Capítulo 4

2575 Words
Tobías. Mis luceros no dejan de mirar a la niñita de mierda caminando como toda una Afrodita, sus piernas estilizadas, su culo perfecto, su pequeña cintura, su cabellera castaña, su piel blanca y suave, toda ella me prende, de una manera muy sucia. La muy pervertida me ha dejado dos veces empalmado, como un puto adolescente precoz, pero la estúpida no sabe con quién sea metido, a mi ve vale un carajo, que sea esposa del mismísimo presidente, cuando quiero algo lo consigo, a cualquier precio, y la quiero a ella, la mocosa será mía, y pobre del que se atreva a tocarla. La cría entra a su edificio, sus impresionantes luceros azules me recorren de arriba abajo, suelta una risita burlona y se va. Está mocosa se está burlando de mí, sí que le gusta jugar con fuego. Camino hasta mi camioneta, el frío de Seattle hace que mis cojones se congelen, y mi piel se erice, me gusta la sensación del aire helado recorriendo mi lienzo, es muy estimulante, te hace saber que solo somos un pedazo de carne. Enseguida que llego a mi camioneta, me subo y mi fiel chófer expresa: —¡Buena noche, señor! León ha sido mi chófer, por más de 10 años, es un hombre sumamente reservado, que ha visto un sinfín de cosas, pero tiene un puto contrato de confidencialidad, todos los que trabajan para mí, saben que si se les ocurre decir algo de mí o de mi familia, terminan 3 metros bajo tierra, conmigo no hay puntos medios, estás conmigo o en mi contra. —León, vamos a «libidine»—uso mi usual tono frío. Es lo que necesito, enterrar mi v***a, en un coño apretado y jugoso, por un par de horas, y sacar la puta frustración que me ha dejado, la puta pervertida. Pero, ya verá cuando esté en mis manos «Alexis Lynes», vivirás solo para mí, besaras el piso donde camino. Ese pensamiento me gusta y mucho, suelto una risita, prendo un cigarro, y le doy una gran calada. Saco mi celular, y le marco a Jackson, necesito saber, si arregló el asunto con los traidores de mierda. Las personas deben aprender que jamás se muerde la mano, que te da de comer. Al segundo timbrazo, me contesta. —Tobías; el trabajo está hecho, Peter y su familia, ya no serán un problema. —Perfecto, mañana a primera hora, necesito un informe completo de: Alexis Lynes Bass, quiero saber todo de ella, hasta cuantas veces va al baño. —Ok—, solo dice eso, él sabe que una orden mía se acata, sin protestar, cuelgo sin decir nada más. Mis luceros se clavan, en la ventana, mientras me fumo mi cigarro, me gusta ver la Seattle de noche, es hermosa, cuando la oscuridad se cierne, es algo glorioso, digno de admirar, es cuando los depredadores salen a cazar. El mundo se hizo para los más fuertes y hábiles, en este mundo comes o te comen, no hay de otra. Llegamos al lujoso putero, me bajo de la camioneta, sin decirle nada a León, él sabe que tiene que esperarme hasta que salga. El impresionante edificio de mármol de color aperlado, de grandes columnas y cúpulas impresionante, lo hacen lucir como una iglesia. Suelto una risita irónica, este paraje es todo menos eso, este es un lugar de perversión, donde se vienen a cumplir los más bajos deseos. Camino hasta la entrada y no es necesario decir mi nombre, en este sitio todos saben quien soy, digamos que siempre que estoy en Seattle, soy cliente frecuente. Entro, y mis pupilas se abren, debido a que la luz es tuene, es casi rojiza, supongo que para que la gente no te reconozca, a este tipo de lugares solo tienen acceso las personas con grandes fortunas, así como yo. El sitio a cambiado desde la última vez que estuve aquí, a pesar de la poca luz, se puede apreciar, las pinturas eróticas, los grandes sillones blancos, las telas transparentes, dónde se puede vislumbrar, personas fornicando, sin duda alguna es como estar en un putero de la antigua Roma. Se me acerca Ivanna, la dueña de este templo del pecado, una hermosa Ucraniana que me debe la vida, ya que la saqué de su asqueroso país, lleva puesto un vestido blanco de lino transparente, dónde se puede deslumbrar su exquisito cuerpo. Lienzo que he disfrutado infinidad de veces, pero está ocasión quiero una castaña, de ojos azules, y ella me la proveerá, siempre lo hace, me consigue las mejores putas en cualquier parte del mundo, carne Prémium. —Ласкаво просимо, Тобіас; Я не чекав тебе(Bienvenido Tobías; no te esperaba) —Не розмовляй зі мною своєю довбаною мовою і не називай мене по імені.(No me hables en tu maldito idioma, y no me llames por mi nombre) La exquisita rubia se me acerca, y me expresa: —Perdón, no lo volveré hacer señor Kohn. —Eso estuvo mejor—, la tomo de su barbilla —. Quiero una castaña, blanca, de ojos azules. La rubia abre sus luceros grises, de seguro la tonta pensaba que estaba aquí para follármela. —Yo pensé… —Lo que creas Ivanna, me tiene sin cuidado vamos a tu oficina, para que escoja. —Si—, trata de ocultar su enojo, la muy pendeja, pero lo hace bastante mal, se le nota hasta la médula que se está muriendo del coraje, que está mujer se haya hecho una historia en su cabecita no es mi problema. Avanzo a gran velocidad, en el trayecto puedo vislumbrar, a personas practicando sexo candente y sucio, mi polla palpita ante tal estímulo. ¡Joder, necesito descargarme, en un delicioso coño! Cuando por fin llegamos a su oficina, me desplomo en un sillón blanco de piel, me gusta la oficina de Ivanna es grande y elegante, sin duda es una mujer con clase. —¿Quiere algo de tomar, Señor Kohn?—dice la rubia con un tono de voz bastante molesto. —Si, sírveme un coñac—, Ivanna camina hasta la cantina, y me sirve mi trago, mientras lo hace, admiro su culo perfecto, no se puede negar que Ivana, es una mujer muy hermosa. —¡Tome señor!—me mira con desagrado. —Deja el berrinche, y anda ve por el libro, para elegir a la afortunada de esta noche. De mala gana la rubia, va a su escritorio, y saca de uno de sus cajones, el catálogo con las mejores golfas que tiene. Sé acerca y me lo coloca en la mesa —Aquí lo tiene, Señor. Tomo el catálogo, y empiezo a revisarlo, nada me convence, paso y paso las páginas hasta que encuentro una castaña, hermosa, no tanto como Alexis, pero para lo que tengo en mente, ella me servirá. —Quiero a Kendra, en 10 minutos en el lugar de siempre, mañana tendrás tu pago—, me levanto, siento la mirada de Ivanna, de seguro está que revienta del coraje, pero para lo que me importa, salgo de la oficina, y camino hasta el final del pasillo, subo unas hermosas escaleras en forma de caracol, levanto mi rostro, y todo el lugar grita: Lujuria, pecado, morbo y perversión, un exquisito elixir para personas como yo, que disfruta como nadie del sexo. Algún día vendré con la pequeña pervertida, todos me verán follármela como salvaje, y nadie podrá ponerle una mano encima. Ese pensamiento me hace desear más a la muy descarada, tan solo de recordar cómo se tocaba su apetitoso cuerpo, como se follaba con sus dedos, y ver cómo llegaba al clímax, me voló las dos cabezas. ¡Pobre de ti, mocosa cuando te tenga entre mis manos! […] Estoy totalmente desnudo en la habitación, mi cuerpo reposa en la enorme cama, la luz es ligera, estoy fumando un puro, la enorme habitación está equipada, para satisfacer mi jodida lujuria. Se abre la puerta, y veo a la deliciosa castaña, su lencería, le aprietan sus jugosos melones, y su tanga pequeña y traslúcida no deja nada a la imaginación, le doy otra fumada a mi puro, antes de apagarlo. Me levanto, la mujer me devora con la mirada, me gusta que me miren con admiración, y con cierto temor. —Arrodíllate—Kendra lo hace sin chistar, y baja la mirada. —Levanta la mirada—, lo hace, empiezo acariciar mi v***a de arriba abajo, veo que la puta se muerde el labio, en cuanto está totalmente erecto, anuncio demandantemente: —Cómetela. La pequeña mujer que tengo en frente, abre su boca, agarra mi culo, y de una estocada le introduzco mi enorme falo, la tomo del pelo con rudeza, siento su pequeña boca, y la follo salvajemente, esto es para mi disfrute, no para el de ella. —¡Anda puta!— digo gruñendo, mientras la sigo follando frenéticamente, ella se lo come todo sin protestar, veo como sus ojos se están poniendo blancos, y se le escurren unos hilos de saliva, me imagino que es Alexis, eso me prende más y acelero mis embestidas, en su estrecha y húmeda boca, sigo hasta que derramo mi leche, espesa y caliente. —Trágatela—, veo como se la come —. Buena chica, levántate. La golfa trata de tocarme, pero la detengo, la tomo de su frágil muñeca con fuerza, caminamos hasta el columpio s****l, la cargo, y la coloco, aprieto los arneses de sus muslos y de sus manos. Me separo, y la golfa está totalmente abierta para mí, puedo ver su coño rosado, y jugosos pechos grandes, y su cintura diminuta, con sus manos atadas arriba. ¡Joder! La vista es espectacular, me pajeo un poco, ya que el estímulo es afrodisíaco. —¡Ve puta, ve como me tienes!— la castaña me observa detenidamente, su respiración está acelerada, quiere moverse, pero sabe que si lo hace se lastimará. Estiro mi mano y de un cajón saco el látex de uno de los cajones, sin dejar de pajearme , lo coloco en mi v***a, ya lubricada por mi pre semen, camino hasta la golfa, y sin ningún preámbulo le introduzco dos de mis dedos, veo que su coño se contrae por mi tacto, me la empiezo a follar con los dedos, sus gemidos me incitan a seguir, introduzco dos más, y la puta gime sin control, sus jugos empapan estos, sé que está a punto de llegar, pero como el hijo de puta que soy, me detengo. Veo su cara de frustración, pero sabe que no puede decir nada, que está aquí para complacerme. —¿Qué quieres, Kendra?—, le expreso en su oído, mientras mi v***a roza la entrada de su coño mojado. —¡A usted, señor! Me río de ella, me separo, y observo que su semblante está totalmente enrojecido, si pudiera mandarme a la mierda, lo haría sin dudarlo. Camino hasta el extremo de la habitación, donde hay una vitrina polarizada, saco un vibrador de clítoris, me acerco nuevamente a la puta, prendo el juguetito, y se lo coloco en su botón de placer, está se retuerce, sus gemidos, parecen más aullidos, me gusta esto, saber que yo tengo el control, paro, y su cara, demuestra su enojo y frustración, es la puta gloria, repito la acción un par de veces, la pobre infeliz, ya está sudando, y sus manos están marcadas, al igual que sus muslos, pues la pobre se ha retorcido del puto placer que le he provocado, ahora sí llego la hora de partirle el coño, mi v***a ya no aguanta el puto condón. La levanto, y la empotro salvajemente, puedo sentir su orgasmo en mi polla, como la aprieta y moja el látex, nuestros gemidos son grandiosos. Le doy con todo, y sin parar. —Esto es para que aprendas a no jugar conmigo, niñata de mierda. La castaña hace cara de: ¡¿Qué mierda dijiste?! Pero, solo yo sé que pasa en mi jodida mente. La sigo empotrando hasta que mi leche se derrama, en el látex. Veo a la pobre mujer, y esta hecha mierda, pero esto todavía no acabado, y le desabrocho ágilmente los arneses. Se incorpora, y veo que sus piernas tiemblan. Me río —. Anda pon tu lindo culo en la cama—,y le aprieto una nalga —. Todavía no he acabado contigo. La pobre se sorprende, pero, pague por una puta, y eso es lo que quiero. Me quito el látex y lo arrojo al piso, y me coloco otro, mi falo todavía sigue duro, la mujer está en la orilla de la cama, y la aviento, y me vuelvo a hundir en su coño, está gime, sé que mis perlas la están haciendo ver las estrellas. Le parto su coño, como me gustaría partírselo a la bruja de ojos azules que me ha hechizado. Lo hago hasta que la pobre ya no puede ni con su alma. […] Salgo de la habitación, como si nada, camino, y visualizo a Ivanna, que está al final del pasillo, me mira con rabia, y camina hasta mí. —Te tardaste más de lo debido, esto tendrá un costo mayor. —Sabes que no hay problema con eso, y deja los celos Ivanna—, le toco su mejilla y se la aprieto—. Te vas a arrugar, querida—digo en un tono burlón. La rubia quiere quitarme la mano, pero sabe que no puede, la suelto y sigo mi camino. —Dime, Tobías, ¿Por qué no me elegiste a mí?—expresa furiosa, mientras bajamos la escalera. —Porque tenía ganas, de algo nuevo. No te pongas intensa Ivanna, sabes que las rabietas estúpidas, me cagan. Bajamos, y mis luceros se abren al ver al hijo de puta de: Edmund Petrov, mi rabia se me sube al cerebro, el perro se da cuenta, de mi presencia, y alza su copa. Quiero matarlo, pero Ivanna me detiene. —¿Qué hace este cerdo aquí?—, me giro y veo que la rubia está pálida y muy nerviosa. —Yo…—y retrocede un par de pasos para atrás —. No lo sé. La miro detenidamente, la arrincono y le agarro su fino y delgado cuello, con una de mis manos lo aprieto —No se te ocurra traicionarme Ivanna, si lo haces sabes que te deporto a tu asqueroso país, y la mafia te va a comer viva—, su mirada refleja el terror. —Yo sería incapaz de eso, lo sabes Aprieto más su cuello—. Mas te vale. La suelto, y me voy del maldito lugar, algún día voy a acabar con todos los «Petrov», eso lo juro. Enseguida que estoy en mi camioneta, le marco a Jackson. Que el hijo de puta de Edmund, este aquí no es casualidad. —Jackson, Edmund Petrov está en Seattle, Investiga, que hace aquí el hijo de perra, y mantén vigilada a Ivanna. —Ese maldito, no debió salir de Rusia, no te preocupes, lo tendré vigilado, y otra cosa ya tengo el informe de la chica que me pediste, y déjame decirte que está casada con un agente del FBI, esto puede ser muy peligroso, Tobías. No digo nada y le cuelgo. ¡Aunque estás casada con un puto policía! Nada me dará más placer que, arrancarte de los brazos de ese infeliz.
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