“Si… sigue…”
Besa mi cuello y lo muerde ligeramente. Desprende la toalla que me cubre y acaricia mi silueta. Mis ojos siguen cerrados y mi cuerpo está ocupado en disfrutar de lo que mi nueva peluquera me quiere ofrecer. Estoy excitada con la situación, con la fantasía que se cumple el día que decido querer ponerme guapa.
Escucho de nuevo la tijera y la otra tira de mi sujetador se desprende. Hago el amago de moverme y siento una mano firme que me sujeta la barbilla. Me quedo inmóvil de nuevo y siento el frío contacto del acero contra la piel de mi escote. Me gira un poco la cabeza y me encuentro con sus labios. Su lengua me recibe y me estremezco tanto que pienso que me va a dar algo.
“Mmm, creo que te gusta mi juego…” – gira mi cabeza de nuevo y veo la tijera abierta tomando camino hacia la única tela que cubre mi sujetador. – “Son un poco peligrosas. No te muevas.”
Me pone cachonda su forma de hablarme, de tratarme. Si, confío en ella, se que no me va a hacer daño, y este juego con las tijeras me está calentando sobremanera. Mis pechos están desnudos y siento el metal sobre mis erectos pezones. Suspiro de nuevo y echo la cabeza hacia atrás apoyándome en su hombro. Muerde de mi cuello mientras sigue paseando el metal por mi piel.
“Tienes un cuerpo precioso. Sabía que esa sudadera y este pantalón no te hacían justicia.”
Está de pie en frente de mí, me mira descarada con una inquietante sonrisa. La excitación me paraliza y no soy capaz de decir ni de hacer nada más que dejarme. Se arrodilla ante mí y comienza a bajar mi pantalón. Le facilito la tarea y sonríe mirándome a los ojos un instante. Acaricia mis piernas desnudas mientras sostiene las tijeras entre los dientes.
Acerca de nuevo la tijera a mi piel y la pasea por mi abdomen. Observo los movimientos mientras estos generan en mí cada vez más excitación. No soy capaz de articular palabra, solo quiero dejarme hacer. Mi tanga ahora es pasto de las afiladas hojas de la sencilla herramienta. Siento como mi v****a se humedece y me siento avergonzada por no haber estado a punto para el inicio de lo que llevo deseando desde que entré.
“Levanta el trasero, que voy a poner una toalla debajo. Muy bien preciosa, así me gusta. Ahora te vas a quedar ahí quietecita mientras voy a preparar lo necesario para que te sientas cómoda de verdad.” – Se acerca cariñosamente, me acaricia la cara con mimo, me mira a los ojos y sonríe para acabar besándome tiernamente. – “No te preocupes más, solo estamos jugando.”
Se aleja dejándome con la vista clavada en sus curvas. ¿Estoy soñando? Tal vez mis fantasías más oscuras se han apoderado de mi mente y me están haciendo alucinar. Tengo que dejar la televisión, me está haciendo tener visiones. Cierro los ojos y me los froto con las manos. Siento mis brazos rozar mis pechos desnudos y, antes de querer creerlo, se que no es un sueño, que estoy desnuda, sentada en un sillón de peluquería, esperando a que la mujer que hace unos minutos me cortaba la ropa interior con unas tijeras, apareciera por esa puerta. ¡Y sin depilar!
“Espero no haber tardado mucho… ¿te has aburrido sin mí?” – me limito a sonreírle mientras deja una pequeña tina en el suelo llena de agua caliente. Abre cuidadosamente mis piernas y tira de mí hacia el final de la silla. – “¿Estás cómoda?” – Asiento con la cabeza y se acerca para besar mi pubis. Echo la cabeza hacia atrás y me dejo llevar, dejando la mente en blanco, por la experta que va a cumplir mi fantasía.
Siento una esponja con agua tibia humedeciendo mi pubis y mis piernas. Mi piel está suave y no queda rincón en mis piernas sin rozar esa dócil sensación. Ahora empiezo a sentir algo frío y resbaladizo me deja una sensación de falta, de frescura. Abro los ojos para mirar que es y la veo concentrada utilizando una cuchilla.
“No te asustes y tampoco te muevas, no te quiero cortar…” – levanta un momento la mirada para clavar sus ojos en mi. Aparta un poco el filo y se incorpora para besarme profundamente. – “Me estoy poniendo muy caliente con este jueguecito…” – me agarra del pelo y vuelve a besarme con ganas.
Se aleja de nuevo para centrarse en la tarea en la que estaba inmersa. Estoy total y literalmente empapada. Es la primera vez que me siento tan extrañamente excitada con una situación tan poco habitual. Me estoy dejando llevar sin pensar en nada más, sin oponer ningún tipo de resistencia. Ansia por lo que pasará…
Mis piernas ahora están libres de pelo y me gusta la sensación del agua templada, limpiando los restos de la depilación. Llena la esponja de jabón y, con una sonrisa pícara, friega mimosamente mi zona púbica. Sus dedos se cuelan entre mis labios y mi clítoris inflado recibe gustoso sus caricias. Mi respiración hace que me agite y me remueva en el sillón, pero detengo mis movimientos cuando veo que agarra la cuchilla para comenzar con uno de los momentos más íntimos que nunca antes había compartido.
“Me gusta verte así… dejada, tranquila, excitada… te voy a dejar preciosa mientras te disfruto.” – La cuchilla comienza a eliminar el bello que me hizo llegar a esta situación. Sus traviesos dedos se apoyan en lugares especialmente sensibles a ese tipo de roces y sonríe sin parar. – “Mmm, parece que te alegras… pero no te muevas, te puedo lastimar sin querer y no queremos eso.”
Me hace levantar un poco la pierna para acercarse a mis sensibles labios… creo que me voy a deshacer. Me avergüenzo un poco y cierro los ojos de nuevo. Pero no ver no es sinónimo de insensibilizarse... y esas manos tan cerca de la zona erógena por excelencia me está matando lentamente.
Manipula mi vulva con sus dedos y con la cuchilla repasando cada milímetro… nunca me había depilado así, me siento limpia y mucho más relajada con respecto a mi depilación, pero no estoy tranquila. Toma la esponja y la escurre para aclarar los restos que todavía hay sobre mi piel. Ahora me seca con una toalla, con mucho cuidado, admirando el trabajo realizado…
“Creo que ha quedado bastante bien… ¿qué te parece?”
No aguanto más. Sujeto su cabeza con mis manos y llevo su boca hacia mi pubis. Estoy deseando su lengua, estoy loca por un roce que acabe con el suplicio de un casi eterno calentamiento previo. Coge mis piernas y las pone sobre sus hombros mientras me devora como una fiera hambrienta. Estira un poco sus brazos y se apodera de mis pechos y mi garganta no puede retener más tiempo mis gritos de placer. Ya no soy mía, ahora soy excitación, pasión, fuego… soy un cuerpo experimentando el mayor goce existente.
Uno de mis pechos se queda huérfano y los dedos que jugaban con mi pezón, ahora buscan mi punto G. Estoy lubricada, siento como mis fluidos y su saliva se escurren por mi perineo y llegan a mi ano. Me estoy volviendo loca por lo que mi cuerpo me hace sentir, mis dedos se enredan en su pelo y le hago sentir que me voy a correr de un momento a otro.
Su boca, su lengua, su mano, toda ella apura el momento haciéndome perder totalmente el control. Siento que me corro una y otra vez, siento como todo mi cuerpo se sacude, siento ese hormigueo en las piernas… Sus dedos siguen en mi interior mientras ella se incorpora para llegar a mi boca. Me besa el cuello y la cara mientras trato de recuperar un poco de oxigeno.
“Ahora quiero verte la cara… mientras hago que te corras otra vez.” – Comienza a mover nuevamente sus dedos mientras clava sus ojos en mi rostro mientras yo me dejo llevar otra vez por el suave movimiento que me marca. Y no tardo en deshacerme de nuevo para su deleite. – “No se si tendrás suficiente dinero para pagar esto…”
La miro fijamente y la empujo. Cae sentada en el suelo y yo me monto sobre ella. Siento mi pubis hinchado y sensible tras la depilación… Siento su pantalón rozándome y veo sus dientes morder su labio inferior. Estiro la mano y tomo las tijeras que hace un buen rato estaban olvidadas… yo también se jugar… y comienzo a cortar la camiseta que no me deja ver el regalo que me espera bajo la tela. Ahora me está sonriendo y yo también sonrío. Me divierte desnudar de esta manera destructiva.
Acerco la punta de la tijera a su cuello y presiono un poco… muerdo sus labios y agarro firmemente su pecho. Quiero sentir su sumisión y la peluquera se deja someter. Mis besos y el frío acero se deslizan por su cuerpo consiguiendo que su respiración se agite más y más. Llego a la cintura de su pantalón y dejo las tijeras a un lado para bajarlo. No es plan de acabarle con el vestuario… pero sus bragas no se van a librar.
La miro a los ojos mientras tomo la cinturilla de su ropa interior. Presiono de nuevo las tijeras contra su garganta y las empiezo a deslizar hacia abajo. Esta mujer es puro fuego, lo noto en su mirada, en sus movimientos… pero siento como se paraliza cuando comienzo a cortar su ropa interior haciendo que su clítoris sienta el metal deslizándose sobre el.
“Ufff…” – ahora está desnuda, expuesta a mis ojos y mi sonrisa pícara delata mis intenciones. Toma mi mano y la lleva a su entrepierna. – “¿Notas como estoy? Hacía mucho tiempo que nadie me ponía así de cachonda.”
Acaricio su clítoris con mis dedos mientras serpenteo sobre su cuerpo para que sienta las caricias de mis erectos pezones. Ella respira profundamente y sujeta mi cabeza para besarme profundamente. Sus piernas me rodean dejando vía libre a mi mano para que la manipule a gusto. Nickelback suena y ese estallido de energía me invita a penetrarla sin miramientos para sentir como su v****a me recibe al grito de su garganta. Mueve sus caderas, cierra sus ojos, clava sus uñas en mi espalda y un profundo suspiro me dice que quiere más. Siento sus músculos apretando mis dedos mientras la penetro incansable. Su interior se deshace y me lubrica mostrándome el placer que siente. Muerdo su cuello y ella agarra mi pelo…
“No sabes las ganas que tenía… que mano…” – no quiero que se corra todavía y saco mis dedos de su interior lentamente para dar ligeras caricias a su clítoris. – “No…”
“Llévame a tu dormitorio…”
Me pongo de pie ante su desconcierto y, casi de un salto se levanta y me toma de la muñeca para guiarme por el pasillo. La puerta está cerrada y la empujo contra ella apoyando sus pechos en la fría madera. Inmovilizo sus manos con mi mano derecha y cuelo la izquierda entre sus piernas. No puedo esperar más para sentir su hinchado clítoris de nuevo. Muerdo suavemente su cara y su cuello y dejo que mis dedos la penetren otra vez, y otra, y otra más…
Dejo sus manos libres y agarro sus preciosas tetas. Muerdo su espalda y se separa un poco de la puerta apoyando sus manos en ella. Su espalda se arquea y su trasero se pega a mi sensible pubis. Cambio la mano de posición y busco su ano consiguiendo un placentero roce para las dos… está tan lubricada que no me cuesta comenzar a penetrarla lentamente…
“Ufff… que placer…” – ronronea y se estira como una gata y me invita a seguir con la fantasía que, al parecer, ambas teníamos. – “Quiero ser tuya en la cama, mirándote a los ojos…”
Lentamente abre la puerta y se aparta un poco de mi. Me toma la mano que hace unos instantes le robaba el aliento y me invita a traspasar el umbral de su intimidad. Se tumba en la cama mientras yo me deleito con sus femeninas curvas, abre sus piernas y vuelve a acariciarse el clítoris invitándome a rematar mi tarea. Me tumbo a su lado y la beso profundamente mientras acaricio todo su cuerpo.
Me gusta como se mueve mientras se da el placer que yo le estoy regateando. Aparta su boca para coger aire y dejo de hacerla esperar. Aparto su mano y la cambio por la mía. Su clítoris está tan hinchado que parece a punto de estallar. Sus movimientos marcan el ritmo que quiere seguir.
Toma mi muñeca y me invita a visitar su interior de nuevo y me agasajo con sentir sus licores empapando mi piel. Apoyo nuestras frentes y comienzo a penetrarla a un ritmo constante mientras siento como su interior se contrae apretando mis dedos. La palma de mi mano acaricia su clítoris mientras mis dedos sienten como ya no va a aguantar mucho más. Apuro mis movimientos acelerando el ritmo de sus jadeos…
“Mírame… quiero que veas como me corro…” – Se convulsiona, se retuerce, cierra los ojos y abre su garganta para dejar escapar el más profundo de los gritos de pasión. Se acurruca en mi pecho mientras beso su cabeza. – “Me he quedado muerta… me tiembla todo el cuerpo.”
“Lo estoy notando…” – la abrazo y ella respira profundamente. – “Me tienes que decir qué te debo.” – levanta la cabeza, me mira y me besa en los labios.
“Volver…”