Parado frente a la cocina, Zac intentaba preparar su plato especial de lasaña, lo cual sería algo mucho más fácil de hacer, si no tuviera un gran cuerpo abrazándole desde atrás, robándole un beso en cada oportunidad que tenía, limitando cada uno de sus movimientos. Intentando alcanzar los paquetes de salsa, Zac emitió un pequeño gruñido cuando encontró resistencia con ciertos brazos. —Lu, cariño. —¿Sí? —Estorbas, ve a sentarte —ordenó. Tal cual como haría un niño pequeño, el hombre lobo se quejó y lo abrazó con más fuerza. —No quiero. Si estoy en los sofás no te puedo abrazar —protestó, restregando su nariz en su cuello. —Y aquí parado detrás de mí abrazándome solo eres estorbo. —Pero quiero seguir abrazándote —se quejó. Zac resopló y revolvió la olla. —Estuvimos toda la mañana ab

