No fui mejor padre con Leandro durante sus primeros años de vida. Llegó al mundo en el último tramo de mi relación con su madre, cuando ya todo estaba roto. Ella se la pasó fumando durante el embarazo, apenas se cuidó, y para colmo, este era su quinto embarazo. Leandro nació en septiembre, con bajo peso y descalcificado. Era una cosita frágil, pálida, que apenas emitía un llanto. Me dio miedo verlo así, tan indefenso. Era mío, sí, pero no sabía qué hacer con él. Lo quería, pero no sabía cómo demostrarlo. Cuando me separé de su madre, lo veía apenas unos minutos por día. Él estaba muy pegado a ella, apenas me registraba. No puedo culparlo, era muy chiquito. Si lograba llevármelo una o dos horas era mucho, porque después empezaba a llorar desconsolado y eso me alteraba. Me superaba. No tení

