48 Rebecka Llegamos finalmente a la cabaña, al parecer nos tardamos más de lo normal, pues ya estaba toda la familia esperándonos. Estaban todos comiendo en la mesa cuando aparecimos por el pasillo. —¿Por qué demoraron?—cuestiono Alexis —Nos encontramos unos conejos a mitad de la carretera, y tenía acariciarlos—excuse con facilidad. Alessandro me observo algo divertido al escuchar tal mentira. —Claro.. y de seguro esos conejos estaban saltando—murmuro Cami, viéndome de forma acusatoria. Alessandro rió entre dientes y le metí un manotazo que lo hizo callarse. —Siéntense a comer—pidió Anastacia ignorando nuestra excusa. Asentí, camine hacia la silla vacía y Alessandro se sentó junto a mi. La cabaña era fabulosa, de verdad increíble, con un gran patio junto a un lago inmenso

