Capítulo 3 Es hora de que cedas el paso"Credence, eres mi único hombre en mis últimos veintisiete años. También eres el único hombre con el que me he acostado. ¿Podemos... hacer otra prueba de paternidad?". Dorothy hizo unas cuantas respiraciones profundas y de a poco se calmó. "Si resulta que realmente no eres el padre del niño, ¡estoy dispuesta a divorciarme!"
El tono decisivo de Dorothy tomó a Credence con la guardia baja. Incluso le dio un vuelco el corazón y apretó los labios; pero justo cuando estaba a punto de hablar, se escuchó una voz dulce y suave detrás de él.
"Credence, ¿estás aquí para verme? Acabo de ver al médico. Dijo que necesito cuidar bien mi salud durante unos meses. Después de que te divorcies de Dorothy, pronto tendremos nuestro propio bebé".
Cuando Dorothy escuchó esto, su tristeza y su ira fueron reemplazadas por conmoción. Su mirada se posó en la hermosa mujer que caminaba lento hacia Credence. ¡La mujer era Rosalie Fisher! Dorothy pudo reconocerla de un vistazo.
Veintiséis años atrás, el padre de Dorothy, Caleb Fisher, y su madre, Linda Arnold, habían adoptado a Dorothy de un orfanato, pues consideraban no tener otra opción después de mucho tiempo de casados sin poder concebir. Cuando Dorothy tenía cuatro años, Linda quedó embarazada de milagro y dio a luz a una hija, Rosalie...
Desde el nacimiento de Rosalie, Caleb y Linda prestaron menos atención a Dorothy. Lo que es peor, el día de la boda de Dorothy y Credence, Rosalie fue la que estuvo parada junto a Credence todo el día, con una dulce sonrisa en su rostro.
Rosalie lucía un vestido precioso. Además, su maquillaje se veía delicado. Un dulce aroma le hizo cosquillas en la nariz a Dorothy cuando se acercó. De cara a Rosalie, el tenso rostro de Credence se suavizó un poco; pero cuando se volvió para mirar a Dorothy, su expresión volvió a ser indiferente.
"Sabes muy bien que nunca has sido la mujer que amo. ¡Así que es hora de que cedas el paso a los demás!". El tono de Credence era como una bala disparada a través del pecho de Dorothy y le hacía sangrar el corazón.
A pesar de tener plena consciencia de que él la odiaba hasta la médula, todavía se aferraba a la esperanza de que las cosas fueran diferentes una vez que tuvieran un hijo.
Dorothy se mordió los pálidos labios y trató de contener las lágrimas, mientras observaba impotente como Rosalie se acercaba a Credence y le tomaba el brazo de modo íntimo: que Credence fuera su marido legítimo, no les impedía actuar con audacia.
Dorothy sintió como si su corazón se hubiera hundido en un pozo sin fondo. Se quedó con la vista fija en su hermana, que solo lo era de nombre.
El primer pensamiento que le vino a la mente fue que Credence la abandonaría una vez que Rosalie estuviera lista para concebir a su hijo. Ese pensamiento drenó todo el color de su rostro. La desesperación que sentía no podía describirse con palabras.
Rosalie ni siquiera se molestó en ocultar la burla en su rostro. Cuando Dorothy vio esto, ya no pudo contener más su ira. Corrió hacia Rosalie y le gritó: "¡Has cruzado la línea, Rosalie! ¿Eres tan desvergonzada como para enredarte con tu cuñado? Incluso si no te preocupas por mí, ¿no has considerado la reputación de las familias Fisher y Scott?".
Dorothy señalaba a Rosalie con furia y parecía haber hecho su mejor esfuerzo. "Credence, ¿crees que la mujer en tus brazos es un conejito inocente que necesita tu protección? ¡No seas tonto! ¿Sabes por qué tu padre cayó de repente del balcón de un tercer piso y entró en estado vegetativo? Deberías preguntarle a Rosalie, ella lo sabe bien".