Sofia Mikhail me estaba volviendo loca, sus provocaciones no solo me frustraban, sino también me excitaban, era tan claro que ni el ni yo olvidamos lo que paso hace algunas noches y sin duda eso me molestaba, porque quería repetirlo. El portazo resonó en el pasillo como un eco de mi propia rabia, no quise mirar atrás, no quería darle el poder de verme temblar, entré a mi departamento con pasos firmes, aunque por dentro las piernas apenas me sostenían. Apoyé la espalda contra la puerta y cerré los ojos, sus palabras seguían retumbando en mi cabeza, tan claras como si aún las tuviera frente a mí: «“Quiero que dejes de mentirte, Sofía, quiero que admitas que lo que pasó entre nosotros no fue un error.”» Un escalofrío me recorrió de arriba abajo, porque lo peor de todo era que tenía raz

