Maxim El silencio que siguió a la confesión de Sofía fue como una explosión silenciosa. El eco de sus palabras «“Mikhail y yo estamos casados”» seguía retumbando en mi cabeza como una sentencia. La sala de juntas, el lobby, los rostros sorprendidos, los murmullos… todo se detuvo por un instante. Solo veía a mi hijo, sosteniendo la mano de esa mujer, desafiándome con la misma mirada que Sarka me dio el día que decidió darme la espalda. Esa maldita mirada de desafío que tanto odiaba, apreté los puños completamente molesto, una mujer jamás podría desafiarme, por eso Sarka no vivió para contar como pudo desafiarme y ahora estaba seguro de que Sofia Ivanov, tampoco viviría para hacerlo. Mikhail no solo había desobedecido mis órdenes, había destruido años de control y planeación, por culp

