Capítulo 2 Te creeré si te deshaces del niñoEl hombre frente a Dorothy era alguien de quien ella había estado profundamente enamorada durante diez años. Ella lo entendía mejor que nadie, y de ningún modo era tan narcisista como para pensar que él había aparecido en el hospital porque se preocupaba por ella.
Sin embargo, Dorothy pensó en el niño en su vientre y se llenó de valor; aceleró el paso, lo tomó del brazo y le preguntó expectante:
"Credence, ¿ya lo sabes?". ¿Sabía que estaba embarazada?
"¿Quieres decir que si sé que estás embarazada del hijo de otro hombre?". La voz de Credence no tenía ninguna calidez; además, colocó su palma sobre el delgado brazo de Dorothy y lo sujetó con la fuerza de unas tenazas.
Dorothy fue tomada con la guardia baja, sentía un dolor sordo que irradiaba desde el lugar donde le agarraban el brazo. Ese dolor hizo palidecer su rostro como una sábana, y le arrancó un grito ahogado; pero el dolor físico no se podía comparar con el dolor que sentía por las brutales palabras de Credence.
Se tambaleó y luchó por mantenerse firme, con los puños apretados a ambos lados de su cuerpo. Había una mirada obstinada en su rostro cuando, con desesperación, dijo:
"Credence, hemos estado casados durante cuatro años. Incluso si no me amas y me tratas con abuso emocional, todo lo he soportado. Solo puedo culparme a mí misma por enamorarme de ti. ¿Pero cómo puedes hacer esos comentarios sobre nuestro hijo? Dime de nuevo... ¿Qué quieres decir?".
Los delgados labios de Credence se curvaron en una sonrisa burlona. Con ojos llenos de amarga frialdad, lanzó a la cara de Dorothy un informe de prueba de paternidad que tenía en sus manos, y dijo: "¡La prueba está ahí! Deja de actuar inocente. ¡Dorothy Fisher, realmente mereces morir!".
El delgado papel cortó la frente de Dorothy y le dejó una llamativa marca roja de sangre. En realidad, Credence parecía odiarla hasta la médula.
Ella ignoró la herida en su rostro y tomó el informe de la prueba de paternidad con manos temblorosas; en cuanto vio la conclusión del informe, se quedó estupefacta.
El informe mostraba que Credence no era el padre del niño. ¡Era absurdo! ¿Cómo era eso posible? Además de Credence, no había tenido relaciones sexuales con ningún otro hombre. ¿Cómo podría el niño no ser suyo? Dorothy miró asombrada la conclusión del informe.
"Empaca tus cosas. Debemos divorciarnos", anunció Credence con crueldad antes de que ella pudiera recuperarse de la conmoción.
La palabra "divorcio" atravesó por completo el corazón de Dorothy y le causó una dolorosa sensación de aplastamiento en el centro de su pecho.
"¿No me crees?", preguntó ella.
Trataba de convencerse a sí misma de que Credence solo bromeaba; sin embargo, la falta de emoción en sus ojos y la fría expresión en su rostro le recordaron, una vez más, que él hablaba en serio. Estaba desesperado por trazar una línea clara entre ellos; sin duda, se iba a divorciar de ella y no quería posponerlo más.
"Credence, le prometiste a papá. ¡Prometiste que me cuidarías por el resto de mi vida y que yo siempre sería la Sra. Scott! ¿Podemos...? ¿podemos no divorciarnos?", dijo con voz casi inaudible, ahogada por la emoción, mientras sus hombros temblaban. "Entiendo que me odies. ¿Pero también odias al niño en mi vientre? Créeme, el niño es tuyo...". Su voz llena de desesperación y desesperanza.
Credence la miró como si acabara de escuchar la broma más ridícula de la historia, dejó escapar una risa glacial y con indiferencia sostuvo: "¡Te creeré si te deshaces del niño!".
"¡De ninguna manera! Debo quedarme con el niño. Además, no quiero divorciarme. ¡Este informe está equivocado! Credence, este niño... este niño es realmente tuyo. Por favor, confía en mí".
En ese momento, no había calidez en el apuesto rostro de Credence. Encendió un cigarrillo entre los dedos y, rodeado por el humo, la miró impasible con un rostro burlesco.