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Cómo enamorarte de tu jefe

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Blurb

Un sueño, una relación falsa y dos hermanos, la combinación perfecta para el desastre.

Emily, una joven alegre y soñadora, perdió todo de un día para otro.

Ahora su único objetivo es ser la mejor abogada de la ciudad y convertirse en socia del bufete de abogados donde trabaja, para lograrlo tendrá que fingir una relación falsa, ¿podrá conseguir sus sueños sin caer rendida ante los brazos de Henry Clark? el hermano menor de su falso novio.

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Capitulo Uno
¿Cuánto tiempo le toma al universo cambiar tu vida? Yo diria que un segundo. Recuerdo el instante en qué mi vida cambio, aquel día que lo perdí todo. — Mamá, papá. — digo en voz baja un poco avergonzada, hoy es mi primer día en la facultad de derecho en Harvard. Viaje junto a mis padres desde new York hace algunos días para instalarme en mi dormitorio, Pero se negaron a regresar, no hasta verme entrar en mi primer día de clases, es igual a mi primer día en el kinder, incluso las lágrimas de mi madre. — Estoy tan orgullosa de ti mi niña. — me abraza por novena vez en el transcurso de la mañana. — Te esforzarse tanto por conseguir esa beca. Desde que tengo uso de razon solo he tenido dos grandes sueños en mi vida, estudiar en Harvard y graduarme como licenciada en derecho, es por eso que dedique todo mi tiempo a estudiar, tome cursos, hice actividades extracurriculares, impartir tutorías, todo con tal de conseguir esa beca, la que me permitiría cumplir mis sueños, muchos años y mucho esfuerzo después aquí estoy. — Gracias a los dos por siempre apoyarme. — Ahora soy yo quien los abraza. — Los voy a extrañar mucho. — Y nosotros a ti cariño, llámanos todos los días, no, mejor cada hora. — Pide mamá, papá entorna los ojos divertido y saca su vieja cámara para tomarnos una foto frente al edificio de la facultad. La imagen sale de inmediato, la sacudo un par de segundos y la imagen aparece como por arte de magia. — Se verá perfecta en mi dormitorio. — Abro mi bolso y la meto dentro del primer libro que veo. No estoy nerviosa, viví cada día por este momento, me detengo en la puerta y volteo a verlos una última vez, le lanzo un beso y finalmente entro en aquel enorme edificio. El salón de clases es definitivamente como lo imaginé o más bien igual a las fotos que busqué en internet cada día, una sala amplia llena de gradas con bancas para los estudiantes, anhelaban poder sentarme en uno de estos lugares, soy la primera en llegar, observo hasta encontrar el indicado, no muy lejos ni muy cerca, solo la distancia perfecta para tener una vista completa, apenas me siento los lugares comienzan a llenarse, emocionada acomodo mi computadora portátil sobre la mesa, un libro y una pluma. El lugar luce completamente lleno, a excepción de la silla a mi derecha que aún está vacía. — Hola soy Louise. — Se presenta la hermosa chica sentada a mi izquierda, es morena e incluso sentada luce muy alta. — Mucho gusto, soy Emily. — Respondo su saludo y nos damos un leve apretón. — Puedes creer que han pasado tanto años desde que las mujeres tenemos igualdad de derechos e incluso así este tipo de carreras siempre son hombres en su mayoría. — Comenta observando a su alrededor. — La verdad que no lo había notado, quizá esa sea la razón de que tilden de mentirosos a los abogados. — Bromeo y ambas reímos. Louise es agradable y alegre, es fácil conversar con ella sobre cualquier tema. Me siento tentada a voltear hacia el lugar vacío a mi lado, aunque ya no parece tan vacío, en algún momento el espacio comenzó a sentirse pequeño y un aroma a perfume masculino y jabón es lo único que respiro, casi puedo sentir la tela de su camisa rosado mi piel. El codo de Louise esta a punto de perforar mi pulmón, desde que el lugar a mi lado se ocupo no ha dejado de golpearme y hacer cualquier tipo de gesto para que voltee a ver. Me limito a sonreír y mantengo toda mi atención en el profesor. — Discúlpa. — Escucho una voz ronca cerca de oído seguido de un pequeño toque en mi mano. — Creo que tú teléfono está sonando. — Oh, si gracias, lo lamento. — Estaba segura de haberlo puesto en silencio antes de entrar, tratando de hacer el menor alboroto posible lo saco de mi bolsa, tengo la intención de salir a responder pero el hombre a mi lado es tan grande que sus piernas largas tapan mi paso así que decido responder en silencio. — Díga. — Susurro pegando mis labios al micrófono del celular. — ¿Me comunico con la señorita Emily Hudson? — Es una voz desconocida, miro la pantalla para confirmar el nombre del contacto y efectivamente es el de mi madre. — Ella habla. — Respondo algo confundida. — Me comunico del hospital Saint Johns, la señora Helena Hudson y el señor Robert Hudson ingresaron hace un momento al area de emergencias, ya que usted es el contacto de emergencia.... No escuché el resto, mi mente se quedó en blanco, podía ver los segundos corriendo, Pero es como si alguien hubiese presionado el botón de mute en mi vida. Tome las cosas sobre mi escritorio y los abrace a mi pecho, no tenía tiempo de guardarlos, intenté salir lo más rápido posible Pero las piernas de aquel hombre me hicieron caer. — ¿Estás bien? ¿te lastimaste? — pregunto mientras me ayudaba a recoger las cosas que habían caído de mis brazos No pude responder, tome algunas de mis cosas y salí corriendo. Recuerdo su rostro preocupado y confundido, por un momento pensé que lo había herido al tropezar con él pero de camino al hospital me di cuenta que la sangre que ví en su ropa en realidad era mía, había un pequeño corte en mi muñeca, quizá fue causado por la tapa de la pluma o un cristal de la pantalla rota de mi computadora. — ¿Dónde están? — Pregunté desesperada a la recepcionista del hospital después de un largo y tortuoso recorrído. — ¿Nombre? — Pregunto indiferente a mi preocupación. — Hudson, Robert y Helena Hudson. Su rostro palideció en un segundo, no me dió ninguna información y se limito a realizar una llamada. Fueron algunos minutos, quizá segundos, Pero justo en ese momento se sentía como estar parada sobre fuego. — ¿Señorita Hudson? — pregunto un hombre vestido con bata blanca. — Si, soy yo, ¿cómo están mis papás? — Lamento mucho lo sucedido, me temo que llegaron en un estado muy delicado, no pudimos hacer nada. Sus palabras se sentían como un discurso estudiado y repetitivo, como si fuese algo que se dice con regularidad, mientras me ferraba con fuerza a escritorio de la recepcionista para no caer, él continuo con su discurso. Si no hubiera tropezado con aquel hombre o si hubiera escuchado mi teléfono sonar la primera vez que llamaron quiza hubiera llegado a tiempo, quizá los hubiera avistó una última vez.

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