Tres meses después…
Vaelkaris…
Meses, semanas, días y horas transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos. Y durante ese tiempo, todas las penas, el dolor, la tristeza pasaron; al menos es lo que se dicen a sí mismos. Todos continuaron con sus vidas como de costumbre y, para algunos, fue un proceso difícil; sin embargo, era necesario.
Entendieron que soltar es la mejor forma para avanzar cuando tienes un objetivo como el que Demian tiene. Lo comprendió cuando empezó a unir las piezas del rompecabezas que ha intentado armar durante tantos años. Cada vez está más cerca; no lo sabe todo, pero lo siente y eso es lo único que necesita por el momento.
—¿Aún no nos hemos dado con el paradero de Philip Brown? —cuestiona Demian desde su asiento.
El día que se sacó a Edward Jones de la posada, lo llevó a una sala de interrogatorios, un lugar más privado para poder sacarle la verdad. No hubo tortura, más bien presión psicológica para que creyera que si no hablaba podría recurrir a otros métodos. Nunca lo haría, no lastimaría a nadie por el simple gusto de hacerlo, aunque no puede declararse inocente con los juegos mentales.
Al final, llegaron a un nombre: Philip Brown. Un marqués de la corte inglesa, dueño de una minera nombrada con apellido. Se conectaron los lazos y ya se sabe que este es uno de los inversionistas mayoritarios de Green Company, una constructora internacional con presencia en algunos países del mundo; son los que le abren paso a que estas minerías exploten recursos y destruyan el ambiente a diestra y siniestra.
El nombre también está entre los documentos que Esteban le había mostrado antes de encontrarse con el señor Jones, así que esas piezas encajan. Ya tiene al aristócrata involucrado; ahora falta rastrear a la amenaza real, la cual asume que es su socio, el dueño de Séfora.
Y en este punto, de forma anónima le llegaron unos documentos. Tenía una carta que decía: “Espero que te sirva en tu investigación”. Ni una palabra más ni una menos. La carta estaba sellada con un símbolo que trata de una media luna siendo atravesada por una flecha, con una flor de loto abierta detrás. Tiene grabado el lema: justicia, verdad y lealtad.
Estaba a punto de creer que era una broma hasta que vio los documentos; eran papeles de la constitución de la minera Séfora. Por fin, tenía un indicio real de la empresa que se vincula con la muerte de su madre. Los papeles mencionan varios nombres, todos muertos, según arrojó su investigación en estos últimos tres meses. De los mencionados, solo quedaba uno, o eso creen, ya que no encontraron ningún acta de defunción. Demetrios Constantino.
Una vez que leyó ese nombre, recordó haberlo escuchado antes. Buscó y encontró que los Constantino, aunque no eran nobles, eran una familia reconocida en la elaboración de joyas.
Vivian y eran dueños de unas tierras en el estado de Luthertoon; fueron propietarios de estas por más de dos generaciones, hasta que Louis IV, abuelo de Demian, según los registros, firmó un decreto para comprar las tierras y extraer… no oro, sino un líquido de color azabache que se creía podría ser explosivo.
Como no se entendía cuál era su uso real, buscaron profesores ingleses, incluso asiáticos, que ya habían trabajado con algo parecido para explicar cuál era su función.
El expediente de los Constantino fue sellado; no se encontró más información. Ni siquiera se sabe cuántos miembros de la familia eran o quedan. Es como si el apellido hubiese desaparecido de toda Fenicia. Solo que, supuestamente, les pagó y ellos se marcharon de Vaelkaris. Tampoco encontraron qué pasó con la extracción de aquel líquido.
Se rumorea que hubo mucha tensión en esa parte de la nación para ese entonces, preocupados de que esto pudiese destruir la naturaleza de sus bosques. Por lo que se sabe, hubo varios muertos. Y muy en el fondo de los estantes de la cámara de justicia, Demian y Esteban encontraron registros de reportes de disturbios en la misma ciudad hace quince años, donde también hubo heridos y muertos. Motivos de estos disturbios: censurados.
A todos los documentos les falta mucha información. No obstante, alguien se ha empeñado en censurarlo y solo dejar migajas de pistas. A su entender, sea quien esté detrás de todo, si quiere que lo encuentre, ¿pero por qué? ¿Por qué no solo revelarse y exigir lo que quiere?
No obstante, Demian no descansará hasta llegar al final de toda esta historia.
—No, aún no ha vuelto a su residencia en Londres —responde Esteban. —Supongo que la seguridad que dejamos en la posada les dio tiempo de avisarles que teníamos a su empleado.
—¿Y los sirvientes, aún no dicen nada? —pregunta.
Ellos enviaron espías para que se infiltren en la residencia de Philip Brown. Sin embargo, no ha encontrado nada; el hombre ha sabido mantener su fachada de ´´noble comprometido con la corona inglesa´´.
—Según el último reporte que nos enviaron, la hija mayor se casará en unas cuantas semanas, así que asumo que él estará ahí —dice pasándole el reporte. —Estaba pensando en viajar hasta Londres después de…
—No, yo iré, necesito confrontarlo yo mismo —dice con firmeza.
—¿De qué hablas? Para ese momento estarás de luna de… bueno, eso, ¿dejarás a Amira aquí sola? —cuestiona imaginando la respuesta.
—Me casaré en una semana, y partiré al día siguiente; sé que Amira lo entenderá, ella sabe mejor que nadie la razón de esta alianza —argumenta.
Su matrimonio será real para ambos reinos y pueblo, pero para ellos es una alianza en la cual tendrán que adaptarse a la toma de decisión cuando se trata de la amenaza.
Esteban hace un ademán de rendición. Solo conoció a Amira por tres días y lo que vio de ella no es de una chica que captará todas las órdenes de su esposo. Así que duda que ella acepte que él viaje hasta el otro lado del mundo un día después de su boda de forma tranquila. Sin embargo, no la conoce del todo, así que no abundará más sobre el tema.
—¿Y con lo otro? —habla en tono curioso. —Me refiero a la mujer misteriosa que te envió los documentos. He estado investigando, a ver si alguien reconoce el símbolo, y nada —informa. —Al menos de Vaelkaris, no es.
Demian frunce el ceño; se había olvidado de ese detalle.
—¿Por qué asumes que es una mujer?
—¿En serio quieres que te explique eso?
Esteban está convencido de que es una mujer; la media luna y la flor de loto dicen mucho.
—Sea quien sea, necesito saber su paradero. ¿Cómo sabe que investigo esa empresa? ¿Cómo consiguió esos documentos? ¿Y por qué me está ayudando? —cuestiona con intriga.
No sabe si ver a la persona anónima como un aliado o amenaza. Sí trabaja para el dueño de Séfora y solo le está dando pistas para desviarlo. Aunque en esos documentos haya un nombre, aún no es referente de nada.
—Lo que no entiendo es cómo terminaremos conectando todos estos puntos y terminaremos con un solo hilo —cuestiona Esteban. En sus manos tiene un papel con todos los nombres mencionados unidos por líneas sin encontrar un punto central. —Siento que cada vez es más complejo.
—Lo es.
Afirma mientras se recuesta en la silla, con los ojos cerrados, sintiendo tensión en su cuello.
Esteban tiene intención de irse para dejarlo descansar, pero su primo ha estado muy callado con un tema en específico y en una semana será un hombre casado.
—Oye, y sobre ella… —murmura en tono muy bajo como si fuese un secreto.
Demian abre los ojos, mira hacia el techo y suspira…
—El día después que regrese de Catleya, nos dijimos todo lo que necesitábamos escuchar —revela con aún un poco de tristeza. —Debajo del árbol de durazno nos despedimos. No tiene sentido que nos torturemos; me basta saber que ella estará bien.
Le comenta, sintiendo un poco de alivio; por lo menos su amada no estará en medio de la lucha de poder.
En estos últimos meses ha evitado ir al pueblo; trata de hacer cosas puntuales en lugares donde sabe que no la verá. Hay actividades públicas a las que no debe faltar y no la ha visto en ninguna; sí al director del periódico donde trabaja, pero Demian evita cruzar palabras con él, así no tiene la tentación de preguntar por ella.
No es lo único que el príncipe ha evitado en estos meses. También está el tema de su padre, Lucinda, Fraser y el bebé que viene en camino.
El rey decidió casarse en una discreta ceremonia debido al estado de embarazo de ella. La boda fue en la pequeña capilla del palacio, lugar con el que ella no estuvo conforme. Quería un festejo igual o más grande del que tuvo el monarca con la reina Dayanna; sin embargo, no fue lo que obtuvo.
Su abuela y hermanas tuvieron que asistir; no obstante, él se abstuvo de participar en aquel circo.
Cuando tuvieron que anunciarlo al pueblo, no lo recibieron como ellos querían. A casi nadie le importó; en los últimos meses el rey ha perdido su popularidad y, aun peor, autoridad. Todos están interesados en la gran boda de Demian y Amira.
—¡¿Por qué te empeñas en negarme mi derecho?!
Exclama Lucinda entrando en la oficina de Demian sin ser anunciada.
Demian se incorpora de su asiento y Esteban se levanta de inmediato al escuchar el escándalo.
—Lo siento, alteza, no pudimos detener a la duquesa por su…
Las palabras del guardia son detenidas por ella. Detesta el único título que el rey le puede otorgar por el momento.
—¡No, no soy una duquesa, soy la reina de Vaelkaris! —grita con rabia.
Ya, Lucinda tiene cuatro meses de embarazo; ya se le puede notar. Sin embargo, su carácter ha empeorado desde entonces. Sin hablar de Fraser, que en cada asamblea se vuelve más insoportable.
—Ya puedes retirarte —ordena Esteban al guardia.
Luego mira a su primo como si preguntara si la escuchará. Demian hace gesto de fastidio, pero asiente. —Yo me retiro —dice y se va.
Demian mueve su cuello de un lado a otro, para luego mirarla a ella con molestia. Odia tener que lidiar con los asuntos de su padre. Desde su punto de vista, Lucinda y él no tienen nada que los una como para que interrumpa en su oficina.
—¿Se puede saber por qué diablos entras a mi oficina sin anunciarte primero? ¿Acaso crees que puedes comportarte ante mí como lo haces con mi padre?
Le habla en tono severo y mirada fría. Quiere establecer una distancia entre ellos dos, para que cada uno asuma su lugar en el palacio y evitarse esos encuentros.
Ella traga saliva; aun así permanece de pie fingiendo control.
Continuará…