Ataduras Invisibles
La noche era espesa, como si el mundo entero se hubiera detenido. Clara estaba sentada en una de las sillas de la biblioteca, con el cuerpo aún tembloroso después de lo que había presenciado. Frente a ella, los cuatro hermanos la observaban en silencio, cada uno con una mezcla de emociones que iban desde el enojo hasta la inquietud.
—Alguien tiene que explicarme qué está pasando aquí —dijo finalmente Clara, rompiendo el silencio. Su voz sonó más firme de lo que se sentía.
Aidan fue el primero en hablar. Siempre era el más calmado de los cuatro, pero incluso él parecía estar al borde de su paciencia.
—Lo que viste en esa sala no es algo que debías ver. Es la fuente de nuestra maldición, el núcleo de lo que somos.
—¿Y qué soy yo para esa maldición? —preguntó Clara, su mirada recorriendo a cada uno de ellos. Había notado cómo todos parecían nerviosos desde que Draven había mencionado el sello.
Draven, que estaba apoyado contra una de las paredes con los brazos cruzados, la miró con dureza.
—Eso es lo que intentamos averiguar. Tu presencia no es coincidencia, Clara. Algo te trajo aquí, algo que está ligado a nosotros y al sello.
—El sello… —repitió ella, recordando las inscripciones que brillaban y se retorcían como serpientes vivas—. ¿Qué es exactamente?
Lysander se inclinó hacia adelante, su expresión más suave que la de Draven, pero sus ojos mostraban la misma intensidad.
—El sello es lo que nos mantiene atrapados entre este mundo y el inframundo. Somos inmortales, pero no libres. Cada uno de nosotros está ligado a esa maldición, y si el sello se rompe…
—El infierno será liberado —completó Clara, su voz apenas un susurro.
Kael soltó un gruñido y comenzó a caminar de un lado a otro, como un animal enjaulado.
—Esto no tiene sentido. ¿Por qué ella? —espetó, mirando a sus hermanos con frustración—. ¿Por qué alguien como ella tendría alguna conexión con el sello?
Clara sintió el peso de sus palabras como una daga en el pecho, pero no mostró su dolor.
—Tal vez porque, como ustedes, yo tampoco soy normal —respondió, su voz cargada de algo más que tristeza—. Quizá porque mi cuerpo nunca ha sido fuerte, porque siempre he sentido que no encajo en ningún lugar.
Kael detuvo su andar, sus ojos encontrándose con los de ella. Durante un instante, algo parecido al arrepentimiento cruzó su rostro, pero desapareció tan rápido como había llegado.
Draven interrumpió antes de que la tensión pudiera aumentar.
—Esto no se trata de lo que eres o no eres, Clara. Se trata de lo que representas. Por alguna razón, tu llegada ha despertado el sello, algo que no había sucedido en siglos.
—¿Y qué significa eso para mí? —preguntó ella, sintiendo que su garganta se cerraba.
—Significa que estás en peligro —dijo Lysander, su tono tan grave como sus palabras—. Si el sello se rompe, no solo nosotros sufriremos las consecuencias. Tú también.
Un escalofrío recorrió la columna de Clara. No entendía completamente lo que estaba sucediendo, pero sabía que su vida nunca volvería a ser la misma.
—Entonces, ¿qué hacemos ahora? —preguntó, intentando mantener la calma.
Draven se acercó, inclinándose ligeramente hacia ella. Su presencia era abrumadora, pero Clara no apartó la mirada.
—Por ahora, nos aseguramos de que no vuelvas a acercarte a esa sala. Y sobre todo, descubrimos por qué el sello reaccionó contigo.
Kael soltó una risa amarga.
—Eso, y esperamos que lo que sea que despertaste no venga por nosotros antes.
—Kael —advirtió Aidan, su voz firme—. Esto no es culpa de Clara.
Kael lo miró, pero no respondió. En cambio, se giró y salió de la habitación, sus pasos resonando en el pasillo.
Clara sintió que la tensión en el ambiente disminuía ligeramente con su partida, pero aún quedaban muchas preguntas sin responder.
—Hay algo más que debes saber, Clara —dijo Lysander después de un momento—. Lo que sea que esté conectado contigo no es solo peligroso para nosotros. Podría serlo para ti.
—¿Qué significa eso? —preguntó, su voz temblando.
—Significa que ahora formas parte de esto, quieras o no —dijo Draven, sus ojos clavados en los de ella—. Y si el sello se rompe, no solo el infierno se desatará. Tú podrías ser el sacrificio.
Las palabras de Draven cayeron como un peso sobre Clara, dejándola sin aliento.
—¿Sacrificio? —susurró, sintiendo que las lágrimas amenazaban con brotar—. ¿Qué quieren decir con eso?
—Aún no lo sabemos —respondió Aidan, su tono tratando de ser reconfortante—. Pero prometemos protegerte.
Clara los miró a todos, viendo la determinación en sus rostros. A pesar de su miedo, algo en su interior le decía que podía confiar en ellos.
—Está bien —dijo finalmente, enderezándose apoyándose en su bastón—. Entonces, hagámoslo. Descubramos qué está pasando.
Los hermanos intercambiaron miradas, sorprendidos por la valentía de Clara, pero ninguno de ellos dijo nada.
Mientras la noche avanzaba, la sensación de que algo oscuro y poderoso se acercaba se hacía más fuerte. Y aunque ninguno de ellos lo dijo en voz alta, sabían que no tenían mucho tiempo.