Capítulo 18

1646 Words
Vaelkaris… Del otro lado del continente, Isabella se encuentra sentada en su mesa de trabajo con la mirada perdida, preguntándose cómo es posible que en una ciudad tan habitada como Kaldby se sienta tan vacía. Desde hace cuatro días, ella siente un vacío enorme que nada logra llenarlo, ni sus dulces, flores o comida favorita. Todo se siente inútil sin él. Ni siquiera tiene con quién compartir su sentir; su padre y la señora Smith están de acuerdo con la lejanía de ella y Demian. Le dicen que es lo mejor que se acostumbre; sin embargo, no sabe cómo podría hacer eso. Tiene dos años junto a él, tiempo en el que se decidió arriesgarse en el amor. Eso no se borra de la noche a la mañana. Incluso, se ha reprochado cada momento por la forma en que lo dejó ir, sobre todo porque siempre le hizo saber que la amaba. Se lo escribió en cada carta y regalo que mandaba. Hasta la forma en que dejó a alguien para que la cuidara. Le ha resultado gracioso para ella tener una seguridad; Saulo va a todas partes y, cuando no puede, envía a Tobias. Son respetuosos y la tratan como si ya fuese la reina. Fue el mandato de él. —¿Ves, tonta? No debiste ser tan dura con él —se reprocha en voz baja. —Ahora lo extrañas, pero él está lejos creyendo que estás molesta… Las palabras de Isabella son interrumpidas por el dueño del periódico, cuya voz la saca de su espiral. —¿No crees que está muy temprano para hablar sola? —dice en tono gracioso. —Lo siento, señor Olsen —dice y da un suspiro. —Estoy algo distraída. —Tiene que ver con un chico alto, pelirrojo y que será nuestro rey —cuestiona. Aparte de su padre y nana, del entorno de Isabella solo el señor Olsen y el director del orfanato son los que saben de su relación con el príncipe. Le alegra que estos mantengan la discreción. —En parte, sí —habla desanimada. —Creo que esto te animará —dice mientras busca entre todos los papeles que tiene en la mano la nota que quizás a ella le interesará. —Aún las investigaciones no arrojan quiénes son los encapuchados; esos guerreros misteriosos son… eso, un misterio. Comenta asombrado por las destrezas y el manejo de ellos. De inmediato, Isabella cambia el semblante y comienza a interesarse por la conversación. El hombre sonríe; sabía que el tema le iba a gustar y continúa diciendo… —Son muy sigilosos; sin embargo, hay sospecha de que algunos de los integrantes sean exsoldados del ejército de Vaelkaris. Informa, leyendo el reporte en mano. La joven se levanta de su asiento de un tirón y le arrebata el informe. Desde que Demian se fue a Catleya, lo único que la saca de su tristeza es encontrar a los encapuchados, más específicamente, a su líder. No está obsesionada, solo quiere saber quién es el intrépido que está arriesgando todo por Vaelkaris. —Fascinante, ¿crees que él los esté reclutando y por eso hay tantos reportes de dimisiones? —cuestiona sin apartar su vista del papel. —No sé por qué quieres encontrarlos. Sabes que no podemos hacer ninguna nota de esto; el rey no lo permitirá —infiere en un tono más serio. Louis jamás permitiría que en su reinado se venerara a otra persona que no fuera él. Mucho menos si este está atentando contra sus intereses. —Lo sé, pero tienen derecho a que se conozca su labor. Como ayer que intervinieron una tala de árboles de manera ilegal. El pueblo debe saber que hay quienes se preocupan por ellos —comenta con determinación. —Además, para evitar las represalias del rey está… bueno, sabes. —Estás tomando mucho riesgo. Tú y… —Dice en tono bajo. —El príncipe han hablado de esto. —Demian está celoso, dice que me estoy obsesionando con ellos y que además son unos irresponsables por arriesgar sus vidas de esa forma. —Y no es para menos. Ustedes, los jóvenes, son muy… El hombre que se mantenía buscando entre todos los papeles que tiene en las manos hace silencio al encontrar una nota. —¿Qué pasa, por qué te quedas callado? ¿Qué dice? —cuestiona al verlo mirar el papel. —No, nada. —Si algo pasó, son noticias de Catleya, ¿cierto? —Sí, pero… —Igual tendrás que publicarlas, así que lo mejor será leerla ahora. El señor Olsen le pasa el papel. No habla de las noticias más recientes; más bien es el itinerario de la visita del príncipe. Desde el recibimiento hasta la formalización del compromiso. También habla de la celebración de un banquete en honor al príncipe, donde se vaticina que podría ser la presentación oficial de la pareja real. Isabella lee una y otra vez “la pareja real”; aquella idea la hace sentir una estocada en el corazón. Es como si le gritaran que es una usurpadora. Que en estos dos últimos años ha vivido una realidad alterna a la actual. La nota no tiene más información; aún los acontecimientos pasados en el banquete no son de conocimiento de los habitantes de Vaelkaris. El viaje a Catleya por agua es de tres días, por lo que el beso entre Amira y Demian no es de su conocimiento. —Creo que saldré a tomar aire. Cuando venga, me encargaré de las notas —informa y, antes de poder recibir respuesta, sale del local. En la nota que leyó no se confirma nada, solo son especulaciones que ya él le había dicho. Lo que sí le cuesta arrancar de su mente es que dos grandes naciones los vean como la pareja perfecta: una princesa de nacimiento y un futuro rey, ¿qué podría ser mejor que eso? —Isabella, no entres en pánico, él prometió que volvería a ti y lo cumplirá —se dice mientras camina por las calles sin rumbo. En Catleya… Tras caminar por unos segundos, el rey y Demian entran al estudio. Un espacio rodeado de libros, mapas, documentos y más. Hay una pared con los retratos de todos los que han sido reyes de la nación. —Once en total, once descendientes ininterrumpidos de Khennel I. Hassan Najjarid han sido reyes de Catleya; de las cuatro naciones, solo Vaelkaris y nosotros contamos con ese honor —comenta con orgullo al descubrir al joven observando las pinturas. —Y es por eso que quería hablar contigo antes de cualquier decisión. Le dice en tono serio y lo invita a sentarse. Khennel toma unos documentos y se los pasa. Demian frunce el ceño. Le ha dado los papeles sin una introducción, sin saber qué esperar. Él comienza a hojearlo y se da cuenta de que son informes con referencia a la muerte de su madre. —Esto… —Habla haciendo pausas. —Son sobre… —No termina la frase. —Muchacho, estoy envejeciendo, pero tonto no soy. Sé que hay una razón por la que estás aquí y quieres que te diga algo; te hubiese juzgado mal si no tomas esta oportunidad para esclarecer la muerte de Dayanna. Pero no vas a encontrar aquí más de lo que yo ya he investigado. Revela, causando que Demian levante la vista para verlo con desconcierto. Él vuelve a hablar con tono serio… —Demian, ¿por qué las cuatro naciones tienen tierras fantasmas? ¿Por qué tu abuelo tomó la decisión de invadir ciudades ya establecidas de Xylos que de tomar las tierras baldías? —Es una medida para alejar de los reinos a fugitivos de cualquier nación o incluso de otro continente. Tener esas tierras solitarias evita que se refugien con nosotros y así evitamos cualquier persecución o enfrentamiento de quienes los buscan. Le informa, pero no entiende la razón de las preguntas. —Exacto. Entonces, como verás, una de las reglas es que no tenemos que interferir con lo que allí suceda. No vemos, ni escuchamos, ni hablamos del tema y quien sea que esté allí no entra a nuestro territorio. El rey refuerza el argumento. —No estoy entendiendo. ¿Dices que debo quedarme con la versión de que fueron bandidos que querían robarle a un rey? —cuestiona ofuscado. —Eso es muy simple para ser cierto y concuerdo contigo, puedo jurar que no fue lo que pasó, y voy a ser más honesto, ni tu padre sabe exactamente quién mandó a realizar ese ataque —revela. —Recuerdo que esa noche ustedes dos habían discutido y… —Sí, claro. Tu padre quería hacer negociaciones con personas que no me generaban confianza; no los quería ni aquí, ni en ningún lado de Fenicia, así que tuve que negarme. Confiesa, intentando ser lo más preciso posible con el joven, que ya no sabe cómo acomodarse en el asiento. —Tu abuelo se abrió muchos frentes, así que, más que una corona, tu padre también heredó a sus enemigos, los cuales él no supo ni aún sabe cómo enfrentar. —El rey hace un breve silencio y respira profundo. —Demian, yo jamás le haría daño a tu madre; ella… todos la amábamos. Hubo un tiempo en que los hijos de los cuatro reinos éramos más que amigos. Pero no te sabría decir quién o quiénes empezaron a ver nuestras grietas y nos dividieron. Y… pasamos a solo relacionarnos por protocolo. El objetivo es ese, dividir y así poder vencernos. Khennel está convencido de que desde hace muchos años se ha trazado un plan para apoderarse de Fenicia. Están dispuestos a hacer lo que sea y eso incluye exterminar a quienes se metan en su camino. Demian comienza a sentir que le falta el aire. Todo lo que ha escuchado le parece irreal. Continuará…
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