir primero al centro comercial y después al super mercado. – dije emocionado de comenzar a conocer la ciudad. Con el rostro asomado por la ventanilla igual a un cachorrito, observe cada lugar por el que pasábamos, uno en particular llamo mi atención, u parecía ser un club nocturno, la idea de salir me emociono, después de todo hoy es mi cumpleaños y merezco festejarlo. Llegando al centro comercial, lo primero que hice fue buscar un hermoso vestido para salir esta noche, camine por los pasillos, entre las tiendas, todas de marcas famosas, hasta encontrar el vestido perfecto, un vestido n***o entallado de tirantes, con una cadena que caía a lo largo de la espalda descubierta, me enamore a primera vista, después de buscar unos tacones a juego, me dedique a comprar ropa para mi uso diario, no puedo estar en parís usando solo jean y tenis. Con las manos llenas de bolsas y Enzo cargando mas casi hasta con los dientes, salimos del centro comercial, emocionada por mis compras fuimos hasta el supermercado a comprar mi despensa. Con el carrito de compras por delante y Enzo caminando detrás de mi, buscaba la manera adecuada de abordar el tema de mi cumpleaños. — De camino al centro comercial vi un club. – Dije de manera natural. — Si por este lugar hay muchos, puedo recomendarle algunos. — Claro me encantaría, me preguntaba, si ¿podria ir sola esta noche? Casi de inmediato frunció el ceño y negó con la cabeza. — Imposible, mi deber es cuidar de usted, no puedo permitir que salga sola. — Enzo. – Dije con ojos tristes. – Solo serán unas horas y además, hoy es mi cumpleaños. Guardo silencio y retiro su mirada de mi, termine las compras sin cruzar palabra con el, se que le pido mucho es su trabajo y solo lo complico, pero vamos, necesito mi espacio, nadie va a un antro con guardaespaldas. De regreso al departamento se negó a dejarme ayudarlo a bajar las compras, típico macho, después de un par de vueltas, todas mis Compras estaban sobre la mesa de la cocina y otras en el sofa. — Estaré afuera, por si me necesita. – Se marcho, cerrando la puerta detrás de el. Me dispuse a acomodar todo lo que había comprado, comenzando por la cocina, después de un rato, todo estaba en su lugar, cansada y con mucha hambre decidí prepararme un bocadillo, un pan integral tostado con aguacate, jamón y queso, con un poco de jugo de naranja, bastante sencillo, pero no quería perder tiempo en cocinar, aun tenia que acomodar toda mi ropa y quería estar lista temprano para salir por la noche, por fin podría ser libre, claro, eso si logro convencer a Enzo. Después de terminar mi bocadillo, cargue con todas la bolsas que pude y fui directo a la habitación, comencé a quitar etiquetas y acomodar la ropa en su lugar, varias horas después y cinco viajes a la sala por mas y mas bolsas termine, me tire sobre la cama rendida de cansancio, pero el la idea de salir esta noche me reanimo, salte la cama de regreso al closet esta vez para sacar el vestido que usaría esta noche, lo tendí sobre la cama, junto a el acomode un juego de lencería de encaje n***o y al borde de la cama coloque los tacones mal altos que encontré. Llene la tina de agua tibia, coloque algunas esencias y con una botella de vino a un lado me dispuse a tomar un relajante baño, no se cuanto tiempo tenia dentro de la tina, la botella de vino ya estaba por debajo de la mitad, cuando escuche el timbre sonar. Abri la puerta, envuelta únicamente en una toalla, el agua aun escurría de mi cabello, por mi cuello, hasta mis pechos donde las gotas se perdían. — Señorita Margo, el señor Jacob llamo muy preocupado (eso quiere decir molesto) dijo haberla llamado en repetidas ocasiones pero usted no atendió el teléfono, ¿esta todo bien? – Dijo a prisa después de tragar saliva. — Estoy bien, como puedes ver estaba tomando una ducha, saldré esta noche ¿ lo recuerdas? Y ya que no quieres dejarme ir sola, tal vez podrías ser mi acompañante. – Dije coqueta mientras lo tomaba de la corbata. — Es mi deber acompañarla y asegurarme de que se encuentre bien. – Hablo con la mirada clavada en la pared, Podía notar los nervios en su rostro, la forma en que evitaba mirarme, aunque intentaba disimularlo, sin mas se dio la vuelta y se marcho. — ¿Margo que acabas de hacer? – Pregunte para mi misma. Definitivamente es vino estaba haciendo efecto en mi cuerpo, llenándome de valor, no puedo creer lo que hice, le acabo de coquetear a Enzo, ¿Qué es lo que me pasa? Aunque realmente cualquier chica heterosexual en su sano juicio hubiera Hecho lo mismo, Enzo es un hombre apuesto que llama la atención de cualquiera a su paso. Después de dejarle un mensaje de voz a papá, termine mi ducha y comencé con el proceso de transformación, peine mi cabello n***o y largo con una ondas suaves, me hice maquillaje ahumado, con un labial rojo intenso y como ultimo me puse el hermoso vestido, me vi obligada a no usar sostén, el escote era tan pronunciado que se veía a través de el, lista y encantada con mi aspecto, puse mis llaves y mi teléfono dentro de mi bolso y fui directo a la puerta lista para festejar mi cumple años número 22. abrí la puerta, caminando directo al ascensor, con Enzo detrás de mi, podía sentir su mirada recorriendo el escote en mi espalda. Cuando la puerta del ascensor se abrió en el lobby se apresuro a salir frente a mi, no se si para evitar verme o para abrir la puerta del edifico. Como todo un caballero abrió la puerta del auto para mi, ofreciéndome su mano para ayudarme a subir, su mirada se quedó clavada en mis piernas, que se descubrieron al sentarme. — ¿Todo bien Enzo? – Pregunte rompiendo su concentración. Se dio la vuelta en silencio al verse descubierto, rodeo el auto y subió para dar marcha. — ¿A dónde la llevo señorita? – Pregunto de manera profesional. — Llámame solo Margo, deja las formalidades. – Pedí amable. — Es mi trabajo señorita. Bueno este hombre no da su brazo a torcer nunca. — Bien, por favor, llévame al club que te mencione, el que esta de camino al centro comercial. Sonreí emocionada cuando el auto arranco rumbo al club. Unas cuadras antes de llegar, ya se podía observar una larga fila de autos, buscando un lugar disponible para aparcar, unas cuantas vueltas después y con mucha suerte encontramos un lugar disponible, de inmediato Enzo aparco en el, estábamos realmente cerca del club, solo era necesario cruzar la calle, a lo alto se podía ver el nombre “La Bellevilloise”. Apresurada baje del auto, sin esperar a que abriera mi puerta, soy perfectamente capaz de hacerlo sola, con un instinto protector se paro a mi lado para cruzar la calle que nos separaba del club, apenas puse un pie en la acera, me dirigí a la fila para entrar, sentí como me tomaron de la mano deteniendo mi andar, vi como Enzo sostenía mi mano con delicadeza, guiándome hasta la puerta del lugar sin formarnos en la fila, se detuvo frente al enorme tipo que custodiaba la entrada, detrás de un cordón rojo, después de hablar con el un par de segundos, vi como le entrego un gran fajo de billetes de manera algo discreta, pero no lo suficiente, inmediatamente retiro el cordon permitiéndonos pasar. Adentro del lugar la música inundo mis oídos, las luces se veían como una bomba de color que explotaba frente a mis ojos a cada instante. — Feliz cumple años. – Susurro en mi oído. Quede inmóvil, mientras un escalofrío recorría todo mi cuerpo, sonreí ante aquel hermoso gesto, cumplió mi deseo de cumpleaños ayudándome a entrar al club, esta claro que por mi cuenta no lo habría logrado. Fuimos directo a la barra, abriéndonos paso entre la gente, con una seña, llamo al barman quien se acerco inmediatamente. — ¿Qué desea tomar señorita?. – Pregunto en un grito para que pudiera escucharlo. — Cosmopolitan. — Un Cosmopolitan para la señorita y para mi un ruso blanco. — Interesante. – Dije refiriéndome a su elección de bebida. — ¿ lo conoces? — Alguna vez lo probe, bastante fuerte para mi gusto, no recuerdo mas después de eso. Varios Cosmopolitan después mi cuerpo había entrado en calor, lo suficiente para querer ir a la pista. — Quiero bailar, ¿vienes? – Dije levantándome de mi silla. Negó llevándose su bebida a los labios, aun continuaba bebido del mismo trago que pidió cuando llegamos, parece que solo se mojaba los labios, camine a la pista con pasos rítmicos comenzando a bailar antes de llegar, deje que mi cuerpo se contagiara con el ambiente, libere mis brazos y los movi sobre mi cabeza, removiendo mi cabello. Frente a mi se detuvo un hombre, sonriendo y con una bebida en la mano comenzó a bailar a mi ritmo, me permití disfrutar de la compañía masculina. — Salut ,ma Jolie (hola hermosa). – Saludo acercándose a mi rostro. — ¿disculpa? – pregunte confundida, no tanto por el idioma, conocía el francés a la perfección, pero su forma de hablar demostraba lo ebrio que estaba. — Hola. – Logro decir, como si se tratara de un trabalenguas. Le respondi únicamente con una sonrisa, consiente de que en su estado no podríamos tener una charla, continue bailando, mientras intentaba inútilmente alejarme de él, en un segundo vi como se abalanzó sobre mi rostro intentando besarme, detuve mi baile molesta, dispuesta a retirarme cuando nuevamente se acerco a mi, tomando mis manos a la fuerza, casi inmediatamente apareció Enzo empujándolo por el pecho lejos de mi, el hombre furioso comenzó a escupir insultos en francés . — Vámonos de aquí. – Dijo ignorando al ebrio a sus espaldas. Asentí encanta con la idea de alejarme de aquel hombre, nos giramos hacia la salida cuando en un parpadeo el hombre estampo su puño en el rostro de Enzo provocando una herida en su labio, con una sonrisa malvada y los ojos llenos de ira, lo miro fijamente, aquel hombre parecía estar viendo directo a la muerte, su rostro palideció ante la expresión de Enzo, quien de un golpe lo derribo, colocando sobre el mientras golpeaba su rostro una y otra vez, el hombre ya no era capaz de cubrir su rostro, estaba inmóvil en el piso del lugar, con todos observando el show que les proporcionaban. — Por favor, dejalo, llévame a casa. – Dije tocando su espalda, aterrada por lo que sucedía. Como todo un militar recibiendo una orden, al sonido de mis palabras se despego del cuerpo de que hombre, tomo mi mano y con prisa me saco de aquel lugar, llevándome hasta el auto. Abrió la puerta del auto para ayudarme a subir, negué con la cabeza, colocando ambas manos en mi cintura. — Dejame limpiar tu herida. — No es nada. – Respondió quitándole importancia a la sangre en su rostro y manos. Decidida a no moverme de aquel lugar, me cruce de brazos parada junto al auto, una pequeña sonrisa de derrota se formo en su rostro, subió al auto y se sentó viendo hacia afuera, me apresure a buscar un pañuelo dentro de mi bolso y lo humedecí con un poco de agua que encontré el parte delante, probablemente era de él. Comencé por limpiar sus manos, tenia los nudillos llenos de sangre y no estaba segura si era de el o del tipo en el club, con cuidado me acerqué acomodándome entre sus piernas, doble el pañuelo y comencé a limpiar la herida en su labio con mucho cuidado, no había ninguna expresión en su rostro, no se quejaba, parecía no sentir dolor, al terminar, el pañuelo blanco estaba lleno de manchas de sangre, sus manos solo tenían algunos rasguños y su labio una herida pequeña. — Gracias. Susurro con la mirada perdida en otro lugar, evitando ver mi rostro. — Todos necesitamos que nos cuiden de vez en cuando. ¿eso es una sonrisa?. – Pregunte al ver como su rostro se relajaba. Se encogió de hombros y bajo del auto, podía ver que estaba apenado, claramente no esta acostumbrado a que alguien cuide de él, su trabajo era cuidarme y ahora yo lo había hecho por él, aunque solo haya limpiado un poco de sangre. Las puertas del elevador se abrieron, eran pasadas las doce de la noche, mientras caminaba a mi habitación con urgencia por quitarme los tacones, resbale, las copas y mis tacones super altos, aunque fabulosos estaban cobrando factura, con unos reflejos sobrehumanos, Enzo me sostuvo antes de caer, evitando que me golpeara contra el piso, su mano toco directamente mi piel, su rostro estaba a escasos centímetros del mio, nuestras respiraciones mezclandose, uno a uno los vellos de mi piel se erizaron. Después de ayudarme a incorporarme, se aclaro la garganta y nuevamente apareció en el esa expresión seria, caminamos cada quien a nuestro departamento, sin decir nada, sin voltear a vernos. Lance los zapatos en el instante que abrí la puerta, camine a mi habitación mientras desabrochaba mi vestido, quedo tirado a mitad del camino, tendida sobre la cama no pude evitar sonreír al recordar a Enzo sosteniéndome en sus fuertes manos. Me obligue a alejar esos pensamientos de mi mente, apenas tenemos unas horas de conocernos.
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