Salimos a desayunar, Santino, Filippo y yo fuera de la mansión, supongo que era un plan de salida para los tres, ellos dos hace algunas semanas habían comenzado a actuar raro, supuse que se habían peleado, pero más bien era una complicidad que se había formado entre ellos y eso me alegraba, porque recuerdo que lo único que querían era pelearse hasta acabar el uno con el otro. _ ¿Cómo va todo? – preguntó Filippo en un momento en qué Santino se fue a contestar una llamada. _ Todo bien, papá. – susurré sonriendo y recordando todo lo que Filippo ha hecho por mí y todas las veces que estuvo ahí para calmar mis penas y angustias… y por, sobre todo, para salvarme de los hombres que mandaba por mí mi engendrador. Filippo sonrió y tomó mi mano de una manera tierna, mis ojos se fueron a los su

