La peluquera

2650 Words
Tengo ganas de ponerme guapa. Si, me lo merezco, me merezco unos mimos, concederme un capricho. Necesito verme bien, ser coqueta, como antes. Ir a la peluquería me gusta… me gusta que me corten el pelo, que me laven la cabeza, que una persona se dedique exclusivamente a mí. Lo único malo es que aquí no conozco ninguna peluquera y me da miedo que unas manos desconocidas me toquen de esa manera… Este fin de semana me sentí bien, me sentí guapa, atractiva… y me gusta sentirme así, poderosa, hermosa, única. Esa muchacha ha conseguido despertar mi lado más presumido y necesito saber que sigo siendo seductora, que me he convertido en una mujer tentadora que está a tu lado de manera inalcanzable… bueno, ahí me he pasado un poco… tan inalcanzable no soy. Me pongo un pantalón flojo y una sudadera, decidida a llamar a la puerta de la vecina y preguntarle si conoce alguna peluquera de confianza. Nunca se que hacer mientras espero a que abran la puerta… ese lapso de tiempo en el que te da tiempo a pensar mil y una cosas totalmente inútiles. A veces son segundos, a veces son minutos, a veces tan siquiera abren la puerta… pero siempre acabamos por caer en las posibles cosas que pueden pasar cuando llamas a una puerta… “Hola.” – una vieja con cuatro pelos canosos teñidos de violeta y cara de buena persona abre la puerta. “Hola, buenas tardes. Soy la vecina de al lado.” – Madre del amor hermoso… ¿en serio le voy a preguntar a esta buena señora? – “¿Podría decirme dónde está la peluquería más cercana?” “No, no, no… yo no soy cristiana… esas sectas extrañas… lo único que queréis es quedaros con mi pequeña pensión… ¡pues os van a dar morcillas!” “No, señora, no soy de ninguna secta… soy la vecina.” “¿La hija de Paulina?” “¡No! Coño… ¡Soy la vecina!” “Ay hija mía, voy a encender el audífono que si no, no escucho nada.” – La madre que la parió… - “Dime, joven, ¿qué quieres?” “Soy la vecina de al lado, me he mudado hace poco y…” “Así que tú eres la que pegaba esos gritos el otro día… Jajaja, condenada, te lo debías estar pasando de miedo…” – Tierra trágame. – “Muy bien bonita… ¿Y que dices que quieres?” “Ir a la peluquería… solo ir a la peluquería.” “Pues si… buena falta te hace. Mira, la chica esta que vive arriba es peluquera.” “Muchas gracias señora…” “Llámame Esther mujer, que ya hay confianza. Ale maja, me voy que me estoy perdiéndome el programa este de los famosos.” Cierra la puerta en mis narices e intento aguantarme la carcajada por si todavía tiene el audífono encendido. Subo las escaleras con una sonrisa. Y llego al piso de arriba y no tengo ni idea de si aquí vive una peluquera… además, hay varias puertas y ahora tengo miedo de llamar. “¿Buscas algo?” – una muchacha morena, de pelo rizo, se acerca a mí con una bolsa en la mano. “Una peluquera… Vivo en el piso de abajo y, la señora que vive en la puerta de al lado de mi piso, me ha dicho que aquí vive una peluquera… pero no me dicho donde.” “Bueno, yo soy peluquera.” – me pongo contenta y una sonrisa se dibuja en mi cara. – “Pero estoy en el paro.” “Oh… así que no tienes peluquería…” “No, lo siento.” – me mira de arriba a bajo y pone cara de fastidio. Me fijo un poco en ella. Ha dicho que está en el paro y a mi no me apetece mucho salir. “¿Me arreglarías igualmente el pelo? Te pagaré lo que me pidas…” “Vale.” – la muchacha sonríe y abre la puerta de su casa. – “Pasa. ¿Por qué no te sientas en el sofá mientras preparo las cosas?” “No, te echo una mano… así me entretengo.” – pone una sonrisa de medio lado y me mira fijamente durante un momento. “¿Por qué no pones un poco de música? Ahí está el equipo y allí los CD’s.” “Bien.” – le devuelvo la mirada y la sonrisa y noto como se pone colorada mientras se escapa por el pasillo. Su apartamento está justo debajo del mío así que supongo que tienen una distribución similar. Al lado de esta habitación está el baño, y más allá la cocina. Y al fondo el dormitorio. No tiene muchas fotos pero si libros y discos. Y un extraño maletín sobre una silla al fondo de la sala. Miro la música mientras pienso en qué poner… en como me siento y que podría pasar si… Vamos a ver... vaya, están por orden alfabético. Que suerte. ACDC, Alaska, Amaral, Amy McDonald, Bob Marley, Buika, Café Tacuba, Carlos Núñez… ¡Esta chica tiene de todo! El Barrio, Elvis, Marlango, Maroon5, Melissa Etherigde… Bollera. La peluquera es bollera… fijo. Solo una lesbiana bollo tendría la discografía de Melissa Etherigde. Seguramente ha visto la película But I’m a cheerleader… No la voy a poner… no conozco a esta chica y la música puede decir muchas cosas cuando no sabes que decir. A ver por aquí… Recopilatorio I, Recopilatorio II, Recopilatorio Noche, Recopilatorio lento, variado… cierro los ojos y saco con cuidado el CD que mi dedo ha elegido al azar. Rock. Coloco el disco en el equipo de música y, después de unos segundos de lectura del mp3, le doy al botón de arranque. Placebo suena con fuerza y me dejo llevar un ratito por la música. “¿Te gusta el rock?” “Si…” – me sobresalto un poco y el corazón me va a cien. Está sonriendo apoyada en la pared, su mirada es intensa. – “Tienes tanta música que he elegido uno al azar y ha salido este.” “Es uno de los que más me gusta. Bueno y… ¿qué quieres que te haga?” – me estoy poniendo colorada. Lo se… mi cuerpo va por libre. “Pues, no lo se… me apetece cortármelo y hacerme un peinado diferente.” – se acerca y comienza a tocarme el pelo mientras me observa. “¿Lo quieres muy corto?” “No lo se… estoy un poco indecisa…” “Bueno, nos lo pensamos. Primero vamos a lavarte la cabeza, ¿qué te parece?” “Estupendo.” “He improvisado un lava cabezas en la cocina, espero que no te moleste.” “Claro que no, si la que te estás molestando eres tú, que accedes a cortarme el pelo así sin avisar. Gracias.” “Jajaja, me viene muy bien, así no me como la cabeza con otras cosas. Siéntate y apoya la cabeza aquí.” – me siento y echo la cabeza hacia atrás. Rodea mi cuello con sus brazos y pone una toalla sobre mis hombros. No puedo apartar mis ojos de los suyos, me gusta su brillo, su sonrisa. Me gustan las peluqueras guapas, siempre fantaseo con ellas mientras se dedican a hacer su trabajo conmigo. Y esta chica es guapa, me gusta… siento el agua tibia mojar mi pelo, adoro esa sensación. Su mano acaricia mi cabeza para que todo mi pelo se empape. Cierra el grifo y coge el bote de champú. Huele muy bien, a algo rico… aunque no se exactamente a que me recuerda. Hace espuma y cierro los ojos disfrutando del masaje capilar. Se nota que no es la primera vez que lo hace. El agua vuelve para aclarar el jabón y para mojar mi sudadera… “Lo siento mucho… me he despistado… te he puesto perdida.” “No pasa nada, un accidente lo tiene cualquiera.” “Ten otra toalla. Será mejor que te quites eso mojado. ¿Te presto una camiseta?” “No, mira, me envuelvo la toalla mientras me cortas el pelo y, para subir a casa, me vale la sudadera mojada.” – me seco un poco el cabello para no mojarme más. Le doy la toalla y me quito la sudadera quedándome solo con el sujetador puesto. Me come con la mirada mientras me da una toalla seca para taparme. Suspira profundamente y veo como se pone colorada. “Ven, vamos a la sala a trabajar, así escuchamos mejor la música. Ponte cómoda en el sofá mientras preparo las sillas.” Se ha quitado la chaqueta y luce una escotada camiseta de tirantes. En la casa hace calor a pesar del día lluvioso y tormentoso de fuera. No lleva sujetador y se ha puesto unos pantalones cortos. Tiene un bonito cuerpo, acorde con lo que estoy descubriendo hasta el momento de mi nueva peluquera. “¿Tu trabajas?” “Si, en un banco.” “Que trabajo más chungo… Además, no tienes pinta de banquera…” “Ah, ¿no?” “No… más bien pareces, artista. Tienes un aire bohemio…” “Vaya… tal vez tengo un lado oscuro.” – le sonrío y me devuelve el gesto. “Tal vez...” Coloca un plástico en el suelo y pone un sillón en medio. Acerca un pequeño taburete con ruedas y el extraño maletín. Lo abre y veo un juego completo de utensilios de peluquería. Toma unas tijeras y un peine y me hace un gesto con la mano para que me siente allí. Me siento cómoda. Me peina alisando mis cabellos y empieza a barajar diferentes posibilidades. No tengo espejo, así que no puedo ver lo que me está haciendo. Y no es que me guste mucho que me sienten delante de un espejo para que escudriñe lo que hacen en mi cabeza, pero así no puedo verla a ella si está detrás de mí. “Bueno, ¿qué te parece si te arreglo un poco el corte que tienes?” “Uy, la última vez que me lo cortaron lo llevaba casi rapado… tanto no…” “Jajaja, pues no metemos la maquinilla y listo. A ver, ¿te gusta el flequillo?” “No me gusta el pelo delante de la cara… me molesta. No valgo para pija.” “Vale, sin flequillo, sin maquinilla… bueno, voy a empezar…” – agarra un mechón de cabello, después de peinarlo un rato y corta un poco. Toma otro mechón y hace lo mismo. Me peina con cuidado calculando el tamaño. – “No llevas mucho tiempo viviendo aquí, ¿verdad?” “No, no mucho. Un par de semanas o tres. Todavía no conozco a nadie en la zona.” “Ahora ya conoces a una peluquera.” “Si, ahora si. ¿Llevas mucho tiempo en paro?” “No, un par de meses. Mi exjefa me echó cuando le dije que no admitía la paga extra en ‘especies’” “Uh, que mal rollo. Pudiste haberla denunciado.” “Si, podía, pero además de exjefa era mi exmujer… no hace falta decir más. Tampoco se debería hacer leña del árbol caído.” “No, no se debería.” – nos quedamos en silencio un rato, entre The Who y el ruido de las tijeras en mi cabeza. Sabía que era lesbiana antes de que me lo hubiese confirmado. “¿Tienes pareja?” “A veces…” “Jajajaja, esas son las mejores relaciones.” “Es que lo he pasado mal y no tengo ganas de enredarme en guerras de nuevo.” “Haz el amor, no la guerra.” “Y tanto…” – se pone delante de mi sentada en su taburete y me mira a los ojos, está sonriendo. Me peina hacia un lado, hacia el otro lado, hacia atrás… se acerca mucho a mí y me pone nerviosa. Huele muy bien y es muy dulce. Tengo su escote a escasos centímetros de mi cara y me entran unas increíbles ganas de perderme entre sus pechos. Putas fantasías de peluquería… “Tienes el pelo muy fino… debe ser muy difícil peinarlo sin gomina.” “Si… y no me gusta usar esos productos con tanta química, me estropean más el pelo. Prefiero usar un gorro o algo así, al menos no se me pone peor.” “Eso es cierto. De todos modos, te aconsejo que utilices jabones naturales, sin aditivos. En esta zona hay gente que los hace. Tengo una amiga que los hace con aceites y tiene uno de ortigas que para tu pelo iría de cine.” – La observo mientras trabaja. Se concentra en lo que hace… aunque no me pierde de vista. Hace un buen rato que he dejado de escucharla, Radiohead me ha transportado a un lugar cercano, a su hermoso escote, pero en otra dimensión… en esa dimensión ambas estamos desnudas y yo me alimento de lo primero que nos meten el la boca al nacer, sus pezones… “¡Ostras! ¡No me he depilado!” “¿Qué?” – está sonriendo animada y baja la cabeza para mirarme. Me pongo colorada como un tomate y quiero salir de allí corriendo. Mi mente y mi boca me han jugado una mala pasada. “Es que estaba pensando…” – me quedo en silencio mientras me quedo prendada de sus ojos oscuros. Deja de mirarme y, con su perenne sonrisa, sigue a lo suyo con mi cabeza. Y esta cabeza loca no deja de imaginarnos haciendo cosas más divertidas. No se que es lo que me pasa hoy, pero como me siga poniendo así voy a acabar metiendo la pata. Su mano alborota mi pelo y luego lo vuelve a peinar. Me da unos cuantos retoques y vuelve a alborotarlo. Me gira la cabeza a ambos lados para observar detenidamente el trabajo, mueve el taburete y se pone a mi espalda… un escalofrío me recorre y se me pone la piel de gallina. Y me doy cuenta de que solo tengo puesta una toalla y el sujetador. “Sabes, me ha costado mucho concentrarme en lo que hacía teniéndote así.” – está casi pegada a mí, puedo sentir su ropa rozando mi espalda. – “Tú también te has fijado en mí, lo se, lo he notado.” – Se me escapa un leve suspiro. Comienza a pasar una toalla limpia por mis hombros y mi escote intentando sacar los pelillos que me ha cortado. – “Se me ha hecho corta la sesión de peluquería…” – Besa mi nuca y apoya su frente en mi cabeza. – “¿Qué hago ahora?” Me quedé en silencio pensando qué hacer. El corazón me latía a mil por hora, pero mi cuerpo no correspondía a todas las ideas que me rondaban la cabeza. Quería darme la vuelta y cabalgarla y comer esa boca que llevaba deseando desde que la vi. Pero siento pánico a lanzarme a sus redes y acabar enredada. “No estoy depilada…” – bajo la cabeza con gesto triste, como si esa fuese una excusa lo suficientemente fuerte para hacerla cambiar de opinión. Se acerca a mi oreja y la besa suavemente. “¿Quieres jugar?” – Siento algo frío y metálico acariciar mis hombros. Me estremezco y cierro los ojos. – “Ves… en el fondo quieres jugar… pero, tranquila, no vamos a hacer nada que no quieras. Solo tienes que decirme que pare.” – Siento como agarra la tira de mi sujetador y escucho como la tijera la corta. Suspiro inevitablemente excitada. – “¿Confías en mí? ¿Puedo seguir?” Continúa en el siguiente...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD