Rodrigo tomó su mano con firmeza. —Mabel, no puedes vivir tu vida para complacer a los demás, ni siquiera a nuestros padres. Si amas a Tommy, debes luchar por él. No dejes que el miedo o las expectativas de otros decidan tu destino —le aconsejó, con sinceridad. Mabel asintió, sintiendo el peso de sus palabras. Sabía que tenía razón, pero la realidad era más complicada. —Lo sé, Rodrigo. Pero es difícil. Aldo ha manipulado a nuestros padres para que piensen que Tommy es un peligro para mí. Y aunque quiero estar con Tommy, también siento que debo cumplir con las expectativas de nuestra familia —dijo, sintiéndose atrapada entre dos mundos. —Nuestros padres quieren lo mejor para ti, pero solo tú sabes lo que realmente te hace feliz. No dejes que el miedo te impida vivir la vida que deseas.

