Capítulo 11 Eres un perverso. Jacinta Mis labios ardían, y el dolor de los mordiscos aún persistía mientras mi pecho subía y bajaba con rapidez. No pensé, no medí las consecuencias… simplemente lo abofeteé con toda la fuerza que pude reunir. El sonido de la bofetada resonó en la habitación, cortando el silencio, pero fue su mirada lo que realmente me heló la sangre. El golpe que le di había dejado una ligera marca en su mejilla, pero era su expresión lo que realmente me aterraba. Estaba tan cerca de mí que podía sentir la tensión en su cuerpo, como si cada músculo estuviera listo para reaccionar. —¿Crees que puedes hacer eso y salir ilesa? —su voz, baja y peligrosa, rompió el silencio mientras se acercaba un paso más, acorralándome contra la pared. Cada palabra estaba impregnada de una

