El interior del bosque I

1306 Words
Bastián iba delante pero fue disminuyendo la velocidad con la que corría a medida que se adentraba en el oscuro bosque donde apenas lograban colarse algunos rayos de sol.  Violeta logró alcanzarlo en ese momento y también empezó a caminar lento mientras observaba detenidamente todo el bosque.   No lucía como un lugar descuidado lleno de maleza o difícil de transitar, al contrario casi se podía respirar el aroma a hierba recién cortada. Tampoco era un lugar aterrador sino tranquilo y de un silencio diferente, eran unos sonidos de fondo que formaban una melodía natural, donde los miembros de la orquesta eran los habitantes de aquel ambiente.   Parecía que el tiempo quería detenerse mientras andaban lentamente sobre un sendero bien marcado, sin embargo Violeta sentía miedo en algún lugar de su interior. Quizá por estar en un lugar que se suponía era prohibido, aunque para tener esa connotación, ella imaginaba un lugar más peligroso. Quizás el miedo que sentía era más por lo que imaginaba que podía ocurrir cuando salieran del bosque, que dentro del mismo.   Caminaba detrás de Bastián con sus manos puestas sobre los hombros de él, usándole como escudo, aunque cada vez era más difícil seguirle el paso pues se adentraba cada vez más temerario y acelerado, además ya le estaban tallando los zapatos llenos de barro.  Tenía una mezcla de emociones entre querer explorar y salir de ahí lo más pronto posible y la segunda era la que estaba ganando.   —Salgamos de aquí —le dijo susurrando, como si alguien pudiera oírle. Parece que Bastián disfrutaba estar allí y quería seguir explorando, tanto que ya habían olvidado la razón por la cual estaban allí. Pero viendo la expresión preocupada en el rostro de Violeta, hizo una expresión de compasión y suspiró diciendo —Busquemos el cubo rápido. — Oh sí, es verdad —mostrando que ella también lo había olvidado.   Soltó los hombros de su acompañante y empezaron a buscar a los alrededores de aquel sendero por el que probablemente había rodado, pues los árboles alrededor, con sus troncos muy cerca unos de otros, no permitían salirse del camino fácilmente incluso para ellos. De todas formas Violeta no estaba interesada en explorar tanto como Bastián y en realidad fue él quien lideró la búsqueda todo el tiempo.   Después de caminar un a través del sendero, se empezó a colar cada vez más luz hasta llegar a un lugar más despojado de árboles y donde entraba en pleno, el sol del mediodía. — ¡Allí está! —Corriendo hacia el cubo animada. Se pararon frente al cubo y miraron hacia arriba inspeccionando sobre lo que estaba recostado. Parecía un muro cubierto de plantas colgantes enredadas, pero éstas se movían como una cortina frente una ventana abierta y desde atrás venía una brisa.   Cuando estaban por poner sus manos sobre aquel muro cubierto, Violeta escuchó una voz a lo lejos que como ya era costumbre, gritaba su nombre. Ella tomó la mano de Bastián que estaba por tocar la estructura vegetal y le hizo una señal de silencio seguida de una para que escuchara a lo lejos. Entrecerraron los ojos mirando fijamente el cubo, para agudizar su audición hasta que se volvió a oír la voz que llamaba.   — ¡Esther! —Dijeron al unísono mirándose con angustia. Tomaron el cubo cada uno de un extremo y empezaron a correr aterrados a través del sendero. —Es tu culpa —le dice Violeta con voz agitada. —Eso no nos ayuda mucho ahora. Tenemos que escabullirnos por el bosque. —No, podemos perdernos — y soltó el cubo para continuar corriendo por el sendero. Pero al ver que su compañero se alejaba, decidió seguirlo haciendo una expresión de resignación, pero los zapatos le tallaban así que cada vez era más difícil correr. Cuando lo alcanzó, le puso la mano en el hombro y lo hizo frenar al escuchar un poco más de cerca la voz que le llamaba. Sintió una sensación fresca en todo su cuerpo y su rostro se iluminó de esperanza.   —Es Lucía, regresemos al sendero. — ¿Estás loca? ¡Ve tú sola! —Para empezar, tú me metiste en este problema, te prohíbo que me dejes sola —y se fue sola de regreso al sendero.   Finalmente se quitó los zapatos y sus pies que estaban parcialmente limpios, ahora estaban expuestos a la tierra húmeda, que ya había absorbido el agua del incidente, debido al fuerte sol que hacía. Salió del bosque cubierta de lodo seco y con los zapatos en la mano mirando hacia el suelo a la expectativa de las palabras de su cuidadora.   — ¿Qué estabas haciendo allá Violeta?  —Le dice Lucía escandalizada por el aspecto que trae la joven—.  Estaba muy preocupada sobre qué ye había pasado, ¿cómo llegó la ropa hasta la colina, por qué están embarrada y que hacías en el bosque? —hizo muchas preguntas apenas respirando, Violeta hubiera notado su expresión desesperada si hubiera sido capaz de mirarla a los ojos.   —Señorita… —trataba de encontrar las palabras adecuadas para no decepcionarla. —Es mi culpa —dice Bastián saliendo de entre los árboles.   La cuidadora se quedó atónita al ver al chico en las mismas condiciones de Violeta y ni si quiera podía mediar palabra. De apoco su expresión cambio entre enojo y angustia nuevamente. — ¿Alguno podría darme una explicación de lo que ocurrió y hasta qué punto del bosque llegaron? — Estábamos realizando nuestra labor de castigo, pero resbalé y el cubo de ropa se adentró en el bosque así que fuimos a buscarlo — explicó brevemente Violeta en voz baja sin levantar la cabeza. — “¿Nuestra labor?” Pero Bastián ni si quiera estaba castigado… Bastián se rasca la cabeza mientras deja escapar una risa nerviosa.                                                                                                  ***   Atardeció y ellos aún estaban colando ropa en los tendederos, uno a cada lado distinto de la casa. La enfermera Lucía estaba sentada en la puerta que separaba el interior del asilo con la zona trasera, y en frente de ella en el balcón, estaba el cubo lleno de ropa recién lavada. Supervisaba que el castigo se cumpliera con normalidad antes de que llegara Esther, que había salido desde temprano a Tanba, para abastecer las alacenas del asilo y había dejado a Lucía a cargo del castigo de Violeta.   Cada joven tomaba una prenda del cubo y la llevaba hasta el tendedero de su respectivo lado, Violeta a la derecha y Bastián al lado opuesto. Cuando coincidían al tomar la prenda, cruzaban algunas palabras.   —Te hace falta un pasatiempo —susurró Violeta. —Te escuché Violeta, he dicho que no quiero ni una palabra —la regaña Lucía. — ¿A qué te refieres con pasatiempo? —dice en voz alta Bastián llegando casi a su tendedero. — Algo en que invertir tanta energía, que te distraiga de meterte en problemas —le responde en tono serio. — ¿Acaso tú tienes algún pasatiempo en este lugar además de tus labores? — Cualquier actividad es mejor que meterse en problemas y de paso meter a los demás en ellos —le dijo Violeta cuando ya había regresado hasta el cubo. — Meterse en problemas es más divertido que releer los mismos libros una y otra vez, excepto cuando… —Olvidas una y otra vez su contenido —lo interrumpió Violeta—. Ese se ha convertido en un chiste recurrente en estos días. Bastián se quedó parado junto al cubo igual que Violeta desde hacía un rato y la miró seriamente buscando las palabras indicadas. Ella se sonrojó y volteó la mirada hacia otro lado. — No entiendo por qué están hablando si aún no han terminado sus labores —dice Lucía tajante, interrumpiendo el silencio que se había generado.    
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