Rebecka Mi turno termino, me despedí de los abuelos Ackerman y caminé a casa. Al entrar el olor a pizza inundó la cocina, entre y vi la caja de cartón sobre la mesa, y a mi amiga bailando mientras cocinaba algo. —Prometiste cocinar tu—murmuro. —¿Y qué crees que hago? —¿Se supone que estas cocinando?—bromeo. Toma un paño y me lo lanza en la cara. —Pedí al pizza, pero cocine la pasta. —Te esforzaste, un punto por eso... —¿Qué tal el trabajo? —Bien, como siempre... —¿Solo tienes que cuidarlos o también bañarlos y esas cosas? —Solo cuidarlos, se que están grandes, pero pueden bañarse solos. —O se bañan juntos...—sugiere. —¡Ay Dios!, eso no lo sé, ni me incumbe. —Solo digo, si quisiera envejecer con alguien, pero sería desagradable verle sus partes todas arrugadas. —¡Cami!—repr

