— ¡AAH!— agitó sus brazos evitando perder el equilibrio, sin resultado efectivo, dio una voltereta hacia atrás y cayó fuera del balcón de madera boca arriba con una expresión de dolor. Su interlocutor le extendió la mano para ayudarla a levantarse mientras se rascaba la cabeza riéndose.
—Disculpa, no era mi intención asustarte —dijo aun entre risas.
— No es gracioso Bastián, ¿Qué haces aquí? Nos podemos meter en problemas
— Escuché lo que ocurrió ésta mañana en el comedor.
— ¿Así que tú tampoco estabas ahí? —Preguntó Violeta ya de pie mientras trataba de quitarse la tierra de su vestido blanco.
— Bueno, estuve allí, pero luego ya no… conoces las exigencias de Esther.
—Si… — finalizó Violeta mientras suspiraba.
Violeta se arrodilló de nuevo para continuar su tarea de castigo, pues aún le faltaba más de la mitad de los uniformes. De vuelta a su labor continúo diciendo:
— Pero aún no me explicas cómo llegaste aquí.
— Quería verte, entonces hice que me castigaran.
— ¿Qué hiciste? —le dijo con asombro mirándole desde abajo.
— Tú eres una chica muy misteriosa, déjame guardar unos secretos a mí también.
— No soy en absoluto una chica misteriosa.
— Bueno, nunca me cuentas sobre ti… —Dejó de hablar al ver que Violeta le miraba con el ceño fruncido.
— Sabes más de mí que hasta yo misma, teniendo en cuenta que todos los días puedo olvidar algo sobre mí —dijo Violeta con un tono entre enojo y melancolía.
— Dis… Discúlpame — trató de pensar algo más para decir, sin embargo Violeta lo jaló del brazo hasta caer de rodillas junto a ella.
— Entonces ¿estás castigado pero no piensas ayudarme? —dijo esbozando una media sonrisa algo forzada.
Bastián al igual que Violeta era un joven internado en aquel asilo psiquiátrico. Debido a la distribución de la casa, hombres y mujeres estaban separados en diferentes pabellones y de igual manera, clasificados según sus condiciones mentales. Bastián y Violeta podían verse eventualmente cuando Violeta realizaba alguna tarea en el pabellón masculino.
A causa de su condescendencia, Violeta solía tener acceso a cualquier zona del asilo, aunque a cambio realizaba arduas tareas en toda la casa, mientras las enfermeras y cuidadoras descansaban. Aunque Bastián también realizaba arduos trabajos bajo la misma excusa de ser joven, no gozaba con el privilegio de moverse con libertad por todas las zonas.
Hace tiempo cuando Violeta empezó a cumplir con esas labores, se conoció con aquella única persona de su edad que podría considerar su amigo o al menos tan cercano como su cuidadora Lucía. Sin embargo ella ya había olvidado mucho de esos días y también la razón por la cual Bastián había sido internado, así que él se negaba a contárselo de nuevo, pues dice que es algo que no puede estarse contando todos los días, haciendo referencia a la cantidad de veces que se lo habría dicho.
Pero a diferencia de la actitud condescendiente que Violeta presentaba con todo el personal, Bastián solía ser más bromista y enérgico, un contraste que solía sacarla del aburrimiento cotidiano aunque también solía meterla en muchos problemas. De todas maneras no se veían tan seguido ni podían compartir tiempo a solas, sino únicamente en el comedor u otras actividades en las que juntaban a todo el personal, así que este era una especie de reencuentro.
Bastián se remangó su camisa blanca y metió sus manos en el mismo recipiente de madera que en el que estaba lavando Violeta y tocó sus manos mientras fingía que tomaba algunas prendas. Ella volteó a verlo lentamente, bastante sonrojada con la esperanza de que se detuviera sin tener que mediar palabra, pero el continuaba jugando con sus manos como si esas fueran las prendas que debía estregar.
Aunque Bastián era mayor que Violeta con 19 años, actuaba como un niño menor todo el tiempo. Parecía que estar rodeado de adultos aburridos y lentos le provocaba una negación por llegar a crecer y poder convertirse en ellos. O eso solía pensar Violeta para darle una explicación lógica a su comportamiento en especial cuando estaba con ella.
Violeta liberó con fuerza sus manos de las de su captor y accidentalmente salpicó agua jabonosa a la cara de Bastián. Ambos se quedaron quietos en esa escena con la boca abierta en signo de asombro por lo ocurrido.
—Fue un accidente, ¡lo juro! — Dijo desesperadamente Violeta con expresión de angustia—.
Rápidamente Bastián levantó sus manos con un montón de agua y empapó el rostro y cabello rubio en la frente de Violeta soltando una carcajada.
— No Bastián ¡por favor! Harás que nos regañen.
— No seas aguafiestas, de todas maneras ya estamos castigados —Y le tomó las manos nuevamente para dejarla indefensa a sus ataques.
— ¡Suéltame! —dijo Violeta mientras intentaba desesperadamente liberarse de Bastián, y continuó retorciéndose hasta que pateó accidentalmente el bote de madera lleno de agua tirándolo encima de Bastián, empujándolo fuera del balcón y tras él cayó Violeta quien había conseguido liberar sus manos de él pero había perdido el equilibrio en medio del forcejeo.
El agua se derramó por la colina convirtiendola en un lodazal, por donde rodaron con toda la ropa mojada llenándose de barro. Cuando por fin se detuvieron, el cubo de madera siguió su camino hasta desaparecer de sus vistas.
— ¡Esto es tú culpa! — dijo ella arrodillada en el suelo mientras descargaba su enojo agarrando el barro en el suelo.
Bastián se levantó entre risas tratando de ocultar el dolor por la caída y se quedó mirando hacia el final de la colina donde empezaban a abundar los árboles.
— No te quedes ahí parado ¡has algo! — y le arrojó una bola de lodo con furia.
— El que llegue primero al cubo, se libra del castigo de Esther, ¡Corre! — dijo Bastián y se echó a correr colina abajo ignorando el ataque que ella le había hecho.
— Eso ni si quiera tiene sentido —le respondió Violeta con angustia mientras se preparaba para correr tras él.
Iniciaron el trote colina abajo y desaparecieron entre los árboles por la misma ruta que trazó el cubo, dejando tras ellos un camino de ropa blanca llena de barro.