Valentina sigue desecha por esa verdad que desde mucho sospechaba, deja correr sus lágrimas y no oculta ese llanto desgarrador y amargo durante el camino a la universidad. Antonio la observaba por el espejo retrovisor desde hace rato, sintiendo que el corazón se le estrujaba por no saber que decir para calmarla, odiaba verla llorar. Para él, ella era como un ángel que no merecía sufrir tanto. Y aunque sospechaba que ahora era diferente, nunca antes la había visto llorar tanto y sospechaba que ese dolor ahora no cesaría con un helado, como solía hacerlo en aquellos años. Se detiene en una esquina cerca de la universidad. — ¿Quieres contarme lo que sucede? —Pregunta temeroso, pues en esas situaciones Valentina le prohíbe meter sus narices. — ¿Quieres ayudarme? —Expresa entre sollozos, sor

