—¡Vamos! ¡Corre! —se gritaba Michelle mentalmente, mientras huía del orfanato. Hacía mucho tiempo no se sentía tan cómoda como allí, la trataban bien, eran estrictas las monjas, pero era un lugar cálido y estaba protegida. La pequeña miraba una y otra vez en dirección a su espalda y los pasos que acababa de dejar atrás, estaba aterrada, pues creía que en cualquier momento tendría detrás suyo un auto n***o o un par de hombres de considerable tamaño que hurgarían en su maleta y encontrarían esa cajita con fotos, grabaciones y una pequeña botella, la única que había sobrevivido al incendio, porque así era la vida o el destino. Siempre dejaba rastros de migas de pan en el camino de la verdad. Aunque muchas veces fuese difícil verlas. —¡Corre Michelle, corre! —se repetía nuevamente, tenía m

