Desde el punto de vista de Lucy
Cuando me desperté, estaba en una habitación que no era la mía.
—Al fin despiertas princesa. —dijo una voz profunda.
Mire directamente donde pensé que debería de estar la persona.
Pero solo había un espejo. Devolviéndome mi propio reflejo.
—Casi… pero no estoy ahí. —volvió a hablar la voz.
—¿Dónde estoy? —pregunté a la nada.
—Estas en mis dominios princesa.
—Soy Amelia. —respondí… no podía cometer el error de que supieran quien soy. —No soy tu princesa.
—Qué curioso, Creía que Amelia apenas tenía 18 años. Tú… déjame dudar de eso.
—No sé si sentirme alagada u ofendida. —dije.
—No me importa cómo te sientes. Lo único que importa es que pudimos comprobar que eres virgen.
Instintivamente trate de cubrirme el cuerpo. Aunque no entendía por qué, ni como lo comprobaron, estaba vestida.
—No necesitamos verte desnuda para saberlo.
—Ahora levántate de la cama, la subasta está por comenzar. En la silla hay una caja. Ponte lo que está ahí dentro.
Me levante de la cama, y fui directo hasta la silla, apenas vi la caja me quede son aliento.
La caja estaba abierto, y dentro había un conjunto de lencería negr*
¿Por qué diablos me voy a vestir como una gatita?
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Cuando estuve completamente vestida, si se puede decir eso.
Por suerte había un baño donde me pude vestir, porque no sabía dónde estaba el hombre que me hablaba.
Lo único que me tranquilizaba era que mi hermana estaría bien. Que no era ella quien estaba pasando por todo esto, aunque hasta ahora no la estaba pasando mal.
Cuando me sacaron de la habitación pude ver a varias mujeres, de todas las edades en una fila, todas vestidas con poca ropa al igual que yo.
Me pusieron entre las primeras. Por qué no lo sé, fue la última en llegar.
La diferencia conmigo era que o era la única tranquila.
Varias veces las chicas intentaron escapar, otras estaban gritando. Una a una vi que eran drogadas para mantenerlas quietas.
Yo era la única que en ningún momento causo problemas.
Ninguno de los hombres hablaba, por lo que no sabía si aquel dueño de la voz estaba entre estos hombres.
La que estaba delante de mí, se puso a temblar sin motivo alguno. Trate de tocarla, se parecía tanto a Amelia. Era pequeña, creo que ni alcanzaba a los quince años.
Una voz al otro lado se escuchó, era el presentador.
—Sean todos bienvenidos a esta subasta anual. Preparen sus billetes… —hizo una pausa. —esta noche tenemos vírgenes por doquier.
Se me revolvió el estómago. Odie con todas mis fuerza a mi padre y a Cassian, el maldito lobo que traficaba con mujeres.
No sabía cómo alguien como Dante podría trabajar con una persona como Cassian.
Dante a pesar de todo, siempre me trato bien, hasta me dio la oportunidad de conversar con Cassian, aunque se notaba que eso le causo muchos problemas.
Jamás le podre agradecer.
—Pero Dante, si puedes ayudarme y ser el que me compra. Te deberé la vida por siempre.
Pensé, aunque sabía que eso era un imposible.
Cuando llego mi turno. Estaba temblando de miedo, después de escuchar a las tres mujeres gritar, cada vez que alguien las compraba. Y ya no regresaban hasta aquí.
Era una tortura.
Cuando subí todo hasta la plataforma, vi la cantidad de gente que había, todos con caras de hambre.
Solo estaba segura de que agradecía que Amelia no estuviera aquí. Agradecía que fuera yo quien iba a ser vendida y no ella.
La puja empezó, mi mirada recorría por cada uno que decía un monto, me daba arcadas. Uno de ellos hasta ya tenía a una de las chicas, ella estaba arrodillada, como un maldito perro, tenía una correa por el cuello. Pero todo el salón quedó en silencio cuando una voz dio el monto más alto, cinco millones, reconocí la voz, era Cassian. Porque diablos él estaba pujando por mí. A lado de él estaba Dante.
Pero el hombre con la chica, se levantó mostrando otra correa en la mano. Pujando un quinientos millones más que Cassian.
—Esta correa es tuya Gatita… —dijo el hombre.
El presentador empezó a contar.
Miré a Dante, suplicándole con la mirada que no dejara que me compraran. No quería que otro hombre me llamara así.
Y para mi sorpresa, Dante agarro la paleta de Cassian, su jefe. Y dijo el monto más alto de todos.
El presentador se quedó mudo. El hombre con la correa se desplomó en su silla. Y empezó a forcejear con la chica arrodillada.
Pero para mí tranquilidad. El presentador terminó diciendo
—VENDIDA al Don Cassian.
Sentí como mis ojos se abrían. No tiene que haber un error. Es el Dante… él me dijo que era Dante.
¡Maldita sea! Él tiene que ser Dante y no Cassian.
Un fuerte dolor de cabeza me hizo caer de rodillas. Trate de apretar mi cabeza, el dolor era demasiado para poder soportarlo.
Unos brazos fuertes me levantaron.
Un Dante enojado me devolvía la mirada. Me niego a creer que es Cassian.
—Estas en demasiados problemas Gatita. —dijo cerca de mi oídos.
—Ve por su hermana. —escuche que le decía a alguien tras el.
—No ella es inocente. Por favor, le hagan daño. —logre decir antes de que todo se vuelva n***o una vez más
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Nota de la Autora: ¡Bienvenidos!, si te está gustando añádelo a tu biblioteca.
Las actualizaciones serán diarias.
Bienvenida a este mundo de hombres lobos y mafia…
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