_ ¿Qué sucedió? – dije acercándome a él y con lágrimas en los ojos. Él sonrió débilmente, su estado no le permitía ni siquiera moverse. – Santino, amor… ¿Qu-qué sucedió? – volví a repetir, esta vez mis lágrimas caían por mis mejillas, mientras me acercaba hasta donde estaba el hombre que tanto amaba y que se encontraba en tan mal estado. _ ¿Cómo estás reina mía? - comentó. Tosió un poco y salió algo de sangre de su boca, me alarmé aun más. – Tranquila amor, estaré bien. – dijo nuevamente, esta vez con su voz un poco más débil. _ Tranquilo tú, amor. – susurré. – Ahora estoy contigo y te cuidaré lo mejor que pueda. Ya tendremos tiempo para hablar de lo que pasó. – agregué acostándome a un lado de la cama y viendo detenidamente al pobre de Santino, la parte del abdomen estaba vendada, así

