Semanas después. Liana. Los días pasaban y ya las heridas de Santino eran cada vez menos notorias a mis ojos, había noches que no podía dormir pensando en que algo malo podría pasarle… después de que le extrajeron las balas pasó dos noches y dos días en fiebre, pensé que algo horrible podría pasarle, por lo general me quedo mirándolo dormir y de vez en cuando acariciarlo o descansar mi cabeza en su pecho para cerciorarme de que estuviera respirando. ¿Soy idiota? Lo sé. Santino había salido de la cama hace algunos minutos y se encontraba en la ducha, quería que entrara con él, pero la verdad, amanecí con más sueño del que normalmente tengo y eso es muy inusual, por lo general siempre me mantengo muy activa, pero hoy tenía demasiada pereza. _ ¿Cómo amaneció la mujer de mi vida? – pregun

