Ariana Klumps

1286 Words
Maldije no haberme despertado temprano. Me presentaba con retraso a la ceremonia de pareja. No es que tuviera muchas ganas de conocer a mi pareja compatible. Mi padre me había dicho que podría tomar la opción de saber quién sería mi pareja, y que si hablaba con él para llegar a un acuerdo mi investigación podría continuar. Y el gobierno aceptó que yo continuará con la investigación. Sé qué fuí egoísta, pero estaba tan cerca... Sólo por una pequeña cosa, al no tener hijos el gobierno no aceptaba la petición de qué fuera al exterior. Era peligroso. Necesitaba la aprobación de mi padre y... Mi futuro esposo. Me salté la presentación y fuí directo al laboratorio, dónde haría las pruebas de compatibilidad para comenzar a preparar el algoritmo de pareja. Todos lo llamaban la fórmula mágica para el amor, pero de mágico no tenía nada. Fuí a la cafetería saliendo de las pruebas, estaba hambrienta por viajar tres horas desde mi Ciudad Tecno hasta ese lugar, Ciudad Central. - Ya veo que es cierto el rumor - dijo una voz chillona. Todo estaba bien hasta que esa tipa llegó. -¿Qué edad tienes anciana? -¿Qué te importa?- dije cortante. - Llegas tarde y todavia te das el lujo de pavonearte. -¿Cuál es tu problema? Estaba por levantarme cuándo una mano me detuvo. - Deje tranquila a la doctora - dijo una voz muy masculina. -¡Ah,ya veo! Ambos son tal para cual - dijo la tipa - una vergüenza para la sociedad. - Y tú eres una discriminadora - dijo un chico a su lado. - Los tres son patéticos - dijo la tipa antes de irse con movimientos exagerados. -¿Estás bien chica?- preguntó el segundo chico - soy Teodoro Saketz. - Gracias -dije apenada - a los dos. El otro chico permanencia en silencio. - Te evité problemas - dijo el primero - detesto a la gente como ella. El chico se fue sin presentarse, sólo pude ver su cabello rubio y oler levemente su aroma a frutas. - Me llamo Ariana Klumps - dije mientras le extendía la mano. -¿Eres pariente del científico Klumps el creador del algoritmo de pareja?- preguntó Teodoro emocionado. - Pues... Sí. Era mi bisabuelo. - Vaya... Así que por eso te dieron un año más. - Que pena, la verdad esperaba poder lograr un avance... Y fuimos interrumpidos. Comenzaron a llamarnos por nuestro nombre y luego una persona nos dirigía hacía una habitación privada, en dónde se presentaría nuestra pareja compatible. Yo todavia seguía teniendo mis dudas acerca del algoritmo, cuándo quise investigar más, el gobierno lo volvió clasificado. Así que me empeñé en saber más sobre el parásito que nos mantenía en las cúpulas escudo. Mi abuelo siempre me contaba la historia sobre nuestra antepasada, una mujer que lucho en los primeros días de la invasión a la Tierra, que ella se dedicó a investigar lo más que pudo y su investigación la llevó al amor de su vida, un hombre que lamentablemente murió salvando a muchas personas. Eran los primeros días de los infectados, sin protección ante ellos, vulnerables. Salí de mis pensamientos cuándo la puerta de la habitación se abrió. El chico de hace rato entró y me miró con fastidio. Éso si no me lo esperaba. Yo le desagradaba al máximo. Fué una sorpresa amarga notar que estaba incómodo. - Me imaginaba que eras tú - murmuró. Estaba por contestar cuándo una persona de n***o entró con una carpeta y se sentó frente a mí. - Señor por favor tome asiento. -¿Tardará mucho?- preguntamos los dos. - Ya veo, los dos están impacientes por pasar su primer día juntos. - Yo no... - Tengo que viajar - dijo el chico - mi tiempo es valioso. - Sólo necesito que firmen para confirmar que ambos son compatibles - dijo la mujer de n***o. -¿Sólo firmar? - pregunté mientras él tomaba la carpeta. -¿Éso es siquiera posible?- dijo el chico. -¿Se refiere al porcentaje?- dijo la mujer - parece que sí señor Maks, hicimos la prueba seis veces. -¿90%?- pregunté sorprendida. Mis padres habían tenido un 88% de compatibilidad, aunque según palabras de mi padre mi madre siempre le llevaba la contraria por alguna razón cuando comenzaron su relación. - 100 por ciento - dijo la mujer - Karl Maks y Ariana Klumps son los primeros en llegar a ese porcentaje. Me quedé muda. No sabía que era posible. Noté que el firmó con rapidez y luego me dió la carpeta. Todas las pruebas daban 100%. Yo no sabía qué decir o hacer. Firmé dónde estaba mi nombre. - Felicidades, ambos están casados ante la ley. Pueden vivir juntos... La mujer tomo la carpeta en cuánto terminé de firmar y desapareció. - Debo irme - dije incómoda. - Vendrás conmigo. - Nunca dije que viviría contigo - dije enojada. - Nunca acordamos nada - admitió con descaro. -¿Y no podemos hablarlo? - Lo estamos haciendo - dijo con fastidio. - Eres desesperante. - Hummm... Respiré profundo. - Mira,tengo una vida, no puedo irme así cómo así. -¿Una vida que te hizo postergar tu matrimonio? -¡Es sólo una maldita prueba!- estalle. -¿No la escuchaste? ¡Estamos casados! - Soy una exobiologa y mi trabajo es importante. - El mío también, soy Ingeniero diseñador y también tengo una maestría básica en astrobiología. -¿Cómo podemos llegar a un acuerdo? - Pasa conmigo una semana y yo pasaré una semana contigo - dijo con calma - pasado ese tiempo podemos discutir de nuevo qué haremos. - Está bien. -¿Traes tus cosas? - Eh... Yo... - Ya veo, entonces ésta semana nos quedaremos en tu casa. - En casa de mi padre - aclaré. - Está bien, es deber de ambos conocer a la familia. Salimos de la habitación y notamos que la mayoría de las parejas parecían felices. Cosa contraria a nosotros. -¡Sí que es el destino!- dijo Teodoro - ustedes juntos. - ¿Teodoro?- preguntó Karl - yo soy Karl Maks. - Espero que podamos vernos más adelante - dijo Teodoro - ella es Lita, mi esposa. - Mucho gusto - dije mientras le daba la mano a Lita - soy Ariana Klumps. - Intercambiemos números - dijo Lita. Karl y Teodoro se alejaron un poco y Lita me pasó su número de contacto. - Esto es nuevo para mí - dijo Lita - espero ser muy feliz con él. - Yo también esperaba éso - dije suspirando. -¿Baja compatibilidad?- preguntó Lita. - Al contrario, somos super compatibles. Pero... Me oculta algo. - Es tu pareja, cada cabeza es un mundo - dijo Lita - por lo tanto deberías conocerlo. - Tendré paciencia. Puedes mandarme mensaje cuándo tengas tiempo. - Supongo que lo tendré. Estoy esperando a que me incluyan en algún proyecto. - Bueno, debo irme. Seguimos en contacto - dije sonriendo. Karl se acercó a mí y fuimos a los casilleros dónde recogió una maleta y una mochila. Caminé de manera distraída hacía la estación de trenes. -¿Dónde vives?- preguntó Karl. - Ciudad Plateada. - Ya veo. Tres horas de camino. Y él no dejaba de mirarme con fastidio. Todo en el me hacia sentir mal, incómoda. Cómo si él me gritara que lo ofendí o lastimé. - Parece que debes comer algo - murmuró. - Salí a las prisas. - Pedire algo de comer, yo pago. -¿Qué más hace señor Karl?- pregunté con genuino interés. - Puedo hacer lo que tú quieras - susurró antes de levantarse.
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