Me estaba metiendo a la bañera en lo que llegaba Santino, había ido a contestar una llamada de Rusia. Por lo que escuché las cosas estaban peor que antes, pero seguía en pie la propuesta de irnos juntos, solo que esta vez con más “protección”, que quería decir, más matones que nos acompañarían, sin contar con los que se encontraban en la mansión de Santino allá en Moscú. _ ¿En qué estábamos? – dijo él apareciéndose en la puerta del baño, desnudo. Lo miré, sonreí, y lo seguí con la mirada. _ En la planeación del viaje, primero dijiste que íbamos a Moscú, pero luego mencionaste que iríamos a otro lado. – comenté recordando nuestra conversación. – Que buena vista. – comenté nuevamente, seguía mirándolo con una sonrisa en mi boca y él también sonreía conmigo. Entró en la bañera sonriendo

