El interior del bosque II

1011 Words
“¿Sabes? De todas formas tengo un libro nuevo, cuando te canses de hacer caos y problemas puedes pedírmelo y con gusto te lo puedo prestar…” quiso decirle a Bastián con ánimos de contarle alguna cosa novedosa o salido de lo cotidiano, hasta que notó la presencia de Lucía que también estuvo presente el día que halló el libro y a la cual no le había dicho nada hasta el momento. Creyó que no sería adecuado y además podría decepcionarla aún más sumado a todos los incidentes que ha tenido últimamente. Trató de dejar de lado sus pensamientos y siguió caminando ahora en unos zapatos limpios—que le tallaban igualmente— dirigiéndose al interior del asilo, dándole la espalda al ocaso que se teñía de tonos azules y anaranjados.   Violeta terminó de realizar su castigó llena de barro, por lo que fue al baño del primer piso y se dispuso a darse un baño. Entró al cuarto y le puso seguro a la puerta. Se quitó su vestido blanco después de haber abierto la llave para llenar la tina. El baño era absolutamente blanco, por lo que el barro seco, ahora convertido en tierra, saltaba a la vista cuando se desprendía del cuerpo de Violeta.   Ningún lugar en toda la casa tenía ni un espejo, por lo que Violeta no conseguía ver su delgado y contorneado cuerpo pálido, como tampoco sus caderas y pequeños senos, de manera integral pegado a su cabeza. Solía asomarse a la tina cuando estaba llena para reflejarse en el agua limpia. Apenas podía distinguir sus ojos azules y facciones delicadas como pequeña nariz puntiaguda y delgados labios.   Sabía que su cabello era rubio y llegaba hasta más debajo de sus hombros. Tampoco podía usar objetos corto punzante como tijeras, así que el cabello que le caía sobre la frente era un corte que le hacía periódicamente Lucía, inspirado en Alice Lidell, personaje original de Alicia en el país de las maravillas, un libro que Violeta había leído hasta memorizar.   Se reflejó en el agua arrodillada al lado de la bañera. Vio un rostro sucio difícil de distinguir y movió el agua con su mano, distorsionando el reflejo a la vez que disolvía barro de su mano en el agua. Se sumergió en ella y terminó de retirar todo el fango imaginando que estaba en un rio en Tanba.  Imaginó cómo sería si pudiera acompañar a Esther a hacer compras en el mercado de Ariza, o mejor aún hacer las compras ella sola, aunque era un escenario demasiado ficticio.   En la tarde cuando Lucía la había atrapado saliendo del bosque, había recibido un regaño muy severo sumado a un largo interrogatorio acerca de su visita al bosque. — ¿Por qué entraron al bosque sin avisar primero? Debiste decirme sobre la situación Violeta.  — No ocurrió nada malo señorita, no quería molestarla por algo mínimo. — Esto no fue mínimo, rompiste una regla muy importante. ¿Cuánto tiempo estuvieron allí?  — Sólo unos minutos, 10 quizás. — ¿Hasta qué punto llegaron? ¿Qué vieron? — Parecía ser un listado de preguntas exagerado sólo para haber estado entre un montón de árboles indefensos, eso pensaba Violeta. — Sólo caminamos unos metros hasta encontrar el cubo — Mintió mientras mantenía la mirada baja. — ¿Cuántos son algunos metros? — Parecía que Lucía le sobreprotegía o parecía que ocultaba algo por el nerviosismo con el que le hacía las preguntas. — Sólo dos o tres metros — afirmó Bastián evitando que Violeta pudiera meter las patas al no saber decir mentiras.   Aunque la realidad era que Violeta estaba a muy poco de decir la verdad con ánimos de interrogar de igual manera a su cuidadora, que por primera vez en el tiempo que llevaba de conocerla, parecía tener una preocupación real hacia un error que Violeta había cometido. ¿Era tan grave o irreparable lo que Violeta había hecho? Eso se preguntaba.   —De todas formas, Bastián y yo hemos tenido mucha suerte el día de hoy. De no haber sido por Lucía, habríamos… — metida en la tina, se quedó pensando en el momento en que escuchó a Lucía—, ¡habríamos visto el otro lado del bosque!   Cerró los ojos e imaginó todo tipo de ciudades. Estaba segura que algún día iba a superar su enfermedad y ver el mundo real. ¿O ya lo habría hecho? ¿Cuántas veces habría tenido recaídas y no lo recordaba? ¿Cuántas veces habrá probado esa tan anhelada libertad? Hasta el momento no creía haber olvidado hechos realmente relevantes sobre su vida durante sus 4 años de tratamiento. Quizás datos o información general, pero no experiencias y esa era la razón por la cual no olvidaba lo que leía en libros, porque le regalaban una experiencia cercana a la libertad.   Se recostó tratando de recordar su pasado. Las enfermeras le decían que saber sobre su pasado podría representar un retroceso en su tratamiento y después de muchos regaños, dejó de preguntar.  Antes hace algunos años era una niña más activa, habladora y juguetona. Ahora después de tantos regaños, dejaba esa personalidad para sí misma en la intimidad de su habitación o la biblioteca, que se había convertido en su escondite, ya que en el día se le prohibía a los internos estar en su habitación, salvo casos contados.    Trató de imaginar el lugar donde vivía, las cosas que le gustaba hacer, su persona favorita y aunque no recordó nada, pensó que no podría ser muy alejado de lo que siempre ha sido, aunque no se lo permitieran. Tenía un corazón lleno de dudas, buscaba respuestas que parecían difíciles de conseguir o quizás no tanto. Salió de la tina y se puso una muda limpia, una camisa y falda blanca hasta las rodillas y agarró su cabello hasta arriba.   Cuando estaba a punto de salir del baño, encontró una nota bajo la puerta que decía: "Te espero después de la cena en la entrada a la zona exterior ¡hay que volver al interior del bosque!"
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