Capítulo 32

1791 Words
Después de la difícil conversación que Demian y Esteban sostuvieron con su tío, este último tomó la decisión de quedarse hasta la boda. Pretendía dejar a su madre y volver para el día de la ceremonia; nunca le ha gustado estar en el palacio; sin embargo, la noticia de quiénes son los responsables de la muerte de su querida hermana lo ha hecho querer llegar hasta el final. Siempre tuvo sus sospechas de Louis, pero era muy joven para actuar en esos momentos; también estaba el hecho de que aún no tenía la responsabilidad de las empresas familiares. Para cuando tuvo el poder y los recursos, se convenció de la historia de que los responsables eran unos simples bandidos; por el bien de ambas familias y el reino, así lo creyó. No obstante, estas nuevas informaciones no las piensa dejar en el aire. En su momento, Theodor Karlsen actuará. Ya para estas alturas, el príncipe heredero ya sabe que nada, ninguno de los pasos que ha dado, tiene vuelta atrás. ------- Los días se acercan, los rumores se intensifican y una invitación, que se ocultó entre muchos papeles, está cerca de ser descubierta. Dos semanas después de anunciarse la boda real, invitaciones de esta empezaron a llegar a las residencias de las familias más prominentes de toda Vaelkaris. Por 9.985 kilómetros cuadrados de territorio, estas fueron movilizadas. Y no era para menos, no era cualquier invitación; era un símbolo, un documento político que quedaría para la posteridad. Su unión representa una alianza y equilibrio entre el fuego y el hielo, el inicio de una nueva era. Estas contaban con un diseño vertical, de bordes largos y refinados con detalles de relieve dorado. En el centro, parte superior, está la combinación de los dos escudos. Seguida de toda la información de ambas casas reales, tanto la Heraldson Karlsen como la Hassan Najarid. Habitaciones de posadas reservadas, casas rentadas por unos días; todo el comercio de la nación se movilizó. Nadie quiere perderse la boda de los futuros reyes; todos quieren ser parte de la historia. No obstante, durante esos tres meses, hubo una joven que trató de manejar la situación lo mejor posible. Para su suerte, eran muy pocas las personas que conocían su relación con Demian, así que no tuvo que soportar todos los días la pregunta de: “¿Cómo estás?, ¿cómo te sientes con respecto a la boda?” Esas preguntas ellas mismas ya se las hacía y la respuesta: dolor, tristeza, enojo, rabia. No puede ser hipócrita y decir que no es lo que siente. Y todo dolió más cuando se enteró de que la princesa de Catleya ya estaba en Kaldby, y eso lo confirmó cuando vio un desfile de carruajes pasar por las calles. Se imaginó que en uno de esos estaba ella y que quizás él fue a buscarla al puerto. Aun escondiendo todo lo que él había regalado, sus cartas, obsequios, todo lo escondió; incluso le pidió a Saulo que deje de cuidarla. El jardín, en un arranque de ira, nada propio de ella, lo arruinó y ahí se dio cuenta de que su dolor por el rompimiento la estaba llevando a un mundo donde ella no pertenece. Así que se aferró a su trabajo, al orfanato, a su investigación; los encapuchados. Aún recuerda cuando abrió la carta; fue al día siguiente después de haber terminado con Demian y haber llorado desconsoladamente. Allí estaban sus letras, un tanto descuidadas, muy diferentes a las de Demian, pero que mostraban carácter… Querida Isabella, me alegra saber que en el periódico de Vaelkaris hay una joven como tú, determinada y decidida a contar la verdad. No dudo que, en un futuro, cuando la nación deje de ser tan restrictiva con la información, sea de mucha ayuda tu valentía. Sin embargo, por el momento debo decirte que me apoyarías más si no te pones en riesgo. En estos momentos no estamos en la mejor posición, por lo que odiaría que salieras lastimada. Por favor, si en realidad me quieres ayudar, mantente a salvo. Prometo un día pararme frente a ti y contarte toda mi historia, toda mi verdad. Se despide el líder de los encapuchados. Leer la carta fue toda su experiencia; Isabella no duda que en estos momentos ellos estén detrás de algo importante; sin embargo, ellos son lo único que ella cree tener en estos momentos. Por lo que se niega a dejar de buscarlo; simplemente no puede perder otra cosa más. —Señor Olsen, aquí… —Isabella hace pausa cuando el hombre esconde algo debajo de unos papeles. —¿Qué pasa? Llegué en mal momento. ¿Por qué esconde esa carta de mí? Cuestiona con el ceño fruncido. Su jefe siempre ha sido abierto con todas las informaciones que llegan al periódico; es la razón por la que se ha quedado. Odiaría que, aparte de lo limitante que son las leyes, él también la restrinja. —No, no escondo nada —dice fingiendo una sonrisa. Isabella lo mira con suspicacia. —Señor Olsen, usted no sabe mentir, por eso su esposa vive discutiendo con usted. Dígame, ¿qué esconde…? La conversación es interrumpida por una imprudente joven que entra a la oficina de su padre sin anunciarse. —Papá, ¿ya elegiste quién irá a palacio a hacerle la entrevista al príncipe Demian y a la princesa Amira? —pregunta Penélope. Esta queda en silencio cuando ve a Isabella y, como niña pequeña, dice: —No, ¿por qué ella?, yo quería conocer al príncipe, nunca puedo verlo tan cerca. —Penélope, hija, ninguna de las dos irá al palacio. La entrevista la haré yo y Lupin irá conmigo para hacer el retrato. Comenta tratando de que sus palabras sean lo más suaves posible para no lastimar a Isabella. Él nunca dijo nada acerca de la relación de ella con el príncipe; sin embargo, imaginó que algo así llegaría a pasar. —Bien, pero quiero ir a la ceremonia. Advierte y por fin sale de la oficina. Isabella se encuentra parada sin decir ni hacer nada con la mirada perdida. —Disculpa, Isabella, intentaba que… —Las palabras del hombre son detenidas por ella. Isabella sacude la cabeza; ya sabía de la boda y sabía que en algún momento el periódico tendría que cubrirla; no tiene sentido que reaccione de esa forma. —Está bien, vivimos en la misma ciudad y trabajo en un periódico; a menos que me vaya a vivir a otro continente, será imposible no saber de él —comenta recuperando su compostura. —¿Estarás bien? —pregunta genuinamente preocupado. —Claro —dice y trata de sonreír. Él solo asiente; sin embargo, busca entre todos los papeles una información para animarla. —Por cierto, tus amigos los encapuchados se han mantenido bajo perfil; sin embargo, una fuente asegura que meses atrás el líder los convocó a todos y tuvieron una reunión. No se sabe en qué están metidos, pero parece que es algo grande. Le informa pasándole el documento. Allí también están escritos diferentes lugares donde vieron a hombres con apariencia militar movilizándose por las afueras de la capital. —¿En serio? —dice ella con ánimo, borrando el sentimiento de tristeza. —Esto dice que vieron a hombres sospechosos por las afueras de Kaldby, ¿será que tendrán su guarida cerca? —No lo sé y tú no deberías investigarlo; recuerda la carta que te dejó. Además, ya fuiste al lugar donde se supone que vieron al líder y allí no hay nada. Una semana después de su rompimiento con Demian, Isabella se determinó a buscar cualquier distracción que la haga olvidarlo. Una de esas fue mentirle a su padre y viajar hacia un pueblo pequeño en medio del bosque llamado Kino, junto a Lupin y el hombre que describió el supuesto rostro del líder. Recuerda ir vestida de ropa masculina para ocultar un poco su apariencia. Llevaba un jubón de terciopelo color n***o de mangas cortas, debajo una camisa blanca de mangas holgadas, pantalones, botas largas y su melena rubia estaba cubierta con una boina. Para la joven fue toda una experiencia su travesía; aun así, allí no encontró nada. Ni un lugar que le diera indicios de que ahí podría ser su guarida. —Bueno, que allí no hubiera nada no quiere decir que no esté cerca. Algo me dice que su escondite está en los alrededores de la capital. Asegura muy confiada de su intuición. —¿Crees que serían tan tontos de esconderse cerca de aquí? ¿Eso no sería una declaración de guerra al rey? —cuestiona el señor Olsen. —Eso sería una estrategia muy inteligente de su parte. Es un lugar en el que nadie creería que podrían estar. —Bien, pero ni se te ocurra hacer otra locura como la que hiciste —advierte señalándola. Él nunca ha estado de acuerdo con que ella se arriesgue de esa forma. —No quiero que tu padre piense que yo soy el que te incita a hacer toda esta locura. —No te preocupes, tomaré todas las precauciones —asegura feliz. Encontrar a quien se ha convertido en su ídolo es lo único que no la ha arrojado al borde de la locura. Hasta su rompimiento con Demian no se había dado cuenta de lo solitaria que era su vida. No se dedicó a hacer amigos, tampoco es como que le interese hacerlo, pero igual necesita algo a que aferrarse. Isabella está a punto de irse de la oficina cuando en una de las mesas decorativas ve un papel con un logo de montañas y el nombre de Séfora. Por alguna razón, siente que ha visto aquel sello en algún lado y ha escuchado el nombre. —¿Qué es esto? —cuestiona tomando el papel en sus manos. El señor Olsen levanta la cabeza para ver a qué se refiere la joven… —Ah, es una empresa, tengo entendido, de una minería que ya no existe. Supe que el príncipe la ha estado investigando. No sé por qué, solo sé que el director de una constructora fue interrogado por él —comenta con tono confundido. —Últimamente, ninguna de las noticias tiene sentido. Es como si todo estuviese conectado y al mismo tiempo fueran hechos aislados. Termina de decir con honestidad, sintiendo que en todos los años que tiene manejando informaciones de suma importancia, esta es la primera vez que no entiende nada. La joven se queda analizando, buscando entre sus recuerdos, pero aún no logra conectar lo que observa con lo que cree haber visto antes. Lo que sí sabe es que ese nombre le resulta familiar. ¿Dónde lo habré escuchado? —se cuestiona en sus adentros.
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