Mikhail Entré a la empresa con el rostro impasible, pero con la tensión corriendo bajo mi piel, sabía que debía concentrarme en la reunión con los nuevos clientes, sin embargo, al abrir la puerta de la sala de juntas, mi mundo se tambaleó. Ahí estaba Maxim Volkov, sentado cómodamente, con esa sonrisa gélida que solo usaba cuando estaba tramando algo. Los clientes lo saludaban con respeto, como si su presencia fuera natural, pero yo sabía que aquello era una jugada calculada. Me senté, fingiendo calma, y comenzamos a hablar de proyecciones, contratos y alianzas, hasta que Maxim, con esa voz grave que llenaba la sala, soltó la bomba. —Me complace informarles que muy pronto mi hijo se casará con Anastasia Morózova. — aseguro con orgullo. El murmullo fue inmediato, seguido de felicitacio

