No recuerdo mucho de cómo fue mi vida durante la época que mediante un proceso biológico creado por la madre naturaleza, hice un trayecto de pasar de ser un microbio a ser una pequeña bendición dentro de tu vientre. Recuerdo voces de afecto y personas que me esperaban, alguien que decía ¿cuándo va a llegar mi hermanito? pero en ese momento no sabía quién era, recuerdo estar en un espacio reducido, cálido y acogedor, del cual no quería salir.
Cuando salí, ver tus lágrimas brotar de felicidad, además que alguien se tomó la facultad que no le di, de cortarme lo que me conectaba contigo, aunque cuando empecé a llorar me puso entre tus brazos mostrándome otra vía y la tuve que perdonar, en verdad no tengo memoria de esos sucesos, pero si me lo contaron todo. Lo que si recuerdo es todo lo que te quitaste para darme a mí, la educación que me aportaste, los momentos felices que me has dado y que me quieres dar, recuerdo los regaños, los consejos, las horas a tu lado, recuerdo las peleas con mi hermana y salir corriendo a donde estabas tú buscando protección, porque ella era más grande y más fuerte y yo la provocaba, después a huir se ha dicho, pero bueno tenía que echarle la culpa a alguien y yo era el más pequeño.
Tantas cosas vienen a mí que cada vez que hago memoria de todo lo que ha pasado siempre llego a la misma conclusión, todo ha sido una gota de amor que has echado para que yo crezca de forma erguida a encontrar el camino, guiándome por tu rayo de luz que crea un fotoproceso en mi interior para que sea mejor a cada día. Agradezco eso y mucho más porque aún me quedan horas de vida a tu lado y pronto cuando todo pase, junto estaremos de nuevo en la tierra o en el cielo, con bastantes recuerdos para contar.