Se puso de pie para bajarse del metro, pero tal como se lo había advertido el chico de la estación anterior, las personas que se bajaron allí estaban demasiado sumidos en sus celulares y no tenían ni el tiempo ni las ganas de fijarse en la niña que estaba frente a ellos y que por poco es lanzada al infinito. Sin embargo una mano la sostuvo y la dejo nuevamente de pie, antes de que su rostro tocara el suelo. —Gracias señor. —Ve con cuidado, esta no es una estación para una niña pequeña y sola —la voz del hombre era firme y cálida. —Lo sé, es que estoy... Voy para... Ya sabe, la oficina de mi mamá. —Claro, solo ten más cuidado, niña. El hombre miro su reloj y se dio cuenta de que no tenía demasiado tiempo para continuar con la platica, miro una ultima vez a la niña, pero ya no esta

