Solo nuestras respiraciones intentando normalizarse rompían el silencio imperante en la mazmorra. Me parece que la noticia de que ningún sumiso antes me había penetrado había sido más impactante para Álvaro de lo que yo había supuesto en un principio. Sus ojos no se apartaban de los míos, escrutándome a conciencia, supongo que para comprobar que estaba diciendo la verdad y que no me estaba cachondeando de él. Cuando ya lo aceptó, en gran medida al menos, comenzó a removerse inquieto debajo de mí. -Pero... ¿Entonces me estás diciendo que no voy a poder penetrar ninguno de tus agujeros durante estos seis meses?-al oír la ronquera que se había quedado en su voz me vi obligada a apretar los muslos entre sí para evitar que mis jugos gotearan sobre él y me exhibieran. -Bueno, mientras seas

