Parte 12

1325 Words
Ya han pasado más de dos meses desde que estoy trabajando para Christopher,  nuestra relación empleado - jefe es muy buena, siento que me tiene un poco más de confianza que al resto de compañeros. Ya le he comentado que quiero viajar a mi pueblo, necesito ver a mis abuelos. Aún no sé si sea posible pero está considerando esa posibilidad. - Chicos, ¿quién de ustedes está libre? - Yo jefe - Levanto mi mano y sonrío. - Bien, vamos a mi apartamento Nicolás, necesito que me ayudes a traer unas botellas de vino, los demás sigan en lo suyo. - Por supuesto señor – Responden los demás mientras hacen sus labores. Salimos del club y un Mercedes color n***o nos esperaba, sin duda que hombre más cotizado. - ¡wao! Es muy lindo su auto - ¿te gusta? - ¿Es broma señor? Cómo puede preguntar eso ¡Es hermoso! - Vamos, sube al auto, también es muy cómodo. Corrí como niña pequeña y subí al auto, parece recién salido del concesionario. Vaya, Todo se ve tan reluciente; hay hasta un olor muy rico, huele a nuevo, no sé si exista ese olor pero yo si lo puedo percibir, olor a nuevo.  - Tenemos que darnos prisa, el clima no parece bueno. - Si jefe Christopher condujo por varios minutos, el camino fue cómodo, no hubo mucha conversación pero aun así era agradable, la ventanilla no estaba cerrada del todo y podía disfrutar de la rica brisa que golpeaba mis enormes cachetes, también podía sentir el olor a frio, tampoco sé si exista ese olor pero yo lo puedo sentir, olor a frio. Al terminar nuestro recorrido llegamos a la casa de mi jefe y no pudo ser menos de lo que me imaginé, tiene gustos costosos y glamurosos, el lugar desde afuera se ve impecable. Hay una recepción y todo, esto parece más un hotel. La entrada es toda cristalina, porque se puede ver todo desde afuera. Las personas lo reciben como si fuera el mismísimo papa, “oh, señor Golden, ya está aquí” “oh, señor Christopher, que grato es verlo” vamos, no es para tanto, no creo que estén felices de verlo aquí mandando todo el tiempo. - Bienvenido a mi casa Nicolás. -  Vaya, y que casa señor, ¿usted vive aquí con su familia? - No, vivo sólo Que desperdicio de espacio, aquí puede vivir un barrio completo. - Que envidia señor, todo este espacio para usted solito. - Pues, la verdad es agradable estar aquí, aunque a veces me siento ahogado y salgo de casa – lo dice como si viviera en una lata de atún, que presumido. - Mira Nicolás, llevaremos esas botellas al club - El hombre camina hasta unas docenas de botellas que estaban en su sala de estar y las comienza a guardar en pequeñas cajas de madera, hago lo mismo para terminar más rápido e irnos, pero antes de salir a la puerta el clima hace de las suyas, comienza a llover tan fuerte que en cuestión de segundos estábamos viviendo un diluvio. - ¡Maldición! Maldito pronostico del tiempo, no sirven para nada. - Cálmese, en cualquier momento dejará de llover jefe, esperemos. Estoy seguro que no tardará mucho. Ha pasado una hora y cuarenta y cinco minutos desde que dije eso, y no, no ha dejado de llover. El desespero se empieza a notar porque veo a Christopher caminar de un lado a otro, haciendo algunas llamadas y rascando su cabeza, creo que tenía algo pendiente por hacer por como actúa. - Carajo, ¿cuándo parará esta lluvia? - ¿No le gusta este clima? - No, no me gusta. - Debe ser broma, jefe. La lluvia es el mejor medicamento para aliviar el alma. - Pues no resulta tanto cuando tienes cosas que hacer y el clima lo arruina, en vez de aliviar el alma te da ansiedad y estrés. - El clima es un claro ejemplo de que no podemos controlar todo. - ¿Qué quieres decir? - Nada señor, más bien dígame, esas cajas de vino porque no pueden esperar, no hay afán, cuando pare la lluvia las llevaremos a su lugar de destino. - Cuando dije que tengo cosas que hacer me refería a salir con alguien. - Ah, con su… ¿novia? - ¿Novia? ¡Claro que no! una muy buena amiga, ya sabes a qué tipo de amiga me refiero – lo dice con un tono de picardía y una sonrisita de retrasado, pues claro que sé de qué amigas habla, una zorra. - No, no entiendo jefecito. - A ver Nicolás, ¿tienes novia? - No, desde hace mucho tiempo estoy sólo - Con mucho tiempo te refieres a cuantos años, meses semanas… - Para ser exacto, 23 años. Christopher empieza a reír, tal vez piensa que es una broma lo que acabo de decirle pero es verdad, no he tenido un novio como tal, mi abuelo rechazaba a todos los chicos del pueblo, si conocí a algunos muchachos e incluso por meses veía a un chico muy apuesto a escondidas de mi abue Federico. - ¿Por qué se ríe? es de verdad señor - De verdad,  ¿nunca has tenido una novia? acaso tu eres... - ¡No! como cree, soy un hombre señor, soy todo un hombre - Intento que lo antes dicho se escuche lo más varonil posible. - Entonces, ¿Qué ha pasado? - Sonará trillado, pero no he conocido a la persona indicada, pero mi vida sentimental no es importante señor, ¿tiene algo de beber señor? Estoy sediento. - Si claro, al fondo está la cocina puedes tomar lo que quieras Salgo del lugar y siento mis mejillas arder, soy tan mala para estas cosas. Si estuve solo una vez con un chico, la experiencia no fue la mejor, pero si puedo soñar aun con la persona ideal, ¿qué hay de malo con eso? agito mis manos para refrescar mi cara avergonzada, me incomoda hasta la existencia hablar de esos temas. Al llegar a la cocina, me dirijo al refri, tomo un vaso del estante y sirvo algo de agua. Aquí en este vaso de agua bendita ahogaré mis mentiras, perdón Dios por ser una farsante, empiezo a tomar de mi agua purificadora y escucho a Christopher hablar. - Nicolás, no te molesta quedarte un rato solo, me daré una ducha rápida - No se preocu… Al girar mi cabeza hasta su dirección, mi vista se encuentra con un cuerpo perfecto, era mi jefe sin camisa y un pecho desnudo al aire libre, ¿puede un hombre ser tan perfecto? ¡Pero que músculos! - ¿Pasa algo? – La perfección humana frente a mi parece confundida, me mira con rareza por mi reacción. Así que empiezo a toser, creo que me estoy ahogando literalmente en un vaso de agua. Christopher se acerca a mí e intento alejarme, pero él es más rápido que yo, me siento acorralada y por favor, te lo suplico, no te acerques más, ¡por el amor de Jesucristo! - ¿estás bien? - Mi jefe da golpes en mi espalda y mis ojos no pueden despegarse de su pecho lleno de lunares. - sí, ¡ya! Wao, es un milagro, estoy bien. Ya puede ir a bañarse, por favor. - ¿seguro que estás bien? Te ves algo pálido y agitado. - Es mi color natural señor, estoy perfecto. El hombre sale de la cocina y tomo mucho aire por la nariz para liberarlo lentamente por la boca. Mis ojos lo siguen y es el momento indicado para reparar su cola, sacudo mi cabeza y cierro los ojos fuertes tratando de reprenderme a mí misma. Sigo tomando la poca agua que queda en el vaso y toco mi pecho, siento como mi corazón estuvo a punto de salir expulsado por mi trasero.        
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