Nuestros destinos, en tus manos.

1662 Words
Sigo estando nerviosa, y de alguna manera, me encuentro alerta... Los acontecimientos no son demasiado claros, y el modo en que me siento tampoco. Esto es un caos. —Bienvenido, oficial Askhy. —Retumba la voz del doctor a cargo, mi corazón late con fuerza por lo que podría suceder y mis ojos no dejan de encontrarse con los de Nader Halabi, y se me seca la garganta. No puedo creer que esté en medio de esta situación... Necesito saber que hay detrás de este accidente, o si el mismo, ha sido premeditado. ¿Él sería capaz de enviar a su hermano a matarme? ¿Pero en qué momento pudo haberlo hecho? —Desde hace rato estaba esperando la orden para conversar con la víctima, y con el implicado. —, estamos muy confundidos respecto a lo sucedido, fue un golpe grave el que recibió la señorita, es un milagro de Allah que se encuentre con vida y que no haya perdido a su bebé. Acabo de mirar la placa. —Espeta el oficial con voz autoritaria, puedo mirar como Nader palidece. —¿Mis resultados son muy graves?—, ¿la cirugía es riesgosa?, ¿mi hijo podría verse afectado?—Pregunto al instante, no puedo evitar estar mortificada y muerta de pánico ante este caos en proceso. —Su hijo no se verá comprometido, calmese. Sus piernas y movilidad sí, no obstante contamos con los mejores especialistas para poder comprometerme con que después de su reposo, todo estará excelente, no se preocupe. —Me calma el doctor y puedo notar como el oficial tensa sus labios, es un hombre intimidante. —Voy a ser breve con mi conversación, estoy a la espera de un informe médico totalitario, sin embargo, de acuerdo a la distancia en que la señorita Manríquez fue golpeada por el auto del señor Halabi... Dictamina una falta de prudencia por parte del señor, por lo cual, el señor será aprehendido. —, y no estamos hablando de una suma de dinero, creo que he sido claro, ha cometido un delito, uno que se paga con cárcel. —Añade el oficial con gusto, como si cada una de sus palabras le regalaran una especie de placer interno. Nader palidece al instante y sus ojos se abren demasiado, como si no fuera capaz de asimilar la información... Sus mejillas se hacen rojas y la manera en que me mira es suplicante, y por alguna razón, hace que mi corazón tenga un vuelco. —¿Eso pasaría en caso de que la señorita Manríquez perdiera completamente la facultad de caminar, no?—Pregunta Nader horrorizado, puedo oler su miedo, y me genera tristeza. —Correctamente, eso sería un daño irreparable, usted lo pagaría con carcel, además de ello estamos a la espera de otros resultados, por lo cual le recomendé que no salga de la ciudad. —Le responde el oficial de manera tosca. —No tengo planes de abandonar la ciudad, señor oficial. Mi única preocupación en este momento, es que la señorita Manríquez se recupere. —, ¿usted tiene padres, señorita?, ¿o alguna pareja?—Me interroga Nader sin mirarme a los ojos. ¿No me mira porque él ha hecho esto adrede y la conciencia lo atormenta? —Yo... Estoy sola en la ciudad. —Arrojo con detenimiento. —Entonces todo dependerá de cierta manera de usted, señorita Manríquez, para mí será un placer atenderla y estar al corriente de su caso, es usted una mujer sumamente hermosa, y es un honor que se encuentre en nuestro país, seguramente siendo exitosa. —Irrumpe el oficial con galantería, por supuesto que se ha dado cuenta de que soy una mujer latinoamericana. Odio ser objeto de elogios por mi físico. Soy atractiva para los hombres, eso no es una sorpresa para mí... No obstante, ese no es el motivo por el que me gusta ser reconocida. No me he partido el lomo estudiando y trabajando para ser considerada solo por mi cuerpo esbelto, mis piernas y mi maldito trasero. —¿Señorita Cassandra?—Me solicita el oficial de manera enérgica en vista de mi silencio. —Soy una periodista Mexicana, formo parte de una importante televisora, sin embargo, agradecería que no se informara en la empresa respecto a mi situación actual, necesito meditar como lo voy a llevar... —, ¿me podrían dejar a solas con el señor Halabi para discutir lo concerniente a un arreglo justo para ambos?—Le pregunto directamente al oficial con absoluta ligereza. Los nervios que experimento no podrían explicarse con solo palabras... Tengo un plan, uno jodidamente riesgoso, pero por supuesto, prometedor... Aunque, lo primero será que este misterioso hombre me responda una pregunta. Una importante pregunta... No pienso quedarme en el medio de toda la disputa que acontece en mi vida y dar a entender que soy una damisela en apuros que necesita ser salvada, esa no soy yo, no es la frase que me representa... Mis padres me formaron para que fuera una profesional, obtuve la fortuna de venir a este país, me enamoré y me fallé a mí misma al entregarme a Maruam, por creer que el hombre frío y apático que conocí iba a cambiar por mí. Y ahora tengo el fruto de mi pasión, en el vientre, como recuerdo de una latente amenaza. Maruam Halabi, porque la verdad es esa, él es un peligro para mí, mientras esté libre, y yo... Acorralada. Su hermano menor, su principal rival por el amor y el respeto de su padre, se encuentra justo a mi merced. Y por supuesto que voy a aprovecharlo. De mí depende que él esté fuera de la cárcel. —¿Señor oficial, podría dejarme entonces a solas con la señorita?—Pregunta Nader en vista del silencio que abruma la habitación. Él sigue luciendo tan inseguro... No tiene sentido. —¿Esta segura que quiere quedarse con este hombre, sin el doctor, y sin mí?—Interroga el oficial pareciendo incrédulo. —Así es. —Le respondo con sequedad mientras intento dar a entender una postura erguida. A pesar de estar convaleciente. —La justicia no se compra con dinero, tampoco la conciencia. No deje que un delito se quede impune únicamente porque le amedrente el apellido de este sujeto, en este país, somos justos con nuestros migrantes. —Añade el oficial con insistencia, mientras que el doctor, me toma por enésima vez la presión y sale disparado de la oficina. —Soy consciente de ello, no se mortifique. —Añado con tranquilidad y el oficial se marcha lentamente de la habitación. Nader Halabi me mira de reojo, él busca el rastrojo de alguna emoción por mi parte... Lo noto en la manera escrutinia que me analiza. Mientras que yo, hago todo lo posible por mantenerme en calma, como si la avasallante sensualidad de este hombre no me alborotara cada fibra sensible de mi cuerpo, como si fuera inmune a un hombre que huele bien, que tiene una voz resonante en cada rincón del lugar, y en cada espacio de mi mente llega la preocupación que deja traslucir en su impotente mirada. —Señorita Manríquez, no quiero ir a la cárcel. —Irrumpe Nader sin darme la oportunidad de iniciar nuestra conversación, su rostro luce ruborizado, sus manos empiezan a tocar las mías. Y están sudadas. —Usted me ha atropellado, por venir a exceso de velocidad, por no mirar la luz... —Asiento y suelto mi mano de su agarre, no puedo verme débil ante él si quiero que acepte mi propuesta. —Le juro que no fue mi intención. Jamás le habría querido hacer daño a usted ni a nadie, señorita Manríquez. No soy ese tipo de hombres, y usted debería saberlo. Es periodista después de todo. —Profiere Nader con voz hastiada y se pone de pie, dando ese aire de superioridad que tanto me abruma. Me quedo sin demasiadas opciones para agregar... Porque en mi cabeza, solo hay una razón. —Usted no entiende lo que me ha hecho. —Suelto con fiereza. —La verdad es que lo siento mucho... Tuve un día fatal, un problema familiar... Mi padre quiere obligarme a viajar a México sin que yo tenga una garantía de que con ello va a darme la aerolínea que me ha prometido. Estoy harto de no poder hacer lo que deseo. He querido ser director de cine desde que soy un niño. Y mis sueños siempre han valido mierda, si usted deja que me encarcelen, estaría contribuyendo a mi frustración. —Espeta Nader y su voz se quiebra en la última frase. —La verdad, lo siento. —Pronuncio con toda sinceridad. —Cassandra, por favor. Puedo... Puedo ayudarte en lo que sea que necesites, pero retira los cargos en mi contra, di que te atravesaste... Por favor... Vas a arruinar mi vida, mi futuro, y convertirás mi vida en una eterna pesadilla si a mí me encarcelan. —Susurra Nader y su rostro se acerca al mío, más de lo que debería. Mucho más de lo que se considera oportuno. Tomo la decisión cuando veo la sinceridad en su mirada. —Casate conmigo, es lo único que necesito en este momento de mi vida. —, sin pedirme explicaciones, por el momento, solo cumpliendo mi voluntad. —, te prometo que no te haré daño, ni tengo ninguna mala intención, solo sígueme, y te juro que retiraré cada uno de los cargos que te serían impuestos, y me encargaré de dar una nota convincente donde tu reputación y juicio no se verán afectadas. —Profiero con simpleza y en voz alta. Nader me observa boquiabierto, él no puede entenderme... No obstante, solo le he dado una opción. De su decisión dependerán, nuestros destinos... ¿Me convertiré en la esposa del hermano de mi amante? ¿Con ello bastará para humillar a Maruam y acabar con su prepotencia? Además de salvarme de... La cárcel.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD