Sintiendo como esas grandes manos traviesas se metían bajo su camiseta para tocar directamente su piel, Zac sonrió leve y movió las propias para detenerlas y estas automáticamente obedecieron, pero entonces aquellos brazos le rodearon. Dejando de mover sus labios, Zac abrió sus ojos y se encontró con aquel profundo tono azul mar que se había vuelto su favorito últimamente. —¿Qué dije sobre este tipo de cosas en público? —cuestionó. Luther sonrió y se acercó besando la comisura de sus labios, centrándose en el abultado superior. —Pero si no estaba haciendo nada malo, solo quería verificar como se encontraba tu espalda —se excusó. Zac resopló. —Te creería más si tus manos hubiesen viajado hacia arriba y no a mi trasero. Viéndose atrapado, el hombre lobo rió y empujó su rostro hacia el

