Rota en mil pedazos.

1720 Words
El amor es crudo, no hay otra manera de expresarlo. Ninguna. Es crudo en cualquier modo en que intentemos explicarlo, sin embargo, yo siempre lo he igualado a un pastel. Porque un pastel cocido, es delicioso, se disfruta y te empalaga. Y crudo también lo es, sin embargo, si lo ingerimos, nos enfermamos. Justo de ese modo me siento en este instante. ¿Cómo es que tengo cabeza para semejante pensamiento, justo ahora? Mi vida se encuentra en tus manos... Es la única frase que soy capaz de pronunciar en voz alta, ante la agonía que me causa ver el inexpresivo rostro de Maruam ante mi noticia... Mis pensamientos no son equiparables a manifestarlos para los oídos del hombre que tengo en frente. —¡Estoy embarazada!, ¡Vamos a ser padres, Maruam!—Exclamo con insistencia, en mi cabeza suena como lo suficientemente importante como para que él reaccione. —Esto... No puede ser, Cassandra. —Expresa Maruam después de una eternidad, mi pecho late con estruendo, y la manera en que él me mira... No puedo negar que me está rompiendo. Su mirada siempre ha sido suficiente para desarmarme, para aniquilarme. Ese es su poder. Maruam Halabi, mi mejor amigo en este país. Lo único a lo que le he tomado aprecio... Y por vuelcos del destino, el hombre al que amo... ¿Cómo me he enamorado de él? Quizás es otra de las preguntas que no tengan explicación. Y de las cuales no puedes someter a una metáfora para responderla. —No me destroces, Maruam, por favor... Yo... Yo te quiero. —Asumo con tono suplicante, tomo su barbilla en mis manos y lo miro sin apartarme de él. Sus manos me aprietan el torso, por un momento, me siento segura... ¿En qué momento pasó todo esto? —Cassandra, eres preciosa, y me alegra mucho haberme cruzado contigo, pero... Un hijo... No estoy en condiciones de darte lo que te mereces. Te lo dejé muy claro ese día. Por eso te pedí acabar con lo que disfrutábamos. —Musita Maruam y toma mis hombros y luego me suelta. Mi carácter latino no puede pasar desapercibido, no puedo dar por pérdida una guerra sin haberla peleado hasta las últimas consecuencias... —Jodido Maruam Halabi, eres el hijo de uno de los hombres más importantes de todo Kuwait, ¿cómo demonios me dices que no puedes apoyarme a mí, y a nuestro hijo?—, sabes perfectamente que estoy sola en este país. —Arrojo con tono enfadado, la rabia empieza a convertirse en mi única compañera. Jamás imaginé que está situación se tornaría de este modo... Apenas ayer me enteré de que estaba esperando un bebé, lo menos que creí, es que Maruam reaccionaria de tal modo... Él nunca me dijo que me amaba... Pero él sabía lo que yo sentía por él. Es un hombre un poco frío, sin embargo en el momento en que él me hacía el amor, me sentía la mujer más especial del mundo. Y yo creí, que con eso sería suficiente. Él... Esa primera noche, me susurró de mil modos que yo era la mujer de su vida... Aunque no haya sido exactamente con palabras. Él... Juró que yo era su lugar seguro... ¿Por qué ahora estoy en el medio de su oficina mendigando amor? —Cassie, la verdad hay mucho que no vas a entender... —, puedo apoyarte económicamente, pero no puedo prometer que voy a casarme contigo o algún tipo de compromiso, la verdad es que sí lo siento mucho... —Asiente Maruam y empieza a esculcar en medio de la montaña de papeles que se encuentran acomodados en su escritorio. —Me estás matando en vida, Maruam. —Es lo único que sale de mi boca, mi voz se entrecorta al pronunciarlo. —Cassandra, puedes interrumpir ese embarazo y seguir con nuestras vidas... —, estás teniendo éxito en la empresa, la televisora cada vez toma más en cuenta tus ideas, eres guapa y maravillosa, ¿por qué poner un obstáculo en tu gran carrera?—Me interroga Maruam sin apartar la vista de mis muslos. —¿De verdad me estás pidiendo que mate a mi bebé?—, no puedo creer que me estés haciendo esto... Puedo seguir teniendo éxito estando embarazada... —, cuántas mujeres no desean la bendición de tener sus hijos, mi hermana Silia ha tenido que adoptar a sus gemelos... —Conoces perfectamente las políticas de la empresa, Cassandra Manríquez, no puedo permitir que haya algún ascenso, o que continúes en tu puesto actual, si estás en cinta. —, no son decisiones que me competan a mí únicamente. —Profiere Maruam con absoluta normalidad. Sus palabras se convierten en dagas que me atraviesan... ¿Cómo es que después de ser el hombre más dulce y cariñoso a tal punto de enamorarme, me amenaza con botarme del trabajo? —No serías capaz de echarme del trabajo, estoy esperando un hijo tuyo. —Le digo con tono hastiado. —Nadie te creería, Cassandra, me he encargado de formar una buena imagen de sí mismo, no soy un idiota. —Me reta Maruam y toma asiento, sus ojos color miel que en otrora me parecieron el único sol en el que me gustaría broncearme, parecen demasiado calurosos para ser soportados, podrían calcinarme. —¿Acaso me estás amenazando? —Toma las cosas cómo quieras, mi familia tiene poder... Y yo te estoy ordenando que interrumpas el embarazo, luego de ello, no ha pasado nada más. —Recalca Maruam nuevamente y se encoge de hombros en espera de una nueva reacción por mi parte. —Te he dicho que voy a tener a mi hijo, y necesito que me des una explicación, una que justifique este cambio en ti, no me iré sin escucharla. —Afirmo en un hilo de voz, nunca me había sentido tan humillada. —¿Estás segura de que quieres saberlo, Cassie?—Me pregunta y su voz suena más calmada. Inhalo una buena bocanada de aire, lo suficientemente espesa para poder tolerar lo que sea que él vaya a decirme... —¡No vuelvas a decirme Cassie, idiota!—Exclamo alterada. Maruam se pone de pie, sus ojos se fijan en los míos y no soy capaz de contenerme ni un segundo más... El llanto rebasa mi límite. Lloro por mí, por encontrarme vacía en este instante... Sola en un país que no tiene nada que ver conmigo y lo que soy... Me convertí en periodista, seguí una pasión, terminé seleccionada para esta empresa en el centro de Kuwait... Pensé que con ello estaría bien y ahora... Estoy esperando un hijo, a mis veintisiete años... Y me están exigiendo que acabe con él... Mi añorada Ciudad de México tan lejana en este momento... Solo sus recuerdos viven en mí. Los recuerdos de la Cassandra que fui en mi amado México. ¿Quién iba a imaginar que tendría un romance con el CEO de una de las televisoras más importantes de Kuwait? Esta mierda me está superando... Y los cálidos brazos de Maruam, mientras lloro como una niña, hacen que afrontar toda esta situación, sea mucho más complicado. —Cassandra, estoy comprometido con Sonia, la hija de Kamal Nasserdine. —Me susurra Maruam y su voz se escucha tersa y suave... Cómo lo que yo solía amar de él. —¿Y por qué no me lo habías dicho antes?, ¿por qué me decías que me deseabas?—Le pregunto en medio de sollozos. —Porque para mí eres algo diferente, no quería perderte... Sin embargo, mi compromiso con Sonia forma parte de mi crecimiento profesional y desde hace cuatro años es una completa realidad. —¡Al diablo con tus mentiras!—Exclamo aturdida y limpio las lágrimas de mis ojos. —Sonia es una buena mujer, me ha apoyado para estar aquí, su padre es uno de nuestros principales inversionistas, ella es noble y cariñosa... Sé que ella entendería mi error... —, la opción que puedo darte, Cassandra, es que nos entregues ese bebé apenas nazca. —Expresa Maruam con soltura, como si se le hubiera ocurrido la idea más razonable del mundo. —¿Te has vuelto loco?—, no pienso tener un bebé para que crezca sin su verdadera madre, prefiero abortarlo. —Digo con firmeza, la consciencia hace acto de presencia en mí, no puedo jugar con fuego. Ha llegado el momento de probar de que estoy hecha... —Empezamos a entendernos tú, y yo, Cassandra. —, podemos arreglar los detalles pertinentes a un arreglo económico el sábado a las siete, y por supuesto, lo inherente a la pequeña intervención. —Puntualiza Maruam y se acomoda nuevamente en la butaca. Justo cuando estoy a punto de darle una respuesta, la puerta de su oficina es tocada de manera insistente. —Adelante. —Responde Maruam con absoluta relajación. Un hombre alto, con un elegante traje y unos ojos azules como el mismísimo cielo hace acto de presencia... No tiene más de cincuenta y cinco años, sus rasgos árabes están bastante marcados y la manera en que se pasea por la oficina y observa todo, denota poder y confianza. —La paz este con ustedes, ¿qué tal todo, hijo?—Saluda el hombre con jovialidad. Joder, joder, joder. ¿Cómo es que no lo vi venir? Es Afif Halabi, el padre de Maruam. —Todo está bien, papá. —, me gustaría que conozcas a una gran empleada de la empresa... Ella es Cassandra Manríquez, nuestra periodista latina. —Me presenta Maruam y por alguna razón, siento un escalofrío en todo mi cuerpo. —Es un gusto conocerle, señor Halabi. —Saludo con formalidad y le dedico una falsa sonrisa. —¿Y qué hace usted en la gerencia, señorita Manríquez?—Pregunta el hombre y alza una ceja en dirección a su hijo. —Ha venido a darme una gran noticia. —Interviene Maruam y mira a su padre con cordialidad. Al escucharlo, me quedo gélida y estática, ¿acaso Maruam va a decirle a su padre que estoy esperando un bebé? ¿Este hombre es capaz de acorralarme de tal modo? ¿Se supone que debo esperar a que él hable, o estoy recibiendo la oportunidad de hacerme escuchar?
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