En medio de un mar inquieto de aguas densas y profundas, un barco de siete velas se aproxima a las orillas de Vaelkaris. Es exactamente como se lo describieron; aún no ha pisado tierra; sin embargo, ya se puede apreciar el paisaje.
Desde la proa del barco, una joven de tez canela puede observar las altas y puntiagudas montañas de la nación; no están cubiertas de nieve, le hubiera encantado ver el espectáculo; no obstante, se ven de un verde intenso que hipnotiza.
Sea como estén de ahora en adelante, aquella vista será su vista y aquel cielo será el mismo que compartirá con su esposo.
—¡Wow!, alteza, esa vista es hermosa —exclama Letty, la dama que la acompañará en su nueva vida. Amira no quiso un gran cortejo, solo aceptó que la joven, dos años mayor que ella, de tez morena, la acompañara.
Aunque la joven dama no es la única; también en el barco se encuentra Guilliam, el fiel protector de Amira, observando todo desde su puesto. A él se le encomendó la seguridad de la princesa. Este no se negó, ni siquiera titubeó al aceptar; era algo que sabía que tenía que hacer, más bien que necesitaba hacer. Incluso tuvo el atrevido pensamiento de ir a solicitarle al mismo rey dicha encomienda antes de que se la asignaran.
—Sí lo es, creo que no podremos quejarnos con esa parte, aunque no puedo decir lo mismo del clima —comenta Amira, mientras se acomoda su abrigo.
El clima de Vaelkaris es el otro extremo de Catleya; ahora debe adaptarse a temperaturas bajas y a las constantes lluvias. Sin embargo, no lo ve como un reto; le encantan las aventuras y más si tienen un toque de peligro.
—Alteza, ¿usted cree que se adapte a vivir aquí? —cuestiona la joven con inocencia.
Amira le brinda una sonrisa, porque no duda en que podría hacerlo, solo duda de si su futuro esposo querrá que lo haga. Ella estará viviendo en la misma ciudad donde se encuentra su amada, así que considera que llevar esa carga emocional debe pesar.
—Claro que sí —responde. —Todos nos adaptaremos —dice y Letty asiente.
La reina Edurmes, a pesar de sentirse feliz por la boda, le aseguró que si en algún momento no se siente bien recibida ni feliz en el reino, que no dude ni por un instante de que la estarán esperando en casa. No importa cuántos acuerdos tengan que romper, ninguno estaría por encima de ella.
Su padre fue más allá, le prometió iniciar una guerra, si es que es necesario, con el único objetivo de protegerla. Como rey, se debe a una nación; como padre, a sus hijos.
Sus hermanos también le brindaron su apoyo, sobre todo el príncipe Zhair Malik, quien lleva una lucha entre si desea o no el trono de Catleya; no obstante, cuando se trata de sus hermanas, no tiene miedo de enfrentarse a quien sea.
Amira nunca ha dudado del apoyo de su familia; sabe que puede contar con ellos. Solo le gustaría que dejaran de verla como una chica indefensa, porque no lo es. Aunque aprecia sus consideraciones, sobre todo el hecho de que llegarán a Vaelkaris dos días antes de la boda, así ella puede tener su espacio para conocer a su nueva familia sin tantos espectadores.
—Ahí están —habla Esteban mirando cómo el barco empieza a acercarse al puerto.
—Sí, y ahí está.
Comenta Demian con la vista hacia la misma dirección, sin saber qué le hace sentir la llegada de Amira. Ha estado concentrado en sus investigaciones que no se detuvo a pensar en eso. Solo cuando su abuela le solicitó ir por ella al puerto es que fue consciente de que pronto se casará con ella y desde entonces no puede ponerle nombre al sentimiento que eso le genera.
Esteban voltea a verlo; su mirada parece perdida. Él solo le da tres ligeros golpes en su hombro como si tratara de darle ánimo. No tiene la menor idea de cómo se debe sentir su primo en ese momento; sin embargo, asume que debe ser confuso.
Las miradas de ambos están al frente, observando un barco parecido en el que Demian viajó antes, pero las velas llevan el escudo de Catleya. Es elegante y de forma simétrica, con un acabado en dorado que simboliza riqueza, poder y abundancia. El fondo principal es rojo, color asociado con la realeza, la fuerza y la pasión del reino.
En la parte más alta se encuentra un disco dorado con alas extendidas, que representa: Protección y autoridad.
En el centro del escudo destaca la figura de una palmera, que nace desde la base y se abre hacia arriba. Este símbolo representa vida en medio del desierto, crecimiento, esperanza y resistencia.
El escudo está dividido en dos paisajes: del lado izquierdo hay un vasto desierto con dunas y del lado derecho hay un oasis. Esta dualidad muestra que Catleya es tanto implacable como generosa.
Un escudo tan imponente como el de Vaelkaris: dos grandes naciones que representan a la perfección a sus futuros jóvenes reinantes.
—Listo, princesa, ya podemos bajar —habla Guilliam una vez que el barco ha arribado.
Ella ni por enterada estaba; desde una distancia empezó a divisar dos figuras masculinas y, a medida que se acercaban, las pudo identificar, sobre todo a la de Demian. Le alegró ver que él fue a recogerla, a pesar de que ella no tuvo la misma cortesía.
—El príncipe se ve muy guapo, y el señor Karlsen también —le susurra Letty muy cerca de Amira para después tapar con sus manos su sonrisa.
Amira reacciona divertida, porque es cierto, él siempre está impecable. Tiene una camisa blanca de mangas holgadas y sobre ella un jubón azul oscuro ajustado al cuerpo. Su cabello está perfectamente peinado y por primera vez lo ve con una barba muy prominente. Con ella se ve más maduro y autoritario. Sus manos están detrás de su espalda y su postura es recta, digna pose de un rey.
¡Dios! Se ve tan guapo —piensa Amira muy en sus adentros.
Está tan perdida que Guilliam carraspea su garganta para sacarla de sus cavilaciones.
—Princesa —llama con suavidad.
Ella mueve la cabeza y le presta atención.
—Oh, sí, lo siento, Guilliam, creo que esta temperatura me está afectando —comenta y se dirige a la salida con las mejillas rozadas.
Ella respira profundo y vuelve a tomar el control de todo su sistema. Lo menos que necesita es que su futuro esposo crea que ella espera más de lo que él ya le dijo que dará. Tiene las cosas muy claras, sabe que su matrimonio no es más que una alianza de dieciocho meses. No existirá el romance, ni promesas de un felices para siempre. Todo se limita a exterminar la amenaza que afecta a Fenicia.
Mientras Amira baja las escaleras, Demian observa su cambio. Ya no está usando los vestidos de tela ligera y mangas de tiras. Ahora lleva un vestido verde salvia de estilo cottagecore con mangas tipo linterna voluminosas desde los hombros hasta los puños. Tiene un escote cuadrado con un detalle de lazo ajustable en el centro del pecho. El corpiño es de estilo corsé, un sello característico de Amira, ajustado a la cintura para resaltar la silueta. La falda tiene un corte en línea A con vuelo, lo que permite un movimiento fluido al caminar.
En sus hombros cae una capa larga del mismo color del vestido. Cuenta con un cuello de piel voluminoso que se cierra discretamente en la parte superior.
No obstante, su cabello corto sigue intacto, al igual que su radiante sonrisa. Eso es algo que el príncipe no puede negar que le agrada.
—Alteza —dice ella cuando se para frente a ellos mientras hace una reverencia. —Señor Karlsen. Qué gusto verlos de nuevo.
Demian y Esteban hacen una reverencia con la cabeza, brindándole una sonrisa.
—Espero que tu viaje haya sido placentero —habla Demian con un entusiasmo que no creía tener a estas alturas.
—Para mi sorpresa lo fue. Solo necesitaré adaptarme a su clima —le dice en tono divertido. —Caballeros, le presento a mi dama, Letty. —La joven hace una reverencia. —Y a mi entrenador y cuidador, Guilliam, estará un tiempo conmigo —comenta.
Guilliam hace una ligera reverencia, pero eso no es lo único que los primos notan; observan que los mira como si estuviese a punto de atacarlos si se acercan a Amira. Hecho curioso para ellos. Sin embargo, Demian lo ignora.
—Deben estar cansados, lo mejor será irnos —habla Demian. —Princesa —dice y le ofrece su brazo; ella lo toma y juntos avanzan hacia el carruaje, mientras Esteban se encarga de guiar a los demás.
El príncipe no sabe por qué, pero la actitud territorial del entrenador de quien será su esposa no le agradó. Parece que lo ve como un enemigo y esas libertades no se las piensa conceder a nadie. Por su parte, Amira va ajena a la incómoda interacción entre los dos hombres; está concentrada en otras cosas. Como en lo caballeroso que está siendo su futuro esposo. Este se toma el tiempo para ayudarla a subir al carruaje techado y espera hasta que se acomode para luego subir. Da la orden y avanzan hacia el palacio.
La joven aprovecha para observar un poco del pueblo; tiene un sistema muy organizado y limpio. Hay guardias que patrullan, evitando que las calles sean dañadas. Observa, la infraestructura es hermosa y bien diseñada. Hay muchos comercios, como perfumería, panadería y otras tiendas más.
También divisa una enorme biblioteca y una construcción de dos pisos que parece un periódico.
—Genial, me gustaría ver su periódico; seguro es tan informativo como el de Catleya —comenta Amira divisando.
Demian, que iba sonriendo mientras la observaba admirar su pueblo, cambia de forma repentina, recordando quién trabaja allí.
—Sí, digamos que lo es —dice mirando al frente. —Tendrás mucho tiempo para conocer Vaelkaris.
Le sugiere, tratando de sonreír. Agradeciendo que ya pasaron del lugar. Amira asiente.
Después de unos treinta minutos, la joven comienza a divisar los muros que resguardan el palacio. Los guardias que están en la entrada identifican los cuarrajes y de inmediato abren las puertas. Una vez allí, continúan el camino de piedras adoquines que llevan auna hermosa vista de una fuente en medio de un jardín y un majestuoso palacio real.
—Es hermoso, puede que quizás compitan con el de Catleya —comenta con diversión.
—Disculpa, ¿estábamos compitiendo? —le cuestiona sonriendo; ella le devuelve la sonrisa.
El carruaje llega a la entrada y Demian baja para ayudarla a salir. Detrás de ellos llegan los demás junto a Esteban.
En las escalinatas ya están la reina madre y las princesas, Valentina y Valeria. Y esta vez también se encuentra el rey Louis junto con Lucinda y, para su mala fortuna, Fraser. Demian no esperaba este tipo de descaro, pero igual lo dejará pasar.
Una vez que Amira baja y visualiza a las personas que esperaban su llegada, trata de disimular su rostro de sorpresa al ver a una joven junto a su suegro. Sabía de los rumores de que se había vuelto a casar, solo que no sabía que su esposa estuviese embarazada.
La princesa voltea a ver a Demian con sutileza; él capta lo que ha llamado su atención y dice…
—Luego te explico.
Ella asiente y se apoya en el brazo de Demian para subir los peldaños, mientras se cuestiona si su futuro esposo será consciente de que, en los temas monárquicos, un heredero que no perfila tener un heredero es blanco para una usurpación.
De qué habló, no creo que un bebé que ni ha nacido pueda ser utilizado para tal cosa… ¿O sí? —continúa cuestionando Amira, percatándose de la extraña sonrisa del hombre que está junto a su suegro.