Parte 11

1322 Words
No sé qué mal estoy pagando, no entiendo por qué la vida es tan injusta conmigo, algo mal hice en mi pasado pero de seguro este es mi castigo, nunca había cargado algo tan pesado en mi espalda. Voy caminando lentamente por el pasillo, llevo a un hombre que pesa lo mismo que un caballo en mi pequeña espalda, escucho como sus zapatos se arrastran por el piso. – ¡Veo la luz, veo la luz! – por fin llego hasta al apartamento de mi amiga, doy patadas a la puerta ya que sostengo con mis brazos a mi “querido jefe”. - Carla, ¿puedes abrir por favor? Carla, necesito que abras ya. - Ya voy, no grites. No entiendo por qué tienes que… ¿Pero qué carajos? – Carla abre la puerta y no hace nada, no comprende lo que está pasando. -  No te quedes así, ayúdame - pero, ¿qué le pasó? Ese hombre es… ¡oh por Dios! ¿Él es Christopher? - sí, por favor no te quedes ahí parada y ayúdame. Carla toma a mi jefe por un costado y yo lo hago por el otro, lo arrastramos hasta el interior del departamento y lo dejamos acostado en un sillón. - ¿Qué demonios le pasó? – Mi amiga esta parada frente al hombre dormido y lo repara de pies a cabeza. - Nada, solo está ebrio, sólo eso. - No puedo creer que este hombre hasta ebrio luzca sexy, es muy sexy. - Carla es mi jefe, más respeto por favor. - No estoy diciendo nada malo, solo digo una realidad, el hombre es muy guapo. Ahora, ¿por qué lo traes aquí? - Es una larga, larga historia. - Que se supone que haremos con él aquí, que pasa si te descubre. - Eso no pasará, mañana se irá temprano. - Está bien, bueno Nicole, no sé cómo harás pero ya ese bombón de chocolate no es mi problema, hasta mañana tengo mucho sueño. - ¿Te dormirás y me dejarás aquí con él? Carla, por favor. - hasta mañana, yo también te quiero mucho. - Carla por favor... Se supone que esa mujer es mi mejor amiga y me deja tirada en uno de los días más difíciles de mi triste vida. Vuelvo a mirar a mi jefe y porqué rayos lo traje aquí, me acerco a él y lo acomodo mejor; le quito los zapatos, subo sus piernas al sillón, le quito el saco que lleva puesto y desbrocho los tres primeros botones de su camisa. El contacto de mis dedos con su pecho hace que se me ponga la piel de gallina, la curiosidad por ver más me gana y con mucho cuidado abro un poco su camisa, solo será un botoncito más, uno más. Miraré solo un poco, bajo mi vista y   unos lunarcitos aparecen, ¡wao! qué hombre más perfecto, luce tan tranquilo y sexy, su rostro tan perfilado y su boca tan perfecta, que decir de su pecho con toda una constelación de lunares adornando la piel de un mismísimo Dios griego. Salgo de mis pensamientos sucios y le pido perdón a Dios por ser tan pervertida y me alejo de él. - Espera – susurra mientras me mira algo confundido - ¿qué? - No me dejes sólo - No está sólo señor, así que duerma tranquilo – Me alejo un poco y este sigue con su vista perdida, intenta ponerse de pie y sus movimientos torpes casi lo hacen caer, camino rápidamente para sostenerlo. - Duerma señor, más tarde se sentirá mejor - El hombre muy obediente vuelve a recostarse en el sillón y yo me siento a su lado para esperar que se duerma. Narra Christopher Hace cuanto no tomaba de esta forma, mi cabeza quiere explotar. Lentamente abro los ojos pero la luz del día me estorba, observo mi alrededor y no tengo la más mínima idea de dónde estoy, este no es mi apartamento. Intento ponerme de pie pero siento en mi pecho un gran bulto, llevo mi vista hasta el gran peso que no me deja mover y es… ¿es Nicolás? ¿Por qué él está aquí? Él chico tiene su cabeza encima de mi pecho, duerme tan plácidamente que hasta me conmueve levantarlo. Me remuevo bruscamente y este no reacciona. - Nicolás, podrías por favor despertar – espero unos segundos para nuevamente hablar con un tono más fuerte – Nicolás, te puedes quitar. - Cállese, no me deja dormir – ¿pero qué carajos le pasa a este mocoso? - ¡Nicolás, te dije que despiertes! - ¿sí? ¡Oh! Perdón jefe, me quedé dormido, por favor no vaya a pensar que yo... - ¿por qué estás encima de mí? - Jefe, es que ayer usted, bueno como le explico sin que se escuche mal, yo estaba aquí y usted dijo que no lo dejara sólo y pues me quedé dormido sin querer. No era que yo quisiera dormir sobre usted, solo que de verdad no sé qué sucedió y no sé por qué hablo tanto, ¡rayos! Lo lamento… - Si, ya está bien, no pasa nada muchacho -  Esa voz chillona hace que mi cerebro se agite, el chico se pone de pie tan rápido que parece desorientado - ¿Quién vive en este lugar? – pregunto observando todo a mi alrededor. - Yo señor, aquí vivo. Lamento traerlo aquí, iba a llevarlo a su casa pero le pregunté muchas veces su dirección pero parecía idiotizado y no podía dejarlo ahí tirado en mitad de la noche, no tuve más remedio que traerlo conmigo. - ¿Cómo que idiotizado? Soy tu jefe no me hables así, más bien, podrías darme un poco de café. - Claro señor, ya mismo lo preparo. - ¿Vives aquí solo? - No, vivo con mi prima Carla. - ah, entiendo - Observo con más detalle mi alrededor y no es la gran cosa. - Debiste pasar un mal rato muchacho, soy pesado y tú te ves un poco ya sabes… - ¿Débil? ¿Delgado? - Pues sí, no quiero ser grosero Nicolás pero si te ves algo debilucho. Una de las puertas se abre y una chica en pijama algo despeinada sale de una habitación frotándose los ojos - Buenos días, Nico… - La mujer me observa como si fuera un espanto - Señor, ella es mi prima Carla, este es su apartamento - La chica sonríe a medias y se devuelve por donde llegó. - Parece algo tímida - Si claro, ella es muy tímida, le cuesta relacionarse con las personas. Nicolás me entrega el café y lo tomo rápidamente para entrar en calor. - Jefe, pareceré insistente pero sé que fue un atrevimiento de mi parte traerlo aquí, lo lamento. - No te preocupes, sé cuál es mi estado cuando me paso de tragos. - Por cierto señor, ¿dónde vive usted? - ¡oh claro! sería muy oportuno que sepas donde vivo - busco entre mis bolsillos mi cartera y saco una tarjeta personal, la extiendo y el chico la recibe. - Ahí está la dirección, te llevaré al igual que a tus compañeros, no sé si algún día necesiten algo y pues pueden acercarse a mi casa. - Señor, no me diga que esto estuvo todo el tiempo en sus bolsillos, y yo como un idiota cargándolo por toda la ciudad. ¿Por qué no se me ocurrió revisar los bolsillos de su pantalón? Debí parecer tonto. No puedo evitar reír, me causa tanta simpatía este chico. - Si, todo el tiempo estuvo ahí, debiste revisar. Bueno, gracias por todo muchacho, debo irme. Sin dudas te debo una. - No tiene nada que agradecer señor. - Más tarde nos vemos en el club – le doy unas palmadas en su hombro y me retiro del lugar.    
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD