La imagen al entrar me impactó. No esperaba encontrarme ante algo tan caliente. Las muñecas y tobillos de Álvaro estaban enrojecidos. Lo más probable que por haber intentado en demasiadas ocasiones librarse de las cuerdas, pero yo no era ninguna novata en el bondage, y eso él ya debería saberlo de sobra. Su cara, aunque estaba girada hacia mí, estaba en pleno viaje astral. Tenía los ojos idos, la boca abierta y el labio inferior algo amoratado. Posiblemente se lo hubiera mordido en múltiples ocasiones para no dejarme a mí escuchar sus gemidos de placer y lujuria. Aunque, sin duda, la mejor parte era la entrepierna. Su polla estaba semienhiesta y estaba manchada desde la punta hasta los huevos de un líquido blanquecino. Sus muslos no tenían mejor aspecto. Desde aquí podía verse que incluso

