CAPÍTULO 4

1166 Words
Desde el punto de vista de Lucy Esa misma tarde. Cuando llegue a la casa, me llamo la atención de que alguien estaba trabajando por la puerta de la casa. Literalmente se estaba poniendo una puerta nueva. Cuando le iba a preguntar a la persona por qué estaba haciendo eso. El grito de mi hermana me erizo la piel. Corrí adentro, casi tropezando con mis propios pies. Encontré a Amelia en el suelo, llorando y gritando. Desesperada. Me acerqué a ella. La envolví con mis brazos, y trate de levantarla mientras la consolaba. Mire a mi padre, estaba sentado, con las manos en el rostro, susurrando cosas que no podía entender. —Papá se ha vuelto loco Lucy… —me dijo Amelia, ella me abrazo con más fuerza, temblando por lo asustada que estaba. —¿Qué mierda está pasando aquí? —pregunté, mirando directamente a mi supuesto padre. Por cómo estaba mi hermanita, empecé a sospechar que no me iba a gustar lo que estaba a punto de escuchar. —Luciana. —dijo mi padre. —No te metas en esto. —Dijo mientras se levantaba del sofá. —Nuestro padre me ha vendido al lobo. —dijo Amelia. —¿Qué? —grite mirando nuevamente a mi padre. —Era ella o yo Luciana, no tuve otra opción. Escucharlo decir eso… Ni siquiera podía describir lo que sentía. Me aleje un poco de mi hermana. Apretando los puños y dije: —Pues hubieras sido tú… Apenas terminé de decir esas palabras, sentí la palma de mi padre, me había dado una cachetada. —No me faltes al respeto… Eres mi hija, y se hará lo que yo diga. En una semana vendrán por tu hermana, y fin de la discusión. Yo seguía en shock por la cachetada… —Sobre mi cadáver —Dije en un susurro. Nunca se llevarían a mi hermana, no si yo lo podía impedir. —Hermana. —dijo Amelia, me sujeto de las manos. Aun temblando de miedo. —No quiero morir… La abrace nuevamente, más fuerte esta vez quería transmitirle la fuerza que en este momento ni yo tenía. —————————— Habían pasado varios días. Y a mí aún no se me había ocurrido que hacer para poder ayudarle a mí hermana. Se me había ocurrido sacar un préstamo, pero lo descarte casi al instante de que se me ocurrió. Yo sabía que una deuda con el Lobo no se saldaba con dinero, eso lo tenía más que claro. Hasta le había propuesto a mi padre, que me mandará a mí a cambio de mi hermana. Pero su respuesta fue tajante. —Si te llevan a ti, ¿quién se hará cargo del restaurant de tu madre? El maldito de mi padre era un bueno para nada, porque si era por su administración, este restaurant ya no sería siquiera algo de la familia. Amaba la herencia de mi madre, el restaurant y mi hermana eran lo único que tenia de mi madre. Pero mi hermana valía más que el restaurant. —Y acaso crees que el restaurant vale más que mi hermana. —le había dicho a mi padre. —A parte tu hermana es joven, al lobo le gusta más las vírgenes que viejas usadas como tú. —había dicho mi padre. En verdad no le importábamos a mi padre, porque si así fuera, el recordaría que nunca tuve novio, que yo también seguía virgen. Amelia casi ya no salía de casa, se encerraba en su cuarto. No queriendo salir porque tenía miedo de que si salía la pudieran llevar antes de tiempo. Mientras yo seguía yendo todos los días al restaurant. Entregando un pedido en caja, me acorde de Dante, era la mano derecha de Cassian, y en mi desesperó creí que me podría ayudar. Le pedí al cocinero que prepara lo que siempre pedía Dante. Con el pedido listo, me fui directamente al club nocturno. —————————— Desde el punto de vista de Cassian Estábamos en mi oficina cuando uno de mis hombre toco la puerta. Después de dar la orden, ingreso y saludó —Alfa… —pauso, y se dirigió a Dante. — Beta su pedido de Sapori d'Italia está en recepción. Vi como Dante fruncía el ceño. —Qué raro, yo no he hecho ningún pedido. Entonces hable yo y pregunté. —¿Es una repartidora? Mi Gamma asintió. Entonces se me ocurrió algo. —Dile que suba. —le ordené a mi gamma. Después que se fue, me dirigí directamente a Dante. —Puedes retirarte… yo me encargo de esto. —Si Alfa… —respondió poniéndose de pie, y retirándose también de mi oficina. Unos minutos después que se fue, escuche unos golpes en la puerta, el aroma de la gatita fue lo primero que me llegó, mezclado con ajo y otras especias, seguro eran ingredientes de la comida que traía. Y aunque me costaba aceptarlo, se podría decir por el olor que era delicioso. Pero me gustaba más el aroma de ella que de la comida. Mi lobo Ragnar. Empezó a inquietarse, no sé qué demonios le pasaba. — “Puedes quedarte quieto, me estás dando dolor de cabeza” —le reclamé. —“Hay algo raro en su olor” —me respondió. Entonces volví a escuchar los golpes en la puerta, más fuertes esta vez. —Adelante… —dije. Me recosté mejor, mientras ella ingresaba y cerraba la puerta tras ella. —¿Qué raro que esta vez esperaste a que dijera Adelante? —dije de forma burlona. —No sabía si esta vez estabas disponible… —dijo ella, mientras con la mano libre se ponía un mechón de cabello tras la oreja. —Te traje esto… —volvió a hablar. —Que yo recuerde, no he hecho ningún pedido esta noche. —dije. —Lo sé… —respondió dudosa, mientras seguí extendiendo el recipiente de comida hacia mí. Me levante de mi silla, y me fui junto a ella, cuando tome el recipiente sin querer roce sus dedos, un escalofrió me recorrió. ¿Qué mierda me pasa?, parezco un puto adolecente —pensé —¿Son veinticinco nuevamente? —pregunte. Ella negó. Yo puse el recipiente sobre mi escritorio y me volví a sentar en mi silla. —Esta vez yo invito. —respondió ella. Estaba nerviosa, se le notaba. —Está bien, si eso es todo, puedes retirarte. Ella me miro, sorprendida de mi forma de actuar. —“Esta humana seguro espera que se lo agradezcas Cassian” —dijo mi lobo. —Pues que espere sentada, no le pienso agradecer por algo que ni siquiera pedí. —respondí. Y como si fuera que escuchara mis pensamientos, tomó asiento. —Necesito pedirte un favor Dante. —dijo la pequeña gatita. Oh, la que no quería deberle nada al Lobo, una vez más se estaba metiendo a la guarida equivocada.
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