Capítulo 3.

1719 Words
Sigo metida en el tipo closet, mis pulmones me arden, cómo si hubiera corrido un jodido maratón, estoy nerviosa, sudando asquerosamente, y el sonido de mi corazón es similar a la de una batería musical. ¡Odio está sensación de no tener, el control! Hace años no me sentía de esta manera. Aprieto mis puños hasta que se ponen blancos y le pego a la pared. ¡Tranquilízate Alexis, es un hombre más! Respiro profundamente un par de veces, hasta que logro calmarme, me acomodo mis bragas, mi vestido y salgo de la oficina, necesito irme de aquí, y saber que estrategia voy a seguir, con el papi oscuro, sé que me va a querer partir mi coño, pero eso no va a pasar, debo mantener mi mente fría, al final la vida es un campo de batalla, donde ganan, los mejores estrategas, y yo puedo con esto. El cerdo me encanta, pero, ser la puta de este hombre no está entre mis planes, si se folló a la insípida de Gina, el infeliz se ha de follar a cualquier perra. Me siento en mi escritorio, cómo lo supuse, la puta de Gina no esta, de seguro se está aseando la golfa. Mando un par de correos, termino mis pendientes, y veo a la insípida esa llegar, todavía tiene cara de recién cogida, como me molesta eso. ¡Por el amor a Dios Alexis, deja la toxicidad! Termino de arreglar mis cosas, para irme, no quiero encontrarme al cerdo, porque sigo caliente como una puta olla exprés, y capaz que si me lo ando follando. Tengo que ir me dé aquí ahora mismo, si este hombre llega no creo poder contener estás ganas de tirármelo. Me levanto, y la bruja expresa con su voz chillona: —¿A dónde crees que vas, Alexis? Necesito que me ayudes a terminar la presentación. ¡Esta golfa no aprende! Camino hasta ella, coloco sutilmente mis manos en su escritorio, y le digo: —Mi querida jefa, si ocuparas más tu tiempo en trabajar, y menos en estar de zorra con el jefe, ya abrías acabado. La zorra abre sus ojos, cómo búho, y se pone roja, está a punto de decir algo, pero no la dejo hablar, y antes de irme le expreso, con un tono burlón: —Mejor apúrate para que te vayas a dar un baño, que ni tu perfume caro, esconde tu olor a golfa. Me voy, ¡Linda tarde, jefa! Me doy la vuelta y no dejo hablar a la insípida, que se muera del puto coraje, la verdad me haría un favor. […] Todo el camino a mi casa, la imagen del Dios Griego del Inframundo o más bien de su p**o, me comen mi cerebro. Estoy sentada en mi sillón, en cuanto llegué me di un baño con agua fría, y como la calentura no se me pasaba, me auto complací con mi vibrador, en cuanto tuve dos maravillosos orgasmos, me sentí más tranquila. Tengo mi laptop en mis piernas y una cerveza a mi lado. Estoy con un pequeño short, una blusa blanca, mi cabello sigue mojado, y está mojando mi camisa, tengo frío, pero mi puta curiosidad puede más, y tecleo rápidamente: «Collar de perlas en el pene» En verdad quiero saber que es eso que tiene el papi oscuro en su v***a, mis ojos se abren al ver las imágenes, de cientos de p***s, con perlas incrustadas, y leo con gran entusiasmo: «Pearling es una técnica que consiste, en la incrustación de perlas de teflón en el pene, cuya principal función, es estimular el clítoris, el punto g, y los labios, al momento de la penetración, haciendo la relación s****l, más placentera» ¡Joder! Pues con razón la golfa de Gina gemía como loca. ¡Sentir esa monstruosidad con esas perlas, partiéndote el coño, de seguro te hace ver unicornios! Me muerdo el labio, de que el infeliz se me antoja, como ningún otro hombre se me ha antojado, eso es verdad. Pero seguramente ese hombre es un hijo de la gran puta, que sea de tirar a cuanta zorra se le acerca, no sé por qué esa idea me molesta, estoy embelesada con mis jodidos pensamientos, cuando me entra una video llamada de mi hermosa sobrina. Cierro todo lo que estaba leyendo, me acomodo un poco y contesto. Veo a mi hermosa castaña, con sus preciosos luceros mieles, su cara de muñeca y su piel de porcelana. —Hola Tía—me dice con su voz inocente y tierna. Recuerdo la primera vez que la cargué, yo tenía 12 años, jamás había sentido tanto amor por alguien. Si alguien la llegase a lastimar lo mato. —Hola hermosa, ¿Cómo estás? Hace un mohín —¿Qué pasa, Sasha? —Ya sabes mi madre, está súper intensa. —Me imagino, pero trata de comprenderla, ella trabaja turnos dobles y aparte está el abuelo. —Lo sé tía, pero— sus ojos se cristalizan —. Ya no quiero estar aquí, me trata muy mal, todo le molesta, siempre está gritando. —Tranquila hermosa, te parece que cuando estés de vacaciones, te vienes conmigo. Su hermoso rostro cambia al instante —. Si, me encanta la idea. En el fondo se escucha la voz de mi hermana gritando: —Sasha apaga eso, y ven a cenar, rápido que ya es tarde. —Me voy tía no quiero, que me regañe más. —Vale, te amo—, y apaga la cámara. En verdad me duele que Camila sea así, con Sasha, mi hermana con los años se vuelve más agria, yo amo a mi hermana, prácticamente ella me crió, cuando yo nací ella tenía 14 años, un año después de que nací mi madre enfermó, que yo recuerde jamás la vi sana, salía y entraba del hospital, el día que murió, yo estaba hundida en la mierda. Recordar a mi madre me duele y mucho. ¡Joder Alexis! Coloco mi laptop en la mesa de la sala, me tomo mi cerveza, y me levanto, voy a mi recámara por algo que cobijarme, escucho mi celular vibrar, de seguro es Erick, pongo cara de fastidio, está relación debe terminar, quiero volver a follar con más hombres. Tomo mi celular y tengo un mensaje de un número desconocido: ¿Te gustó ver, lo de esta tarde, pequeña pervertida? Te envió un pequeño incentivo. Abro una foto adjunta, y es una imagen de su enorme falo venoso, totalmente erecto, en su punta está chorreando su leche, y sus perlas, se ven más grandes. ¡Madre mía! La imagen hace que mi coño palpite. Este es un hijo de perra. No puedo evitar que la boca se me haga agua. Alexis: Señor Tobías, si sabe que acosar a sus empleados es delito, y más mandar fotos tan perturbadoras. Veo que el cerdo me está escribiendo, mi corazón late rápidamente, este jueguito que este infeliz está iniciando me prende, me incita a pecar, disparando mis pensamientos más sucios. Tobías: Si sé que es un delito, pero no me importa, soy tu jefe, y algún día estarás sentada en mis piernas, montando mi v***a, llenándola con tus jugos, te la vas a comer toda, y te va a encantar cosita rica. Este si que es un puto cerdo, mi corazón se acelera más, y mi coño se moja. Alexis: ¡Ja, ja! Siga soñando señor Kohn, eso no cuesta nada. Me desconecto, porque este hombre me prende de una manera sucia y pervertida. Escucho mi celular vibrar y es el pervertido. ¡No Alexis! No contestes dice mi lado racional, pero mis estúpidas manos reaccionan primero, pongo el alta voz, y escucho su voz ronca y sensual: —Baja, estoy afuera de tu casa—, al parecer está furioso, y me cuelga antes de que responda. Ni loca voy a bajar, ese hombre me quiere partir el coño, y yo me muero por probarlo. Camino de un lado a otro, que más da un poco de perversión a nadie le hace daño. […] Salgo de mi edificio, el frío me cala, y mis pezones lo reflejan, alzo la mirada y está la criatura majestuosa y pervertida, va de mezclilla, con una cazadora negra de piel, su bello rostro se ve más misterioso por la noche, su cabello está algo alborotado, está fumando, y luce realmente sexy, está para devorárselo completito. Me mira triunfante, con sus luceros mieles recorren mi cuerpo de arriba abajo, le da una última calada a su cigarrillo, lo tira, y con la punta de sus botas, lo apaga, este hombre es morbo puro. ¡Maldición! Llego hasta el monumento, y su mirada me devora, yo hago lo mismo, veo su tremendo paquete, se ve que está duro como una roca. El infeliz golfo me atrae con sus grandes manos y me pega a su lienzo, puedo sentir su torso musculoso, el calor que desprende este hombre, es delicioso, y su aroma a cigarrillo y a colonia costosa es embriagador. —¿Te gusta lo que ves? Macho egocentrista, de seguro está acostumbrado que todo mundo lo idolatre, y suelto una risita. —He visto mejores, señor Kohn—, el desgraciado me entierra sus dedos en mis costillas. —Mentirosa—, trata de besarme , pero hago aún lado mi rostro, sus carnosos labios, me empiezan a besar, el cuello, la sensación es exquisita. No me voy a quedar con las ganas de tocar a este hombre. Acaricio su torso con mis yemas, bajo lentamente hasta llegar a su monstruosidad ¡Santo Cristo! Se siente más grande, de lo que se ve. Lo empiezo a acariciar y el cerdo suelta un gruñido. —¿Le gusta señor Kohn?—uso un tono sensual. —Si, pequeña pervertida Sigo masajeando su enorme falo, puedo sentir sus perlas, es algo jodidamente estimulante, odio admitirlo, pero muero por sentirlas en mi coño, él me amansa mis glúteos con rudeza, este hombre es una bestia. ¡Estoy muy caliente! Debo parar. Puedo escuchar que el cerdo expresa: —Vámonos a otro lugar El pervertido se separa, y me toma de la mano fuertemente. —No, señor Kohn, mi esposo me espera. Su cara es de jaque mate, me suelto de su agarre y me voy triunfante.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD