Capítulo 15

1578 Words
¿Alguien les estará jugando una broma? —se cuestionan—. Es la única explicación lógica para aquel ambiente: aire fresco, las aves revolotean sobre ellos y el cielo se ve despejado. Un escenario perfecto para conocer a alguien que en realidad anhelabas ver; sin embargo, ese no es el caso de Demian. Por lo que el príncipe decide carraspear su garganta y con tono formal responde al saludo… —El placer es todo nuestro, princesa Amira —dice, seguido de un asentamiento de cabeza. Tanto Demian como Amira fijan sus miradas entre sí, miradas inquisitivas que pretenden escarbar lo suficiente para construir sus juicios a partir de allí. La joven princesa se enorgullece de decir que tiene un alto sentido para evaluar a las personas; es lo que la hace deducir que el caballero frente a ella es sobrio y reservado. Tiene una mirada profunda que no revela mucho. —Para mí también es un honor conocerla, alteza —habla Esteban con formalidad, sacando a los dos futuros prometidos de sus pensamientos. Por primera vez, la joven voltea a ver al familiar de su prometido. Es alto, de cabello rubio oscuro y ojos azules. Es guapo, aunque el príncipe le lleva ventaja. Ella le brinda una sonrisa amigable. —Lamento no poder recibirlos. Perdí la noción del tiempo. —Eso suele pasar cuando te gusta lo que haces —comenta Demian. —De hecho, quería felicitarte, lo que hiciste allá fue grandioso —dice y se reprende mentalmente. Nunca había utilizado esa palabra, «grandioso», en una oración. Ella sonríe con satisfacción; aunque no busca los halagos, le gusta recibirlos. —Gracias, me gusta creer que puedo ser más que una simple princesa con la responsabilidad de traer herederos a este mundo —revela sin medir palabra. Demian levanta una ceja, sorprendido por lo directa que está siendo. Es de la misma edad que sus hermanas; no obstante, se ve y habla con más madurez y soltura que una chica de su edad. Esteban también reacciona atónito. Nunca había escuchado a una mujer, menos a una de la realeza, expresar sus ideas de forma tan clara. Eso le resulta interesante. —Bueno, si no es lo que quieres proyectar, entonces lo has estado haciendo muy bien, princesa —habla Demian con rostro inexpresivo. ¿Este hombre sonríe en algún momento? —se pregunta Amira internamente. —Amira, dime, Amira, porque espero que me permitas decirte Demian —exhorta y sonríe ligeramente. —Sí, claro —le responde él sin dejar de mirarla. En ese instante vuelven a quedar solo ellos dos; Esteban y Amara parecen ya no estar en el panorama, así que deciden que lo mejor será darles espacio y quedar en silencio para que se conozcan. No obstante, los cuatro son interrumpidos por un sirviente que les transmite el mensaje de la reina. Por sugerencia de ella, pide que tanto el príncipe como su primo vayan a descansar antes del banquete; así evita lucir agotados. Pero Amira sabe que no es solo por eso; seguro su madre quiere reprenderla por la falta o quiere que se mida decenas de vestidos para terminar eligiendo el que menos le gusta a la joven. —Mi madre tiene razón, deben de estar agotados —habla Amara. —Luan le indicará sus aposentos; espero que puedan descansar. Le sugiere mientras mira a su hermana menor; ella también imagina la razón por la que su madre ha mandado interrumpir la conversación. No quiere que Amira se vuelva a escapar. Amara le hace gesto para que se retiren y ella pone en blanco los ojos. Para la joven no hay nada más tortuoso que convivir en un banquete. —Espero verlos esta noche. Demian, Esteban, que descansen —habla Amira y da la espalda para marcharse. Amara hace lo mismo. Demian ve irse a Amira. Ella es tan diferente. Se puede notar en su soltura al momento de hablar, en su caminata tan despreocupada e incluso en lo físico. Sus curvas son pronunciadas, con busto y caderas amplias y una cintura definida, a menudo descrita como silueta de reloj de arena. No suele fijarse en algo tan superficial como lo físico, pero simplemente en ella no puede omitirlas. —Qué extraño —dice Demian. —¿Qué es extraño? —pregunta Esteban. —Nada —responde sacudiendo la cabeza. —Oye, parece que te agradó la princesa. Habla con una ceja levantada. Nunca había visto a su primo prestarle tanta atención a una mujer. Le gustaría decir que le agrada, pero por alguna razón no quiere. —Por favor, Demian —dice en tono de reproche. —Solo me pareció una chica muy peculiar. ¿Qué opinas tú? —Sí, ella… —Pausa y queda pensativo. —A ella no te la sabría describir, es inusual, creo que así la definiría. Comenta mientras aún permanece observando por donde vio partir a las hermanas. Una vez que sale de sus impresiones, se dispone a ser guiado por el sirviente, quien lo conduce de vuelta al palacio. Ya allí lo lleva al ala izquierda, donde se suelen hospedar los visitantes. Del otro lado del palacio, están la reina y Amara en la alcoba de Amira, quien no tuvo de otra más que obedecer a su madre y probarse la infinidad de vestidos que tiene sobre su cama. También tuvo que soportar su regaño, advirtiéndole que mientras esté Demian tendrá que comportarse y permanecer junto a él. La joven se cuestiona si en realidad él quería pasar tanto tiempo en su compañía. No es tonta, hizo su investigación “militar”, para llamarlo de una forma. Descubrió muchas cosas, pero lo que captó su atención es que el príncipe mantiene una relación de bajo perfil con una hermosa rubia. No puede decir que conoce a Demian; sin embargo, por lo que investigó y lo poco que vio de él, no parece un hombre que obedezca todos los mandatos de su padre y menos si está involucrado alguien que quiere. Por lo que eso la lleva a cuestionar la verdadera razón por la que aceptó. —¿Ustedes no notaron algo extraño en Demian? —cuestiona Amira. —¿Cómo qué? Por lo que pude ver, es un hombre callado y reservado; no vi nada inusual —responde Amara. —Sí, eso noté. Me gusta su carácter; es callado, pero firme. Será buen rey, nada que ver con el codicioso de Louis. Que es el único que me preocupa de este compromiso —confiesa la reina. Amara y su madre se vuelven a enfocar en los vestidos, pero Amira no deja de analizar la situación. Ahora le interesa saber por qué su madre tiene sus reservas con el rey de Vaelkaris. Más tarde… El personal del palacio se desplaza por todo el lugar con rapidez; la hora del banquete se está acercando y las órdenes estrictas de la reina son que todo quede perfecto. No obstante, el rey se encuentra resguardado en su estudio. Sabe lo intensa que puede llegar a ser su esposa cuando prepara una fiesta como aquella. —Su Majestad, aquí están los informes que ha enviado el príncipe Zahir —comunica la mano derecha del monarca. —Bien —dice extendiendo sus manos para tomarlos. —¿Aún permanece en Bussana o ya se fugó al otro lado del mundo? —cuestiona observando los papeles. —Aún está en Bussana, pero dice que aún tiene toda la intención de viajar hacia Europa. El rey suelta un resoplido. —Este muchacho me terminará matando. Debería estar aquí asumiendo su rol como heredero y apoyar a su hermana —dice y pasa sus manos por su frente, sintiendo que su cabeza comienza a dolerle. —Está bien, Omar, ya te puedes retirar —pide; sin embargo, el hombre continúa en el mismo lugar. El rey frunce el ceño. ¿Qué pasa? —Señor, sé que usted ha sido firme con la idea del compromiso de la princesa Amira y el príncipe Demian, pero aún sigo pensando que hay algo sospechoso. Después de tanto tiempo, que el rey Louis quiera establecer alianzas por vía de un matrimonio. No tiene sentido. —Amigo, no vamos a darle tantas vueltas; es una oportunidad única para unir fuerzas. Además, estaremos muy pendientes. ¿Algo más? —Y el príncipe. —¿También he escuchado de él? Hasta donde sé, es hábil en las batallas y en los temas políticos; está muy comprometido con su deber de príncipe heredero. ¿Qué le ves mal? —Usted no cree que el…… —No —dice con voz cortante. —Hace dieciocho años un niño se fue con el corazón roto de esta nación. No sé si volvió a buscar culpables o ya olvidó; sea como sea, lo mejor es no manchar este encuentro —dice suspirando. Él también se cuestiona todo. —No te preocupes, estaré vigilándolo. Tú encárgate de lo que ya sabes. El hombre asiente y se marcha poco convencido de los planes futuros del rey. —Los errores del pasado a veces se pagan con sangre, ¿pero la de quién será esta vez? —pregunta mientras se recuesta del sillón sintiendo un fuerte dolor de cabeza. Khennel nunca ha querido ser visto como el mejor hombre del mundo o el más sabio. Ha cometido muchos errores y necesita que sus pasos de ahora en adelante sean mejores que los que fueron en el pasado.
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