—Hola Michelle, yo soy Sam. —El hombre del metro —dijo Michelle, mientras nuevamente tomaba el pastelillo que acababa de dejar en el plato. —¿Tienes mucha hambre? —pregunto Frederick, mientras que se ubicaba en una silla cercana a la de la niña. —¿Quién es usted? —pregunto, antes de darle el primer mordisco. —Me llamo Frederick, soy el jefe de Carla. Tu madre —dijo divertido y la niña no pudo evitar sonreír, ligeramente. —Si decía otra cosa, era probable que llamaran a la policía y eso no es bueno. ¿Dónde está Carla? Sam se sentó, cuando escucho la pregunta y no pudo evitar pasar sus manos con fuerza por su cara, frustrado y cansado, pero sobre todo adolorido. Estaba demasiado adolorido y afectado, porque Carla parecía estar lejos de despertar. —Tú, el del metro —dijo la niña s

