capitulo 3

912 Words
Secretos en la penumbra Clara se sentía atrapada en un sueño oscuro y extraño, uno del que no podía despertar. La habitación, aunque acogedora, parecía una prisión. Las palabras de Aidan resonaban en su cabeza como una advertencia. "Hay algo en ti que no podemos ignorar. Algo que no deberías poseer." Se levantó de la cama con esfuerzo, su cuerpo aún resentido por el desmayo. A pesar del dolor, no podía quedarse ahí esperando respuestas. Necesitaba saber dónde estaba y quiénes eran esos hombres que parecían jugar con ella como si fuera una pieza en su tablero. Con pasos cautelosos, abrió la puerta de la habitación y asomó la cabeza al pasillo. La casa estaba envuelta en un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por el sonido del fuego crepitando en alguna parte. El corredor estaba iluminado por candelabros antiguos, y el aire tenía un aroma a madera quemada mezclado con algo metálico, algo extraño. Clara caminó lentamente, apoyándose contra las paredes de piedra para mantener el equilibrio. Sabía que era arriesgado, pero quedarse en la habitación sin respuestas la hacía sentir más indefensa. De repente, escuchó voces provenientes de una sala cercana. Reconoció el tono profundo y controlado de Draven, la voz burlona de Kael, y el tono más grave y autoritario de Lysander. Se detuvo justo antes de llegar a la entrada y se quedó en las sombras, escuchando. —No podemos mantenerla aquí —dijo Lysander, su voz cargada de preocupación—. No es seguro ni para ella ni para nosotros. —¿Estás loco? —respondió Kael, riéndose con sarcasmo—. ¿De verdad crees que después de lo que pasó podemos simplemente dejarla ir? —Kael tiene razón —intervino Draven—. Su presencia desató algo en esta casa. Algo que no entiendo del todo, pero es real. Clara contuvo la respiración, su corazón latiendo con fuerza. ¿Qué era eso de lo que hablaban? ¿Qué tenía que ver con ella? —Aidan parece pensar que podemos protegerla —continuó Draven, su tono más calmado—. Pero sabemos cómo termina esto. Siempre termina igual. —Ella es diferente —dijo una voz nueva, más baja pero cargada de determinación. Clara sintió un escalofrío al reconocerla. Era Aidan. Él estaba ahí, defendiendo su presencia. —No es como las demás —añadió Aidan—. Lo siento, y ustedes también lo saben. Algo en ella... no sé cómo explicarlo, pero es importante. Hubo un silencio tenso antes de que Lysander hablara. —Si decides involucrarte más, será tu responsabilidad. Pero no olvides lo que somos, Aidan. No olvides lo que le harás. Las palabras de Lysander eran como una sentencia, cargadas de un peso que Clara no podía comprender. Pero no tuvo tiempo para pensar más. En su intento de retroceder, golpeó sin querer un pequeño jarrón que estaba sobre una mesa. El sonido de la cerámica rompiéndose fue como un disparo en la quietud de la casa. En un abrir y cerrar de ojos, Aidan apareció frente a ella, sus ojos ardientes y llenos de furia. —¿Qué haces aquí? —gruñó, su voz baja pero llena de amenaza. Clara dio un paso atrás, tropezando con la pared. —Yo... necesitaba respuestas. No podía quedarme en esa habitación sin saber qué está pasando. Aidan la miró fijamente, sus ojos buscando algo en los de ella. Finalmente, suspiró y retrocedió un paso. —Vuelve a la habitación. No deberías estar aquí. —No —respondió Clara, sorprendida por la firmeza en su propia voz—. No hasta que me digas quiénes son ustedes y por qué estoy aquí. El resto de los hermanos aparecieron en la entrada de la sala, observando la escena con interés. Kael parecía estar disfrutando del espectáculo, mientras que Draven y Lysander observaban con cautela. —¿Quieres respuestas? —dijo Aidan finalmente, cruzando los brazos sobre su pecho—. Está bien. Pero recuerda que fuiste tú quien las pidió. Clara tragó saliva, sintiendo que estaba a punto de cruzar un umbral del que no habría vuelta atrás. —Somos algo más que hombres, Clara. Algo que no deberías haber conocido. El silencio se hizo pesado. Clara no podía apartar la mirada de Aidan, su mente luchando por comprender lo que estaba escuchando. —¿Qué significa eso? —susurró. Aidan intercambió una mirada con sus hermanos antes de responder. —Significa que no somos humanos. Somos inmortales, guardianes de un poder que no pertenece a este mundo. Y ahora, de alguna forma, tú estás conectada con ello. Esa noche Clara no podía dormir. Las palabras de Aidan seguían repitiéndose en su mente. ¿Inmortales? ¿Guardianes? Todo parecía tan irreal, pero algo en la forma en que lo habían dicho la convencía de que no era una broma. Desde la ventana de su habitación, podía ver la luna llena iluminando los terrenos oscuros de la casa. La mansión parecía aún más inquietante bajo la luz plateada, como si las sombras mismas guardaran secretos que no quería descubrir. Sin embargo, una parte de ella no podía ignorar la atracción que sentía hacia Aidan y sus hermanos. Había algo en ellos que la llamaba, algo que no podía explicar pero que no podía negar. Lo que Clara no sabía era que, en las profundidades de la mansión, algo más había despertado con su llegada. Algo que había estado dormido durante siglos y que ahora la observaba desde las sombras.
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