49 Rebecka Diez minutos después ya estábamos en la entrada esperando a Anastacia. Bajo las escaleras y se había cambiado el elegante vestido por uno más sutil y fresco. —¿Listas?—nos pregunto. Ambas asentimos con emoción y eso la hizo sonreír. Una de sus camionetas inmediatamente aparcó frente a nosotras y nos subimos. Todo el trayecto fue contándonos de lo importante que es este evento para la familia y como teníamos que comportarnos. Al momento de llegar a las tiendas musitó las palabras más excitantes que podría haber escuchado alguna vez. —Tomen lo que quieran, no existe límite. Y así pasamos las ultimas cuatro horas, entre tienda y tienda. Pasando la tarjeta de crédito cada cinco minutos. Jamás había visto a Cami tan feliz, aunque ella siempre se da sus lujos, nunca había lle

