Cuando la tela terminó de caer lo que apareció ante nuestros ojos era una especie de caja de gran tamaño con tres agujeros en una de sus paredes. Dos redondos en las esquinas superiores de un tamaño pequeño y otro mucho mayor con forma de riñón. No me hacía falta explicar para qué servía. La mirada ansiosa y encendida de Álvaro me dejaba claro como el sol que sabía para lo que servía. En esa caja se metía al sumiso solo con el culo y los pies por fuera. De ese modo, se privaría sensorialmente de manera suave al susodicho de todo menos de lo que pasaría en su culo. Si no veía lo que se le venía encima, lo más probable es que solo se centrara en sentir y disfrutar, y se olvidara de tantas dudas sin fundamento cuando los plugs ya le habían demostrado más que de sobra que el disfrute anal le e

