Capítulo 1: Inicia la subasta

3093 Words
En el estado de Boltchop, durante cada final de mes se realiza una subasta que tiene como finalidad el recaudar dinero para las familias pobres que decidan poner a la venta  a su más preciada joya. En este final de Septiembre no hay demasiadas ofertas que valgan la pena  y los magnates del Estado han visitado frecuentemente al bar Gravy's preguntando sobre los objetos que entrarán a la subasta. ―He escuchado que la hija de la familia Malieth participará esta vez ―comentó una mujer que iba de compras al mercado de la zona. ―Pobre Ary, ella lo perdió todo el día en el que decidió embarazare nuevamente de ese bastardo, si ella se hubiera quedado sólo con la niña seguramente esto no hubiera pasado ―respondió la criada que se encontraba a su lado mientras seleccionaba unos nabos del puesto donde se encontraban. ―Ojalá que quien la compre sepa valorar el tesoro que ha puesto en venta por fin. ―Pero Ary no lo hizo, fue su propia hija la que ha decidido tomar cartas en el asunto para poder sacar adelante a su familia. No es como si ella tuviera mucha opción; Ary se encuentra enferma y sus hermanos aún no tienen edad para trabajar, yo diría que toda su esperanza se encuentra en el interior del bar ―la criada soltó un suspiro y pagó por las verduras que llevaba mientras su amiga introducía un par de zanahorias en la bolsa de su delantal sin que el mercader se percatara del robo. Ary tosió nuevamente, era la segunda vez que se enfermaba y se sentía como una carga para su hija. ―Katherine, debes ir a trabajar hoy, yo me quedaré con tus hermanos ―aquella débil mujer hizo amago de todas sus fuerzas para ponerse de pie pero fue inútil. ―Tú quédate tranquila, le he pedido a una amiga que me cubra por hoy y mañana en la noche yo iré a sacar las cuentas para saldar el favor que le debo ―excusó y volvió a sumergir el trozo de tela en el agua fría que había sacado del pozo. ―Me siento un estorbo en la casa, ustedes podrían vivir mejor si dejaras de gastar en  medicamentos, deberias dejar que muriera, sabes que lo digo en serio ―ese argumento estaba acabando con la paciencia de Kate. ―Sabes que jamás haré eso además, estoy a punto de retomar los pagos del alquiler y ponerme al corriente. ―Hermana, un hombre te habla en la puerta ―dijo su hermano mientras entraba corriendo a la recamara de su madre. ―Enseguida lo atiendo. Era Gravy, por fin había llegado para hacerla firmar los documentos para poder entrar en la subasta. Necesitaban el dinero y seguramente ellos estarían bien así. Gabriel podría hacerse cargo de su madre y sus hermanos mientras ella encontraba alguna forma de hacer que, quien fuera su comprador, le enviara dinero a su familia. Katherine salió del diminuto departamento y atendió afuera al hombre ante la vista de más de tres testigos. No le importaba que hablaran a sus espaldas sobre el humillante trato que estaba haciendo, pero incluso estaba dispuesta a mendigar para poder darle de comer a su familia. Gravy la estaba esperando, ansiaba el momento en el que su nueva adquisición aceptara el trato y se presentara al día siguiente en la subasta. Una mercancía tan valiosa como la de ella podría levantar el negocio y atraer a más clientes con carteras aún más llenas. El señor Andrew había pedido que le mostrara a sus mujeres pero él se negó esperando a que Kate aceptara, seguramente al verla pensaría una segunda vez antes de decidir ir a buscar algo mejor a algún otro sitio. ―¿Te has decidido ya?, la subasta es mañana y necesito que firmes estos papeles para poder asignarte un número ―comentó el dueño del bar mientras le extendía los papeles. ―Claro, mañana estaré por allá, sólo que espero que no le comente algo de este trato a mi familia. Ellos no merecen saber lo que está pasando ―pidió con la esperanza de que aceptara, y en efecto fue así. Aquel hombre había acordado mantener el trato en secreto de toda su familia. ―Muy bien, la veré mañana a las nueve de la noche. Intenta no llegar tarde. Aquel hombre calvo y regordete se colocó un sombrero n***o de copa y subió a un carruaje para salir rápido hacia otra casa con otra mujer a quien debía hacer firmar el mismo documento. Muy bien, ahora sólo debía esperar a que pasara el día para así poder sacar por fin a su familia de la pobreza. Regresó al interior de la casa y se puso a hacer los diferentes deberes que le correspondían. Tenía que lavar la ropa de sus hermanos, la suya y la de su madre; después levantaría todas las cosas del suelo de su casa para poder barrer y trapear. También debía cocinar algo económico y que rindiera para todos, después les enseñaría a sus hermanos otra lección más para aprender a leer y escribir. Todos sus días se limitaban a una detestable rutina, pero mañana su vida cambiaría para bien o para mal, eso ya no le importaba, porque entonces la calidad de vida de su familia mejoraría y entonces ellos podrían salir adelante con sus vidas a pesar de que ella no tuviera un futuro bien definido. Cuando terminó con la ropa, Katherine cogió un libro de escritura y comenzó a leerlo, necesitaba aprender nuevas cosas para tener más que ofrecer además de sus servicios como ama de casa. ―Ya he ayudado a levantar la casa y Marlon está barriendo, tú sólo vigila a mamá, que insiste en salir a comprar vegetales para la comida. Ahora soy yo el enviado a hacer los mandados ―Gabriel le mostró el dinero y ella le dio un par de monedas más para que se comprara algún dulce por su gran esfuerzo. ―Gracias Gabriel, mañana todo mejorará, te lo prometo ―Kate posó su mano aún con restos de agua sobre la cabeza de su hermano y la batió para alborotar el cabello del joven. ―¿Qué clase de trato hiciste con aquel hombre? ―Ninguno del que valga la pena hacer mención, ahora ve por las verduras mientras pongo el agua para hervirlas ―ordenó y su hermano se retiró del techo para poder ir al mercado. Tendría que despedirse poco a poco de todos y cada uno de sus hermanos para que así no le fuera tan doloroso decirle adiós a su antiguo hogar. Pronto tendría que partir a otro lugar que podría ser mejor o mucho peor que su hogar actual. El agua estaba hirviendo y Kate agregó la verdura que su hermano había comprado, junto con una pieza de pollo que había sobrado de la comida de ayer. Sería su última comida en casa, pero aun así no haría algo especial porque la familia necesitaba del dinero en caso de que ella no fuera lo suficientemente buena en la subasta. ―¡La comida está lista! ―gritó y todos los niños corrieron a sentarse en la madera que fungía como silla en ese momento. Los platos y vasos pasaban de mano en mano sobre la mesa, mientras que Kate se retiraba a la habitación de su madre para poder alimentarla. ―Nuestra hermana me dijo que mañana cambiaría la situación para nosotros ―comentó Gabriel al ver que su hermana ya no podía escucharlos. ―No importa lo que ella prometa, también había dicho hace una semana que mamá estaría mejor y ahora veo que es una mentira. Ya no creeré en sus falsas promesas ―sentenció Cam mientras limpiaba la comisura de sus labios, la cual había sido manchada por el caldo que había salido de su boca mientras hablaba. ―No estoy diciendo que eso sucederá, pero ella hizo un trato con ese señor extraño, yo mismo vi que le dio unos documentos ¿Acaso no les parece sospechoso eso? ―Claro que no, si ella lo ha hecho debe ser porque nos traerá algo bueno, nuestra hermana es una buena persona que sólo piensa en nuestro bienestar ―comentó Marlon, el menor de todos. ―Tienes razón, no hay algo malo detrás ―musitó Gabriel no tan convencido, pero con la esperanza de que las palabras de su hermano fueran verídicas. La espera para que el día al fin llegara parecía eterna para Andrew. Sus esperanzas estaban depositadas en la noche de ese frío día de Septiembre. Se calzó unas botas de cuero, se puso su camisa más fina y arregló su pantalón de vestir para ir a dar una vuelta al hospital familiar para ver a su padre. Esa noche conseguiría una esposa para tener a su primogénito y así poder quedarse con la empresa. Eso mismo le diría a su padre a pesar de que se encontraba en estado de coma y no podía escucharlo. Salió de la mansión de su padre y le pidió al mozo que preparara su carruaje para bajar al pueblo a ver a Gravy, ya después pasaría con el médico a ver a su padre. ―Chantt, por favor lléveme a la aldea de los pobres, tengo algunos papeles que arreglar ahí ―solicitó y el chofer se giró de golpe para encararlo. ―Su padre no se hizo rico haciendo obras de caridad... ―Ni escuchando a sus sirvientes, así que obedezca si quiere conservar su empleo, porque allá afuera hay más personas que desearían hacer lo que les ordene con tal de obtener algunas monedas ―sentenció y subió al carruaje ayudado por su mayordomo de confianza. El carruaje fue tirado por dos corceles desde las calles empedradas que conducían a la mansión, hasta las vías llenas de barro que cruzaban por las casas de los pobres. Y pensar que de ahí sacaría a su futura esposa. De la nada le dio por pensar en cómo sería ella, siempre creyó que obtendría a una buena mujer con el simple hecho de hacerse notar en cualquier lugar, sin embargo eso no sucedía. Al parecer, recurrir a la compra de una buena esposa que solo sirviera para engendrar, era su última y única opción . Su amigo le había indicado que ahí podía encontrar a mujeres muy bellas que buscaban dinero. Había comentado que no admitían en la subasta a mujeres que lucieran repugnantes, o que tuvieran un bajo perfil; la mayoría de las veces eran hijas de alguna buena familia que cayó en la miseria por alguna razón, y que ahora se vendían con la finalidad de darle el dinero a su familia. Él elegiría a alguna mujer de cabellera rubia o pelirroja, con ojos de algún color llamativo y sobre todo, que careciera de algún sentimiento de cariño o amor. Andrew necesitaba a una mujer joven e incapaz de mostrar sentimientos tan ruines como lo eran el amor y el aprecio hacia alguien más. Sonrió levemente llamando la atención de su mayordomo, quien pensó que seria mejor no preguntar algo acerca de esa sonrisa que llevaba desde que subieron al carruaje. El transporte se detuvo de golpe frente al bar, lo que ocasionó el enojo de Andrew y lo desquitó con la paga del chofer. ―Ambos esperen aquí, necesito hablar a solas con el dueño ―comentó y se puso los guantes para no ensuciar sus delicadas manos. El establecimiento tenía un aire lúgubre que circulaba por todas partes, en ese momento no había nadie dentro, nadie más que el dueño del lugar. ―Señor Scanlan, tenemos a treinta mujeres listas para el día de hoy, desafortunadamente aún no llegan todas aquí y no podemos esperar de esa forma. Pero le prometo que las tendremos listas para usted ―dijo aquel tipo con una sonrisa de oreja a oreja. ―Me parece bien, solo quiero saber si me ha conseguido alguna rubia o pelirroja porque no quiero a una esposa cualquiera, necesito a alguna que sea completamente diferente a lo normal. Andrew sacó del bolsillo de su pantalón la fotografía de su madre, quien lucía en ese instante un vestido ampón largo y sostenía un abanico entre sus delicadas manos. Su roja cabellera le caía suavemente por toda la espalda y su piel pálida resaltaba a pesar de verse ya un poco demacrada. ―Este es el tipo de belleza que estoy buscando ―remarcó Andrew mientras le mostraba la fotografía al dueño del bar. ―No le prometo nada, pero probablemente encuentre a alguien como usted está buscando ―Gravy tenía en su memoria la imagen de Katherine y de Claudette, las dos personas que podrían llegarle al precio al hombre millonario. ―Está bien, no pretendo encontrar a una mujer como ella porque es imposible, pero necesito a alguien que sea extraordinaria ―le tendió la mano al comerciante y entonces se retiro del local, ahora solo debía ir a la casa del médico para poder avisarle a su padre sobre su próximo compromiso con una mujer. Katherine se encontraba preparándose para esa noche. Unas de las condiciones para entrar en la subasta era presentarse lo más limpia y arreglada posible, así que ese día se desharía de toda la mugre que se le había pegado al cuerpo durante una semana ardua de trabajo y se daría la oportunidad de hacer uso de su pequeño estuche infantil de maquillaje que había recibido como ultimo regalo de cumpleaños por parte de su padre. En ese momento sus hermanos se encontraban durmiendo en la misma habitación que su madre, o por lo menos eso era lo que ella creía; ya que realmente Gabriel estaba escuchando al lado de la habitación de su hermana. «No te preocupes Kate, iras a algún lugar mejor que este y tu familia podrá superarse, inclusive tus hermanos ingresarán a la escuela» pensaba Katherine mientras se aplicaba unas sombras naturales. Quería creer en sus palabras, realmente deseaba ir a parar a un lugar mejor o mínimo con una persona decente, alguien tan honorable como su mismísimo padece. Cogió el vestido verde limón que usó cuando tenía dieciséis años y se lo puso. Las mangas le quedaban un poco apretadas y el vestido estaba demasiado ajustado, como si llevara un corsé incluido; pero al ser lo único que tenía, debía conformarse con eso para poder asistir a la subasta. Tomó de su bolso una pluma fuente y escribió una carta para darle indicaciones a su madre. "Querida madre mía, esta noche ha llegado el momento de que me vaya de casa, pero no te preocupes por mí ya que me encontraré bien. Te ruego que aceptes el dinero que te entregarán y que con eso pagues a un médico para que cure tu enfermedad y así puedas cuidar de mis hermanos. Es un capricho mío el pedirte que vayas a dejar flores a la lápida de papá antes de que te mudes de casa. Deseo que el dinero que pueda conseguir sirva para que cubran los gastos de la casa y que sea suficiente para que puedan irse a una zona más segura. He de suponer que a estas altura de la carta ya te has de haber imaginado cómo obtuve el dinero, pero espero que seas lo suficientemente fuerte como para sacar a los niños hacia adelante y que no se detengan por mí. Sé que pronto nos volveremos a ver, lo juro. Por favor, guarda el secreto" Cerró la carta y le puso el sello de cera que usaba su padre para enviar cartas cuando aun tenían su casa. Ahora sólo debía dejar la carta sobre la mesa y se iría a la subasta a conseguir algo bueno para su familia. Tomó la hoja amarillenta y la sujetó firmemente entre sus manos, se alisó el vestido e introdujo sus pies a los zapatos más decentes que poseía. ―Hasta luego ―murmuró antes de besar la hoja. La mirada atenta de Gabriel estaba enfocada únicamente hacia su hermana. Tenía tantas ganas de saber por qué su hermana se estaba despidiendo de aquella hoja, pero debía esperar si quería enterarse lo más pronto posible. Observo a Katherine poner la hoja en la mesa y salir de la casa. ―¿A donde vas? ―susurró para verificar que no lo habían visto, entonces al ver que ella jamás miro hacia atrás, él tomó la hoja y la leyó ―¡Hermana! ―gritó antes de dejarse caer de rodillas y quedarse llorando sobre la tierra con la carta aprisionada entre sus brazos y su pecho, como si de un tesoro invaluable se tratara. Katherine caminó firmemente hacia el bar hasta que por fin llegó y pudo ser testigo del momento en el que todos los magnates llegaban. Se preparó mentalmente para su momento estelar. Le habían comentado que debía presentarse, decir lo campos en los que era buena y la cantidad de dinero que quería otorgarle a su familia. ―Al fin te encuentro niña ―susurró Gravy. El dueño del negocio cogió a Katherine por los hombros y la condujo hacia una enorme fila de mujeres que lucían sus mejores vestidos, inclusive habían mujeres que lucían unos vestidos con pedrería a la que difícilmente una persona pobre podía acceder. ―¿Todas aquí somos pobres? ―preguntó Kate sin desviar la vista de una joven rubia con un vestido rosado que parecía de boda. ―Ella cayó en la pobreza después de que se supiera que su padre robaba parte de los impuestos. Él cobraba por hacer algunos favores y el dinero lo utilizaba para llenar a su hija de lujos; será sencillo que un buen hombre se la lleve a casa ―el hombre sonrió radiantemente y la colocó al final de la interminable hilera. ―Serás la ultima en ser presentada ―palmeó el hombro de Katherine y la dejó sentada mientras le cedía el espacio a cada chica que pasaba. Comenzaron las ofertas, incluso algunas pedían mas de lo que ella estaba pensando pedir, pero si ellas lo hacían seguramente ella debía pedir aun más. ―Mi nombre es Claudette y estoy pidiendo diez mil zyitas por mí ―ofertó la chica rubia. Diez mil zyitas era un precio muy bajo, tal vez ofertaría un poco más para que así ella comenzara a hablar sobre sus habilidades. ―Yo pago once mil ―exclamó Andrew mientras se ponía de pie. ―Sé de política, arte y ciencia. Tengo estudios superiores y sé bailar muy bien, me destaco en el área de las finanzas...-comenzó a recitar Claudette mientras la oferta crecía y crecía. Justo como lo había planeado. ―¿Eres buena con las labores del hogar? ―interrogó Andrew para sorpresa de todos; pero es que él estaba buscando a una mujer que fuera buena ama de casa, ya que seria la madre de su único heredero. ―No...yo . Andrew decidió no seguir prestándole atención y volvió a tomar asiento. ―Esto es lo mejor que encontrare aquí ―masculló entre dientes y entonces Claudette fue comprada y salió la ultima chica. ―Mi nombre es Katherine Malieth y honestamente no se cuánto pedir, yo no sé cómo funciona esto ―sus palabras provocaron que Andrew soltara una discreta risilla. ―Mil zyitas es lo que ofrezco ―inició Andrew para hacerle un favor a aquella chica, entonces ella sonrió ampliamente y la realidad golpeó a Andrew como si hubiera chocado contra un muro.   
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